Prólogo

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Hace mucho tiempo, la tierra se dividía en tres regiones marcadas por el destino y la sangre.

El primero era el Reino Lobo, un santuario místico conocido por su profunda cultura de respeto hacia los muertos y su inquebrantable paz. Sus bosques eran densos, llenos de una fauna que parecía susurrar secretos entre las sombras de los árboles. Este reino prosperaba bajo el mandato de dos mujeres excepcionales: la reina Amelia, de cabellera blanca como la seda y una sonrisa que transmitía calma a todo aquel que la miraba, y su esposa Teresa, una mujer de piel morena y cabello rosa cuya severidad al gobernar solo era superada por su paciencia infinita. Ambas compartían el orgullo de su vida, su pequeño hijo Benjamín, a quien todos en el pueblo llamaban cariñosamente Bonnie.

En contraste directo se alzaba el Reino Zorro, un lugar donde la belleza y la crueldad caminaban de la mano bajo una fachada de perfección artesanal. Sus reyes personificaban la ambición: Sebastián, un hombre de cabello rojo intenso y ojos azules como el hielo, era un perfeccionista implacable que no toleraba el error, mientras que su esposa Magdalena, de cabellera naranja y ojos ámbar, destacaba por un egocentrismo que eclipsaba incluso la belleza de sus tierras. De su unión nacieron gemelos, una niña albina y un niño príncipe; sin embargo, la tragedia o el misterio se llevaron a este último, quien desapareció hace ya muchos años dejando un vacío que nadie se atrevía a cuestionar en voz alta.

Finalmente, existía el Reino Conejo, un rincón del mundo que se mantenía al margen de las guerras gracias a la alegría desbordante de su gente y la exportación de sus exóticas y dulces frutas. Sus gobernantes, Richard e Itzel, eran el equilibrio perfecto: él era un hombre de cabello azul y ojos rojos, terco y duro en sus decisiones pero profundamente cariñoso con los suyos, mientras que ella poseía un cabello azul vibrante y ojos verde jade que reflejaban una amabilidad comprensiva. Lamentablemente, la desgracia cayó sobre ellos y ambos murieron de forma inesperada, dejando el reino bajo el control de los reyes zorro. En medio del caos, el joven príncipe Roberth, un niño de apenas once años con una larga coleta azul, se desvaneció de la faz de la tierra sin dejar rastro alguno.

—Y así es como termina esta parte de la historia, pequeños. Algunos dicen que los reinos nunca volvieron a ser los mismos desde que los príncipes se perdieron en el tiempo ——concluyó un joven de largo cabello azul recogido en una coleta baja, cerrando el viejo libro con un golpe seco pero suave. Sus ojos verdes brillaron con una chispa de picardía mientras regalaba una sonrisa a los niños que lo rodeaban en la biblioteca del Reino Lobo.

—¿Pero de verdad nadie ha vuelto a ver al príncipe Roberth?—preguntó Fiona, una niña que lo miraba con los ojos muy abiertos, casi sin parpadear.— No puede ser que alguien simplemente se borre del mapa, ¿verdad?

—¿Quién sabe? El mundo es mucho más grande de lo que muestran los mapas de esta biblioteca. Tal vez siga por ahí, viviendo una vida que nadie se imagina, o tal vez esté esperando el momento justo para reclamar lo que es suyo, aunque nadie sepa quién es realmente—respondió el joven con una voz clara y amable. De pronto, consultó su reloj y sus ojos se abrieron con sorpresa.—¡Vaya! Se me ha hecho tardísimo. Es hora de irme, niños.

El chico se puso en pie rápidamente mientras los pequeños soltaban quejidos y hacían berrinches, rogándole que se quedara a contar un cuento más. Él solo soltó una risita juguetona, exclamando un alegre "¡Adiosito!" mientras se echaba sobre los hombros una capa gastada con capucha.

Justo en ese momento, el silencio de la biblioteca se rompió por el estruendo de unos guardias que irrumpían en el lugar. "¡Ahí está, es el ladrón!", gritó uno de ellos señalando al joven. Sin perder la compostura, el chico les dedicó una última sonrisa burlona y relajada antes de salir disparado por una ventana lateral, tomando un atajo por los callejones que conocía como la palma de su mano.

Al llegar al bullicioso tianguis del reino, se movió con la agilidad de un gato, dejando caer unas monedas sobre un puesto mientras, en el mismo movimiento fluido, tomaba una manzana roja y brillante. Corría con el viento a su favor, disfrutando de la adrenalina de la persecución. A veces, los mejores cuentos de hadas no necesitan castillos, sino criaturas valientes y príncipes que ni siquiera saben que tienen una corona esperándolos en algún lugar.

—¡Hey, Bon! ¡Bájale a la velocidad o vas a terminar estampándote contra una carreta!—le gritó un hombre de cabello castaño fuerte que lo vio pasar como un rayo entre la gente.

—¡LO SIENTO, VOY MUY TARDE!—se excusó el joven sin detenerse, dándole un mordisco sonoro a su manzana robada mientras pasaba cerca de las altas murallas del castillo.— ¡Prometo que la próxima vez tendré más cuidado!

Desde lo alto de un balcón, el príncipe Benjamín observó la silueta del chico corriendo con curiosidad, preguntándose quién podría tener tanta energía y libertad.

Pero esta historia no es el típico relato de un amor sencillo entre una campesina y un príncipe, ni un aburrido matrimonio arreglado que termina bien. Esta historia tiene magia, y no es de esa que hace aparecer flores, sino una magia oscura, antigua y difícil de controlar que solo una familia se atrevió a usar en el pasado.

El joven dio una vuelta cerrada en un callejón, saltó sobre unas cajas y trepó por una escalera hacia los techos, sintiendo el aire fresco en su rostro.

Es un relato sobre un amor correspondido que ha sido víctima del olvido, donde los recuerdos de quiénes eran han sido borrados por el tiempo.

Bon volvió a bajar de un salto, aterrizando sobre unas sábanas recién lavadas que amortiguaron su caída antes de seguir su carrera, cruzándose con unas gallinas que lo picotearon por invadir su espacio.

Él es solo un chico puro pero astuto, cruzando cercas con la capucha a medio caer y una sonrisa enorme que parece iluminar su rostro a pesar de los problemas.

Dime... ¿Qué esperas realmente de esta historia? Porque te aseguro que, a diferencia de todas las que has leído antes, esta no será lo que imaginas.

The Prince'ss Bon Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora