Capítulo 1: El Muchacho que Aprendió a Trabajar

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Antes de ser conocido como Efraín Molina Molina, en las calles polvorientas de Chorrera todos lo llamaban Cecilio. Ese nombre se convirtió en parte de su identidad y en la forma en que amigos, vecinos y conocidos lo recordarían durante muchos años.

Desde muy joven demostró un carácter diferente. Mientras otros muchachos de su edad dedicaban sus días principalmente a los juegos y las diversiones propias de la juventud, Cecilio comprendió temprano el valor del trabajo. La necesidad, la responsabilidad y quizás también el deseo de salir adelante moldearon su espíritu.

A los catorce años comenzó a trabajar en la Sierra Nevada, Magdalena. Era una edad en la que muchos apenas empezaban a descubrir la vida, pero para él significó el inicio de una etapa de sacrificio y aprendizaje. Cada jornada le enseñaba algo nuevo: la disciplina, la constancia y la importancia de cumplir con la palabra dada.

Quienes lo conocieron en aquellos años recuerdan a un joven trabajador, respetuoso y dispuesto a enfrentar cualquier tarea. No buscaba caminos fáciles. Entendía que las metas importantes se alcanzan con esfuerzo y dedicación.

Aquellos primeros años de trabajo no solo le permitieron ganarse el sustento; también forjaron el carácter que lo acompañaría durante toda su vida. Fue en esa etapa donde comenzó a construirse el hombre que más tarde sería conocido por su familia como un ejemplo de responsabilidad, fortaleza y amor por los suyos.

La historia de Cecilio no comenzó con riquezas ni privilegios. Comenzó con algo mucho más valioso: la disposición de trabajar duro cuando la vida apenas empezaba.

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