CAPÍTULO 1: Día después de clases

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PRÓLOGO

El aire frío de la noche oscura, arañaba sus pulmones mientras intentaba respirar, corría con desesperación mientras sus zapatos chocaban sobre la madera húmeda y frágil, los charcos salpicaban con cada paso. Su respiración era pesada, desesperada y con miedo.

Su respiración agitaba era contraste con la música alegre y frenética que sonaba constantemente, una música infantil, totalmente alejada de la situación.

No se atrevía a mirar atrás. El simple pensamiento de girar la cabeza era suficiente para hacer que un escalofrío recorriera su espalda. Sus piernas ardían por el esfuerzo, pero no podía detenerse. No quería detenerse.

No prestaba atención siquiera a su propio camino, solo pensaba en correr, en salir de ahí lo antes posible.

Mientras más se acercaba a la salida, parecía estar más lejos de salir, las atracciones cambiaban de sitio mientras corría, un gran reloj marcaba la misma hora.

11:59

Siempre 11:59.

No importaba cuánto corriera. No importaba cuántas veces atravesara la plaza central. Las agujas nunca avanzaban.

El tiempo parecía detenido.

Congelado.

A ambos lados del camino, las luces de las atracciones continuaban encendidas. Brillaban con colores vivos que se reflejaban en los charcos del suelo, creando destellos rojos, amarillos y azules sobre la madera mojada. A la distancia, la rueda de la fortuna giraba lentamente, iluminando por momentos las nubes oscuras que cubrían el cielo.

Todo parecía normal.

Y eso era precisamente lo que lo aterraba.

Un parque de diversiones debía estar lleno de risas, conversaciones y niños corriendo de un lado a otro. Sin embargo, allí no había nadie.

Solo el sonido de sus pasos.

Solo el ruido de su respiración.

Solo aquella música que nunca se detenía.

Tropezaba constantemente con postes y bancas que aparecían de repente, pero no le daba importancia.

Cada vez que caía se levantaba lo más rápido posible, tenía miedo de que eso lo atrapara.

Entraba en pánico cada vez más, su respiración forzada aumentaba, los latidos de su corazón sonaban como una batería.

BUM

BUM

BUM

Intentaba ignorar el dolor de sus piernas. Cada músculo de su cuerpo parecía arder. Sus rodillas temblaban con cada paso y una punzada constante atravesaba sus tobillos cada vez que golpeaban la madera húmeda del camino.

Pero no podía detenerse.

No debía detenerse.

El aire se sentía cada vez más frío. Cada inhalación era como tragar agujas. Su pecho subía y bajaba de forma desesperada, incapaz de encontrar suficiente oxígeno para mantener el ritmo que exigía su cuerpo.

Corrió.

Y siguió corriendo.

Las luces del parque pasaban a su lado convertidas en manchas de colores. Rojos. Azules. Amarillos. Destellos fugaces que aparecían y desaparecían en la oscuridad.

BUM

BUM

BUM

Sus latidos retumbaban en su cabeza con fuerza, apenas escuchaba la música, apenas escuchaba sus propios pasos, apenas escuchaba su respiración forzada, apenas escuchaba sus pensamientos.

El Parque de la LocuraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora