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Gian había sacado un 3 en Historia. Necesitaba, como mínimo, un 7 para poder seguir jugando.

El entrenador ya le había prohibido notas bajas, fiestas y alcohol. Si quería llegar a las grandes ligas, no podía permitirse fallar. Era su sueño lo que estaba en juego ahora.

—Amigo, necesitas más que eso para seguir jugando. Qué vas a hacer? —preguntó Nicolás mientras observaba su propio examen, adornado con un triste 6.

Gian no respondió.

Hacía varios minutos que había dejado de escuchar al profesor. Porque justo delante de él estaba la solución a todos sus problemas.

Una hoja con un 10 enorme resaltado en rojo.

Se inclinó hacia adelante sin pensarlo demasiado.

—Sacaste un 10. Sos una genia.

Camila, demasiado ocupada celebrando junto a Guada, giró apenas la cabeza.

—Me estás espiando?

Y ahí pasó. La voz de la chica chocó contra él de una forma extraña. Gian se quedó en silencio. Volvió a hundirse en su asiento y desvió la mirada.

Ojos marrones, cabello oscuro con reflejos rojizos y labios rosados. No entendió qué le había pasado. Y le molestó bastante no entenderlo.

°

—¿Cómo les fue? —preguntó Lauti acercándose a sus amigas.

—Un feliz 8 —respondió Guada, dando saltitos.

Lauti sonrió y ambos miraron a Cami, que estaba distraída contando unas monedas para un café.

—Déjame adivinar. Sacaste un 10, Cam.

La morocha levantó la vista y sonrió tímidamente. Charlaron entre los tres durante unos minutos hasta que una voz los sorprendió.

—Carla.

Ninguno volteó.

—Ey, Carla.

La voz sonó más cerca esta vez... mucho más cerca.

—Te estoy hablando, Carla.

Camila sintió movimiento detrás de ella y finalmente se giró.

El resto hizo lo mismo.

—¿Quién es Carla? —preguntó Lauti.

—Ella —respondió el morocho, señalando a Camila.

—Odoguardi, estás lejísimos de su nombre —dijo Guada.

Camila cruzó los brazos.

—¿Cómo te llamás? —preguntó Gian, ignorando por completo a los demás.

—Camila.

—Bueno, era con C...

Guada soltó una carcajada.

Lauti negó con la cabeza.

Y Camila lo miró como si acabara de decir la estupidez más grande del mundo.

—¿Qué querés, Gianfranco? —preguntó Lauti.

—Hablar con Camila —respondió él, sin apartar los ojos de la morocha.

Ella arqueó una ceja, esa situación era extraña.

—Vayan, los alcanzo luego —les dijo a sus amigos.

Los dos intercambiaron una mirada cómplice antes de alejarse. Camila esperó unos segundos y comenzó a caminar en dirección contraria. Gian la siguió.

EL TRATO QUE TENEMOS - GIAMILAStories to obsess over. Discover now