La lluvia caía tan fuerte que parecía querer romper la ciudad entera.
Zoe caminaba rápido por la acera mojada con la capucha negra cubriéndole parte del rostro y el maquillaje corrido bajo los ojos. Las luces de los autos se reflejaban en los charcos mientras apretaba con fuerza el cuaderno que llevaba contra su pecho.
Había discutido con Lily otra vez.
No era algo raro últimamente.
Zoe estaba cansada de todo.
De la escuela.
De su casa vacía.
De fingir que la muerte de su mamá ya no le dolía.
Soltó una risa amarga mientras se sentaba bajo la parada de autobús vacía.
Perfecto.
Ni siquiera pasaban autobuses a esa hora.
Abrió el cuaderno mojado y observó las letras escritas con tinta negra. Canciones incompletas. Frases tachadas. Sentimientos que nunca sabía cómo decir en voz alta.
"Algunas personas nacen para quedarse.
Otras solo aprenden a irse."
Suspiró.
-Patético... -murmuró para sí misma.
Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó un cigarro arrugado que le había robado a Lily días atrás.
Ni siquiera fumaba.
Lo puso entre sus labios intentando encenderlo, pero el encendedor falló tres veces.
-Vas a quemarte el dedo antes de prenderlo.
La voz grave hizo que levantara la mirada de golpe.
Había un chico parado frente a ella.
Alto. Empapado por la lluvia. Pelo negro rizado cayéndole sobre la frente y unos ojos oscuros que parecían demasiado cansados para alguien de diecisiete años.
Zoe frunció el ceño.
-¿Y tú quién eres? ¿El experto en cigarros?
El chico soltó una pequeña risa.
Una de esas que salen sin ganas, pero reales.
-No. Solo alguien aburrido viendo cómo intentas parecer rebelde.
-Puedo ser rebelde si quiero.
-Claro.
Ella rodó los ojos.
-Vete a molestar a otra persona.
Pero él no se movió.
Simplemente se sentó al otro lado de la parada mientras la lluvia seguía cayendo alrededor de ambos.
Por unos segundos ninguno habló.
Y extrañamente... no fue incómodo.
Zoe observó de reojo sus nudillos lastimados.
-¿Te peleaste con alguien?
El chico bajó la mirada rápidamente.
-Algo así.
Ella notó cómo tensó la mandíbula. Como si hubiera tocado algo que dolía demasiado.
Así que decidió no preguntar más.
Porque ella también sabía esconder heridas.
-Soy Zoe -dijo después de un rato.
Él tardó unos segundos en responder.
-Noah.
El sonido de la lluvia llenó el silencio otra vez.
Zoe apoyó la cabeza contra el vidrio frío detrás de ella.
-¿También estás escapando de algo?
Noah la miró.
De verdad la miró.
Y por un momento ella sintió como si ese chico desconocido pudiera ver todas las cosas que llevaba años escondiendo.
-Sí -respondió en voz baja-. Creo que llevo toda mi vida haciéndolo.
Zoe tragó saliva.
No sabía por qué, pero esa frase le dolió.
Tal vez porque entendía exactamente lo que quería decir.
La lluvia seguía cayendo.
Pero por primera vez en mucho tiempo...
Ella no se sentía sola.
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Las luces qué dejamos atrás
RomanceSinopsis Zoe aprendió a vivir fingiendo que está bien. Detrás de su carácter rebelde, las bromas y las canciones que escribe cada madrugada, existe una chica rota por la pérdida, el abandono y el miedo constante de que todos terminen alejándose de e...
