El calor sofocante del interior del auto no se comparaba con la tensión que congelaba el ambiente. Charlotte mantenía los ojos fijos en la pantalla de su teléfono, releyendo el mismo mensaje de texto por quinta vez, mientras el peso de la mano de Faye sobre su muslo intentaba, sin éxito, devolverle la calma. A través del parabrisas, las luces de neón de Bangkok empezaban a encenderse, pero para Charlotte, el mundo se había reducido a la imponente fachada de la mansión de sus padres que se alzaba a pocos metros.
-No tienes que subir sola -la voz de Faye, un tono alfa que usualmente transmitía seguridad, esta vez arrastraba una nota de frustración contenida-. Soy tu pareja, Charlotte. Llevamos un año juntos. Ya es hora de que les deje claro que no me voy a ir a ninguna parte.
Charlotte suspiró, bloqueando la pantalla. El aroma a madera y especias de Faye, que siempre la había confortado, ahora se sentía extrañamente denso, casi asfixiante por la ansiedad del momento.
-No entenderían, Faye. Para mi papá, si no eres el heredero de un imperio o el hijo de uno de sus socios de golf, simplemente no existes -Charlotte giró el rostro, mirándola con una mezcla de tristeza y súplica-. Si entras ahí ahora, mi papá llamará a seguridad y mi mamá fingirá un ataque de migraña. Déjame hablar con ellos primero. Por favor.
Faye apretó el volante con fuerza, sus nudillos volviéndose blancos. Como alfa, su instinto le exigía marcar territorio, reclamar su lugar al lado de su omega y protegerla de cualquiera que la hiciera sentir menos, incluso si eran sus propios suegros. Pero la mirada suplicante de los ojos castaños de Charlotte terminó por doblegar su orgullo.
-Una hora, Char -cedió Faye, inclinándose para dejar un beso posesivo en la comisura de sus labios, liberando un poco de sus feromonas para intentar marcarla antes de que bajara-. Si no sales en una hora, voy a entrar por esa puerta, les guste o no.
Charlotte asintió con una sonrisa débil, guardó su bolso y bajó del auto. Cada paso hacia la entrada de la casa de su infancia se sintió como caminar hacia un tribunal. Al cruzar el umbral, el silencio sepulcral del recibidor le confirmó que la tormenta ya la estaba esperando.
En la sala principal, sentados con una postura impecable que denotaba poder y tradición, estaban sus padres. El aroma a té costoso y a las feromonas dominantes de su padre, un alfa de la vieja guardia, inundaba la habitación.
-Llegas tarde, Charlotte -dijo su padre, sin levantar la vista de unos documentos financieros-. Y asumo que el motivo de tu retraso está estacionado afuera de mi propiedad.
-Su nombre es Faye, papá -respondió Charlotte, manteniendo la voz lo más firme posible mientras se sentaba en el sofá individual opuesto-. Y sí, me trajo ella. Llevamos un año juntas, y creo que ya es momento de que dejen de actuar como si fuera un capricho pasajero.
Su madre dejó la taza de porcelana sobre la mesa con un tintineo agudo que resonó en las paredes.
-Es un capricho, hija -intervino su madre, con una voz suave pero cargada de veneno-. Una alfa sin apellido, sin conexiones, que trabaja de forma independiente... ¿Qué clase de futuro te ofrece? Eres una omega de una de las familias más respetadas de Bangkok. Tu deber no es buscar un romance de universidad, es asegurar el estatus de este apellido.
-¡Yo no soy una moneda de cambio para sus negocios! -el tono de Charlotte se elevó, desafiando la autoridad de la sala-. Amo a Faye. Ella me cuida, me respeta y...
-¡Suficiente! -el golpe del puño de su padre contra la mesa de centro hizo vibrar los cristales. Sus feromonas alfa se volvieron pesadas, agresivas, haciendo que el instinto omega de Charlotte la obligara a encogerse sutilmente en su sitio-. No voy a tolerar que sigas rebajando el nombre de esta familia con alguien que no está a nuestro nivel. Ese noviazgo se termina hoy, Charlotte.
-No puedes obligarme a terminar con ella -las lágrimas de frustración empezaron a nublar la vista de Charlotte.
-No tengo que obligarte. Simplemente te estoy informando lo que va a pasar -la voz de su padre volvió a una calma fría y calculadora que a Charlotte le dio escalofríos-. Mañana por la noche tenemos una cena con el presidente de la corporación hotelera Waraha. Su hija mayor, Engfa, ha regresado de Inglaterra para asumir la posición de CEO principal.
Charlotte palideció. El nombre de Engfa Waraha no le era ajeno; habían compartido algunas fiestas de la alta sociedad cuando eran adolescentes, antes de que Engfa se fuera al extranjero. Recordaba vagamente a una alfa de mirada intensa, siempre impecable, la definición perfecta de la perfección aristocrática.
-¿Engfa? -susurró Charlotte, sintiendo un nudo en el estómago-. ¿Qué tiene que ver ella con esto?
-Tiene todo que ver -sentenció su padre, acomodándose el saco con autosuficiencia-. Su padre y yo hemos llegado a un acuerdo. Engfa es una alfa pura, con un futuro brillante y el control de la cadena de hoteles más grande del país. Ella es la alfa que hemos elegido para ti. Te vas a casar con ella, Charlotte, y vas a dejar esa ridícula fantasía con esa tal Faye en el pasado.
-¡No lo voy a hacer! ¡No me pueden vender así! -Charlotte se levantó del sofá, con el cuerpo temblando de rabia y miedo-. ¡Amo a Faye! ¡Escucharon? ¡Amo a Faye!
-Llora todo lo que quieras, Charlotte -dijo su madre, mirándola con una fría compasión-. Pero mañana a las ocho te quiero lista, con tu mejor vestido y tu aroma bloqueado hasta que conozcas a Engfa. La decisión ya está tomada. Puedes retirarte a tu habitación.
Sin decir una palabra más, rota por la impotencia, Charlotte dio la vuelta y corrió hacia las escaleras. Se encerró en su antiguo cuarto, colapsando contra la puerta mientras las lágrimas finalmente caían sin control. El instinto en su pecho gritaba por Faye, por escapar de esa jaula de oro, sin tener la menor idea de que el destino ya había comenzado a tejer una red de la que ninguna de las tres -ni ella, ni Faye, ni la imponente Engfa Waraha- lograría salir ilesa. El sonido vibrante del teléfono sobre la colcha de seda hizo que Charlotte se sobresaltara, limpiándose las lágrimas de la cara con el dorso de la mano. Al ver el nombre de Faye en la pantalla, el pecho se le apretó tanto que casi no pudo respirar. Contestó de inmediato, pegando el celular a su oído mientras se encogía de rodillas sobre la cama.
-¿Char? ¿Estás bien? -la voz de Faye entró con fuerza, cargada de una urgencia alfa que rozaba la desesperación-. Llevas cuarenta minutos ahí dentro. Mi instinto me está matando, Charlotte. Siento tu angustia desde aquí afuera. Dime qué pasa o voy a estrellar mi auto contra la maldita entrada de tus padres.
-No, Faye, por favor, no vengas -suplicó Charlotte en un susurro ahogado, intentando regular su respiración para no sonar tan rota-. Sigue en el auto. Vete a tu departamento, te lo ruego.
Hubo un silencio pesado del otro lado de la línea, interrumpido solo por el crujido del cuero del volante cuando Faye lo apretó con rabia.
-¿Que me vaya? ¿Me estás pidiendo que te deje ahí después de que me dijiste que ibas a una ejecución? Charlotte, huelo tu miedo. Tu lazo conmigo está vibrando de una forma horrible. ¿Qué te hicieron? ¿Qué te dijo tu papá?
-Quieren... quieren que conozca a alguien más, Faye -soltó Charlotte, cerrando los ojos con fuerza mientras las lágrimas volvían a brotar-. Hay una cena mañana. Con los Waraha. Su hija regresó de Inglaterra y... mi papá ya arregló un compromiso. Dice que es la alfa que me corresponde.
Un gruñido sordo y puramente animal resonó a través del altavoz. Las feromonas de frustración de Faye eran tan potentes en ese momento que Charlotte casi podía jurar que el aroma a madera quemada cruzaba la línea telefónica.
-¿Un compromiso arreglado? ¿En qué siglo viven esos malditos infelices? -Faye levantó la voz, la furia distorsionando su tono-. ¡Tú eres mía, Charlotte! Llevamos un año juntas. Hemos pasado celos juntas, te he marcado con mi aroma cada bendito día. No eres un trozo de carne que puedan venderle al mejor postor.
-¡Yo lo sé! ¡Se los dije! -gritó Charlotte en un susurro desesperado, tapándose la boca para que el eco no saliera de su habitación-. Les grité que te amo, Faye. Les dije que no me voy a casar con nadie más. Pero mi papá... él no entiende razones. Amenazó con quitarme todo, con usar su poder para hacernos la vida imposible. Tengo miedo de lo que pueda hacerte a ti o a tu trabajo si lo desafiamos de frente.
La línea se quedó en un silencio sepulcral durante varios segundos. Cuando Faye volvió a hablar, su voz ya no era colérica, sino extrañamente fría y posesiva.
-Que lo intente. No le tengo miedo a los billonarios de Bangkok, Char. Mañana no vas a ir a esa cena. Pasa la noche ahí si tienes que hacerlo para no levantar sospechas, pero mañana temprano paso por ti y nos largamos de esta ciudad si es necesario.
-No es tan fácil, Faye... -Charlotte miró hacia la puerta de su habitación, sintiendo las paredes de la mansión como los barrotes de una celda-. Mañana van a vigilar cada uno de mis movimientos. Mi mamá contrató estilistas, personal de seguridad... me quieren perfectamente presentada.
-Entonces, ¿qué vas a hacer? -la pregunta de Faye sonó como un ultimátum, con una nota de decepción que hirió a Charlotte en lo más profundo-. ¿Vas a dejar que te vistan como una muñeca y te entreguen a esa alfa solo porque tu papá dio una orden? ¿Tanto vale nuestro año juntas?
-¡No digas eso! Sabes que te amo -el llanto de Charlotte se volvió más espeso, sintiéndose atrapada entre la espada y la pared-. Iré a la cena, Faye. Solo a la cena. Veré cómo es la situación, intentaré hablar con esa tal Engfa a solas y le diré la verdad; le diré que tengo pareja, que soy feliz y que no pienso cumplir con ese acuerdo. Si ella tiene algo de decencia, rechazará el matrimonio por su cuenta. Los Waraha tienen demasiado orgullo para rogar por un omega que no los quiere.
Faye soltó una risa amarga a través del teléfono.
-Estás confiando demasiado en la decencia de la aristocracia, Charlotte. Las alfas de familias corporativas como los Waraha no tienen decencia, solo tienen ambición. Pero bien... ve a tu maldita cena. Pero escucha esto, Char: si esa mujer te pone una sola mano encima, o si intentas hacerme a un lado por salvar el apellido de tu padre, no responderé de mí.
-Confía en mí, por favor... -susurró Charlotte, pero la llamada ya se había cortado.
Al bajar el teléfono, la habitación se sintió más fría y vacía que nunca. El aroma de Faye se desvanecía de su piel, dejándola expuesta y vulnerable. Charlotte se abrazó a las almohadas, sintiendo cómo el pánico hacia la noche siguiente comenzaba a consumir la poca fuerza que le quedaba. No tenía idea de quién era realmente Engfa Waraha ahora, ni de que esa cena cambiaría el rumbo de su vida para siempre.
________________________________
La historia más esperada por casi todos!!
The obsession
Delen apoyo a la historia chiquis y comenten que tal les pareció el primer capítulo.
Los días de actualización serán de lunes a viernes juntos a -the eclipse-
La historia se va a dividir en Arcos, los primeros 20 capítulos serán sobre la historia de amor de Enfga y Charlotte, luego sobre el Romance de Lilly y Sonya, luego la obsesión de Lilly.
Y nada espero les gustee
YOU ARE READING
the obsession
Fanfiction(Omegaverse) la obsesión se puede confundir con amor, pero que pasa cuando estás tan cegada por el amor que no ves esas red flags, ves a tus madres tener un romance más lindo, crees que el tuyo será igual pero no todo es color de rosas cuando tú ama...
