Antes de comenzar a leer pon esta canción;)
Merry-go-round of life de Joe Hisaishi
(lo sé un poco largo el nombre pero vale la pena)
(^_-)
UNO
Me pasé toda mi vida creyendo que jamás perdería a mamá.
Alguna vez me pregunté qué sería de mí si mamá no estuviera, pero la verdad es que nunca imaginé realmente una respuesta.
Yo creía que ella nunca se iría.
Cuando tenía diez años, incluso lloraba cuando salía y no me llevaba con ella.
Sí, creo que era muy apegada a mi mamá.
He escuchado a chicas decir que no tienen ningún tipo de relación con sus madres y siempre me ha sorprendido demasiado.
Me pregunto: ¿por qué?
Yo siempre amé a la mía.
Nunca pude imaginar que una madre pudiera hacerle daño a su hija, o que una hija pudiera vivir sin su madre.
Ahora entiendo que existen historias diferentes.
Esta es la mía.
21 de octubre de 2020.
Tenía quince años.
Eran exactamente las nueve de la noche. Estaba sentada en la puerta de mi casita, mirando la luna y tratando de entender todo lo que estaba pasando a mi alrededor.
Pero había algo dentro de mí que no quería aceptar que aquello estaba sucediendo.
Escuché a papá decir que solo teníamos que esperar.
¿Esperar qué?
Todavía no podía asimilar que mamá estuviera en aquella habitación sin signos vitales.
Horas antes había hablado con ella.
La había escuchado.
La había cuidado.
Y ahora todos estaban en silencio, con el rostro triste, esperando.
Yo solo podía pensar:
¿Qué sigue ahora?
¿Qué voy a hacer sin mi mamá?
¿Me voy a quedar sola?
Las lágrimas comenzaron a caer mientras miraba a todos a mi alrededor. Nadie sabía qué decir. O quizá nadie encontraba una palabra que pudiera arreglar algo así.
Y no había ninguna.
4:00 pm.
Horas antes.
-Mamá, ¿estás cansada?
-Sí, tengo sueño.
-Te toca tu última pastilla del día.
-Está bien.
Yo molía sus medicamentos y se los pasaba por la sonda.
-Mamá, después de tomar tu pastilla puedes descansar.
-Está bien, pris
Cerró los ojos.
Y yo no sabía que esa sería la última conversación que tendría con ella.
Tenía quince años.
Quince.
Y estaba encargándome de darle sus medicamentos.
A veces todavía me pregunto si lo estaba haciendo bien.
¿Realmente fui una ayuda?
¿Pude haber hecho algo más?
Durante muchos años esas preguntas me torturaron de la peor manera.
Porque cuando pierdes a alguien que amas, la mente empieza a buscar culpables.
Y muchas veces termina encontrándote a ti.
22 de octubre de 2020.
Mamá falleció a causa de un agresivo cáncer de cabeza y cuello.
Todavía me cuesta escribir esa frase.
Mamá falleció.
Dos palabras que cambiaron absolutamente todo.
23 de octubre de 2020.
Llegó el día de despedirme de ella.
Y qué extraño es decir "despedirme" cuando una parte de ti todavía espera que esa persona vuelva.
Shit.
Qué doloroso es recordar todo esto.
Escribirlo hace que se sienta como si hubiera sucedido ayer.
Como si todavía estuviera sentada aquella noche mirando la luna, esperando que alguien me dijera que todo había sido un error.
Pero no lo fue.
Mamá se había ido.
Y yo tenía quince años.
Después vino lo más extraño.
La vida continuó.
Volví al colegio.
Volví a comer en la misma mesa.
Volví a escuchar canciones.
Volví a hacer cosas que antes parecían normales.
Y todo se sentía extraño.
Porque acababa de perder a la persona que más amaba y, aun así, el mundo seguía funcionando.
La gente seguía despertándose.
Los buses seguían pasando.
Las tiendas seguían abiertas.
Los profesores seguían dando clases.
La comida seguía teniendo el mismo sabor.
El reloj seguía avanzando.
Todos continuaban.
Y yo no sabía cómo hacerlo.
Escuché muchas veces que "la vida no se detiene".
Y era verdad.
La vida no se detuvo.
Pero nadie me explicó qué hacer cuando la vida continúa y tú todavía estás parada en el lugar donde alguien que amas acaba de morir.
Nadie te enseña cómo volver a casa cuando ya no está esa persona.
Nadie te explica cómo sentarte a la mesa y aceptar que hay una silla que nunca volverá a ocuparse.
Nadie te enseña cómo acostumbrarte al silencio.
Ni cómo dejar de esperar escuchar su voz.
Ni cómo seguir siendo tú cuando una parte enorme de tu vida desapareció.
Yo solo tenía quince años.
Y de pronto tenía que aprender algo que jamás quise aprender:
cómo vivir en un mundo en el que mamá ya no estaba.
Durante mucho tiempo pensé que seguir adelante significaba dejar de extrañarla.
Que algún día tendría que despertarme y sentir que ya no dolía.
Pero quizá no funciona así.
Quizá seguir no significa olvidar.
Quizá seguir significa aprender a caminar con la ausencia.
Y todavía, después de todos estos años, hay días en los que vuelvo a preguntarme lo mismo que aquella noche:
¿Realmente podemos seguir?
VOUS LISEZ
¿Y ahora qué sigue?
Non-FictionDesde perder a una madre, un hermano, una mascota, una carrera, una casa, hasta vivir la peor decepción amorosa a tus 20's. La vida sigue, ¿no? Claro que sigue. La verdadera pregunta es: ¿cómo? Yo tampoco sé cómo. Pero supongo que lo iremos descubri...
