Primera oportunidad

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Pudding salió de su trabajo en la empresa familiar más temprano de lo usual.

Su mamá había logrado otra hazaña empresarial, trayendo más gloria al apellido Charlotte y en consecuencia la prueba tangible de que nadie en su sano juicio debía meterse con ellos.

Todo en este país pertenecía a su familia, así que en realidad la sensación de un momento libre no era tan real como quisiera.

Justo al salir se encontró con no menos de 6 ciudadanos orgullosos de habitar el país de Totto Land y demasiado emocionados de ver un Charlotte.

Luego de sonreír falsamente unos minutos pudo despedirse de las molestias y llegar a su auto a tiempo.

Condujo durante media hora. Las vías reservadas para la familia estaban relativamente animadas, dejando en evidencia lo ansiosos que todos estaban por regresar a sus casas.

Al llegar finalmente a Chocolate Town, fue recibida con una euforia aún más exagerada que la que encontró fuera de la empresa, cada uno saludandola con voces animadas.

Por supuesto, era agradable, pero si eso se repetía cada día lo encontrabas monótono y algo molesto.

Aunque la estética de Chocolate Town era la más cercana a casas hechas de chocolate, la que su madre le había dado estaba rodeada de un ambiente lujoso.

Pudding entró con su auto y al detenerse en el garaje, observó el lugar de estacionamiento vacío a su lado

La mayoría de sus hermanos, dejando de lado a los pocos desafortunados que se habían ganado el odio de su madre, parecían vivir felices.

Pero Pudding no podía decir lo mismo.

Su mamá la quería a su manera. Claro que no a su verdadero ser, pero eso no era un privilegio que alguno disfrutara de verdad en esta familia.

Todo se reducía a qué tanto podían aportar a la empresa y qué tanta gloria podían relacionar con sus apellidos.

Pudding había logrado eso con su propia existencia.

Se había casado con una familia bastante prominente, prácticamente nobles de nacimiento y con dinero a caudales en sus bóvedas.

Aunque en un inicio su madre tenía planeado robarles todo y deshacerse de ellos, la realidad era que esa familia era bastante formidable, dio un paso en falso y al final todo se redujo a cuál de los dos lograba aprovecharse del otro.

En fin, el resultado de eso fue que ella, la hija número 35 de la familia Charlotte se casó con el tercer hijo varón de la familia Vinsmoke.

Pudding ingresó directamente a la sala, y tal y como esperaba estaba vacía.

El lugar estaba repleto de colores cálidos y dulces, pero se sentía frío.

Pensó en calentar la cena del día anterior cuando percibió que la cocina tenía un ligero olor a lo que parecía pollo frito y crema pastelera, pero era tan tenue que Pudding podría creer que estaba alucinando.

Al mirar la fecha en el calendario, Pudding concluyó que efectivamente sí olía a comida.

Hoy era 5 de mayo.

Pudding observó que todo lugar estaba bien arreglado, como si nunca hubiera sido usada por alguien aparte de ella.

Pudding guardo silencio y calentó su comida, dirigiéndose a la sala y mirando una serie genérica del momento.

Al terminar de lavar su plato y dirigirse a su habitación, pasó por cierto sitio reservado para las fotografías importantes.

La imagen más grande era la de ella, vestida hermosamente de blanco, con una sonrisa que solo ella sabía que era incómoda. A su lado el hombre rubio vestido del mismo color, él parecía genuinamente feliz.

Ella estaba dispuesta resaltar ese parecía.

Pudding entró a la habitación principal, era incluso más deprimente que la sala.

Estaba llena de muchas cosas importantes para la vida diaria, pero en su mayoría era su propia ropa y sus propias pertenencias.

Todo lo relacionado con su esposo era difícil de notar porque era casi inexistente.

Pudding se acostó en medio de la cama, aún sin cambiarse de ropa o con la intención de ducharse.

Su mirada se dirigió inconscientemente hacia la imagen que había en la mesita de noche.

Ese era el lado en el que dormía su esposo.

Allí, la pertenencia más prominente, la causante de sus actuales días solitarios y que al mismo tiempo hacía a Pudding envidiar a su esposo: una fotografía que captaba exactamente a diez personas.

Su esposo sonreía feliz, realmente feliz.

A su alrededor todos parecían bastante alegres, cada uno deslumbrante a su manera.

Pero había uno en particular cuya sonrisa parecía traspasar el tiempo y el espacio.

Su sola existencia hacia sonreír a cualquiera, y Pudding, sobre todo ahora, no pudo evitar sonreír levemente al verlo.

Aunque no debería, esta habitación silenciosa y desolada de cierta forma parecía menos triste cuando se fijaba en esa fotografía.

Quizás por eso su esposo no la guardó, admirando esa imagen llena de libertad y resguardandose en el recuerdo de ella.

Sintiendo el sudor impregnado en su ropa, decidió deshaserse de su pereza y darse un baño.

Mientras se secaba el cabello, Pudding pensó que esta noche su esposo no regresaría.

Después de todo este era un día especial para él. Si ella estuviera en su lugar haría lo mismo.

Pero cuando era medianoche, mientras navegaba en su celular, oyó pasos en la sala.

Pudding se levantó al instante. Los pasos no tardaron en llegar a la puerta y entonces lo vio.

Su esposo, Vinsmoke Sanji, había llegado.

Lucía tan caballeroso como siempre. Él le sonrió de forma amable y Pudding correspondió.

Pero, luego de dos años casados, Pudding podía diferenciar perfectamente la amabilidad del amor.

—¿Cómo fue? —preguntó Pudding. Él suspiró y se dirigió al baño, pero ya de espaldas pudo responderle.

—¿Eso importa?

Pudding quería decir que sí. Pero no sería cierto.

No quería saber lo feliz que la había pasado en el cumpleaños de esa persona. Tampoco quería saber si realmente le había cocinado un pastel y pollo frito.

Pero, al mismo tiempo, tenía curiosidad.

Hoy nuevamente no parecía haber conseguido algún avance.

No parecía haber alcanzado a poseer lo intocable.

No parecía haber hecho suyo a Monkey D. Luffy.

Eso realmente la intrigaba.

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