La lluvia caía sobre Nova Babel desde hacía tanto tiempo que nadie recordaba cuándo había comenzado.
Los registros históricos afirmaban que el sistema meteorológico artificial de la ciudad llevaba operando más de doscientos años sin interrupciones. Sin embargo, para la inmensa mayoría de sus habitantes aquello carecía de importancia. La lluvia simplemente formaba parte del paisaje, igual que los neones, las torres infinitas o el constante zumbido del tráfico aéreo.
Era el año 2457.
La humanidad había cambiado tanto que los hombres y mujeres de siglos anteriores apenas habrían reconocido el mundo que habían construido.
Los antiguos países seguían existiendo sobre los mapas, pero hacía mucho tiempo que habían dejado de dirigir el destino de la civilización. Las verdaderas potencias eran las corporaciones.
Sus logotipos aparecían en los edificios más altos.
Sus nombres figuraban en las leyes.
Sus ejecutivos poseían más influencia que la mayoría de gobiernos.
Y ninguna era más poderosa que Helix.
Desde prácticamente cualquier punto de Nova Babel era posible ver su símbolo.
Una doble hélice azul atravesada por una línea luminosa.
Brillaba sobre las nubes.
Brillaba sobre las calles.
Brillaba incluso sobre el océano.
Como si quisiera recordar constantemente quién había construido aquella era.
Un siglo atrás, la muerte había comenzado a perder la batalla.
Primero desaparecieron las enfermedades que durante milenios habían acompañado a la humanidad.
Después llegaron los órganos sintéticos.
Más tarde los implantes neuronales.
Finalmente aparecieron los cuerpos de reemplazo.
La sociedad cambió tan rápido que apenas tuvo tiempo de comprender lo que estaba ocurriendo.
Los ricos comenzaron a vivir más tiempo.
Luego mucho más tiempo.
Después dejaron de morir.
La transferencia de conciencia transformó para siempre la estructura social del planeta.
La muerte dejó de ser una condición biológica.
Se convirtió en una cuestión económica.
Los ciudadanos más poderosos podían trasladar sus mentes a nuevos cuerpos cuando el anterior comenzaba a deteriorarse.
Una vez.
Dos veces.
Diez veces.
Algunos ejecutivos corporativos llevaban más de ciento cincuenta años gobernando desde las sombras.
Los medios de comunicación evitaban llamarlos inmortales.
Pero la población había encontrado su propio término para ellos.
Los Eternos.
Nadie sabía exactamente cuántos existían.
Y probablemente ellos preferían que continuara siendo así.
La lluvia golpeó el cristal de una de las miles de plataformas de observación distribuidas por la ciudad.
Desde aquella altura, Nova Babel parecía un organismo vivo.
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Neón Eve
Science FictionAño 2457. Nova Babel es la ciudad más grande jamás construida por la humanidad. Un océano de acero, neón y lluvia eterna donde las corporaciones gobiernan desde las alturas y los secretos pueden sobrevivir durante siglos. Cuando una serie de asesina...
