A toda velocidad

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El rugido de los motores llenó la noche.
Carolina Herrera apretó las manos sobre el volante mientras observaba la línea de salida. Las luces de la ciudad brillaban a lo lejos, pero toda su atención estaba puesta en la carrera.

—¿Lista para perder? —preguntó Daniel desde el auto de al lado.

Carolina sonrió.

—¿Otra vez soñando despierto?

Las risas y los gritos de la multitud se mezclaron con el sonido de los motores acelerando.

Tres.

Dos.

Uno.

Los autos salieron disparados.

Carolina sintió la adrenalina recorrer todo su cuerpo. Aquella sensación de libertad era la razón por la que amaba las carreras.

No sabía que, años después, estaría al frente de una empresa automotriz.

Y mucho menos que un ingeniero francés llamado León Orleans pondría su mundo de cabeza.

Entre Motores y corazones Des histoires addictives. Découvrez maintenant