01 - Noche sin Nombre

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Temporada 1 · Capítulo 01
Punto de vista - Valeria Soto

La música terminó antes de que alguno de ellos supiera que algo había salido mal.

Valeria lo recordaría así durante años: el silencio repentino, más ruidoso que cualquier canción, y luego el frío del asfalto mojado bajo sus rodillas aunque no recordaba haberse arrodillado. Después vendrían los detalles que no quería recordar. El color de la camiseta. El ángulo de las piernas. La forma en que Mateo no se movía del volante aunque el motor ya no encendía.

Eran las 2:47 de la mañana del 14 de marzo. Ella lo sabía porque había mirado su teléfono justo antes de que Isabela gritara, y ese número -2:47- se tatouaría en algún lugar debajo de su esternón para el resto de su vida.

-Nadie lo vio -dijo Isabela. No era una pregunta.

Camila lloraba sin sonido, los nudillos blancos alrededor de una botella que ya no contenía nada. Diego estaba fuera del coche, parado en el borde de la luz del único farol que funcionaba en esa calle, mirando el suelo como si esperara una respuesta en el asfalto. Andrés no había salido todavía.

-Hay que llamar -empezó Valeria.

-No -la cortó Mateo. Fue la primera palabra que dijo en diez minutos, y sonó a algo que no era su voz. Sonó a algo más viejo, más duro, que vivía detrás de la voz que Valeria conocía desde los dieciséis años.

Después diría que ahí fue cuando supo cómo terminaría todo. No esa noche -esa noche nadie podía ver más allá de los siguientes cinco minutos- sino eventualmente. Que algo se había roto en el grupo de una forma que ninguno de ellos podría ver todavía, de la misma manera que no puedes ver una fractura de hueso hasta que aparece en la radiografía semanas después, cuando ya duele demasiado para ignorarla.

Lo que acordaron esa noche no fue un plan. Los planes tienen estructura, tienen nombres para cada parte y una lógica que los sostiene. Lo que acordaron fue un silencio. Seis personas eligiendo no decir una cosa específica, y descubriendo demasiado tarde que ese tipo de silencio tiene peso, tiene volumen, ocupa espacio en una habitación y en un pecho y en cada conversación que vino después.

Isabela fue la que habló más. Siempre era Isabela. Les dijo que no había cámaras, que la calle estaba desierta, que la lluvia se ocuparía del resto, que si alguien preguntaba habían estado en casa de Camila toda la noche y Camila confirmaría eso porque Camila siempre hacía lo que Isabela decía cuando el miedo era suficientemente grande.

Lo que Isabela no dijo -lo que ninguno dijo, aunque todos lo pensaban- era el nombre de la persona que estaba tirada a cuatro metros del coche. Habían visto su cara. Algunos la conocían de vista. Tenía apellido y dirección y gente que la esperaba en algún lugar, y esa gente no sabía todavía que iba a esperar para siempre.

Valeria pensó: esto va a destruirnos.

Y luego, lo que la avergonzaría más que cualquier otra cosa durante el resto de su vida, pensó: a mí no. A mí no tiene que destruirme.

Subió al coche.

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