Una mañana soleada de pleno marzo, Sarah se levantaba de una noche complicada. Pues, salió con sus amigas por la ciudad.
Sarah era de estatura baja, de tez oliva, delgada, con poco pecho y pocas posaderas. Ojos marrón miel, almendrados y grandes, no de manera exagerada, pestañas no muy largas pero que le daban una mirada tierna. Labios no muy finos, solo algo fino el superior con el arco de cupido no muy marcado, y el labio inferior ligeramente más grueso. Nariz ni muy fina, ni muy gruesa, casi recta, con un ligero bache, y la punta de la nariz en forma de bolita, redonda.
La forma de la cara de Sarah era redonda, con la barbilla ligeramente hacia un lado, cejas bastante intermedias, ni muy finas ni muy gruesas. El pelo de un rubio oscuro, que en verano se aclaraba algo más, que de largo le llegaba hasta casi la parte inferior de la espalda, ondulado, con algún tirabuzón y un volumen intermedio, aunque abundante en la parte inferior, lo que le llevaba a retocar esa parte de su melena.
Sarah vivía en una ciudad rodeada de bares y pubs en la avenida principal. Algunos muy conocidos y abarrotados, otros, no tanto. Otros de los bares y pubs se llenaban solo porque era lo que quedaba.
Sarah y sus amigas tuvieron suerte, pudieron reservar con tiempo en uno de los bares más famosos y conocidos de la avenida principal, The Royal Oak.
Eran tres amigas, contando a Sarah. Lara, la mayor del grupo, alta, de complexión delgada y de pelo lacio, castaño oscuro. Detrás, en edad, le seguía Mary muy de cerca, se llevaban un par de meses. Mary no era muy alta, quizás media cabeza menos que Lara, no muy delgada y de pelo castaño claro.
Esa noche, caminaban cuatro o cinco bares antes del The Royal Oak, mientras hablaban y reían.
Sarah tenía un doctorado en filosofía, trabajaba como profesora en Grand University. Una apasionada de todo lo que tenía que ver con la filosofía y la literatura. Lara había estudiado economía, y trabajaba en una empresa de transportes, Malcom Transports, como contadora, encargándose de los gastos y las ganancias de la empresa. Y Mary, estudió marketing y diseño de interiores y exteriores, trabajaba para Dream Home Designs.
Esa noche, Sarah estaba preocupada, las oposiciones le tenían aterrada y, no porque las fuera a suspender, sino, más bien, por la posibilidad de no conseguir plaza para el próximo curso.
Esa situación abrumaba a Sarah, llevaba más de dos semanas preparándose las oposiciones y, a su vez, preparando clases y corrigiendo exámenes de su asignatura.
Esta salida con sus amigas la distraía y la animaba bastante.
Llegaron al The Royal Oak. Era un bar amplio y, sobre todo, alargado, con dobles alturas al final de la zona de mesas. Con una barra de unos cinco metros de largo y, al menos, uno con treinta de alto, a lo largo de la pared de la barra, tres metros de largo de estantería para el alcohol, y cafeteras al final de la estantería, junto a la caja. Y con al menos diez taburetes a lo largo de la barra.
Tenían por lo menos unos ocho camareros. Vestían todos de uniforme, camisa gris, pantalón ancho, negro, con placas para sus nombres en las camisas.
El bar disponía de unas veinte mesas en el interior para quien cenara o picara algo allí, y quince en la terraza.
Tenía la radio local en los altavoces que había en los extremos del bar como música de fondo.
Las tres entraron, alegres. Lara se acercó al camarero para que las llevaran a su reserva.
El camarero las miro a las tres de arriba a abajo.
Lara llevaba una falda blanca larga, unos botines marrones y una camiseta marrón, sin mangas. Mary llevaba un vestido corto y negro, con unos botines altos, negros también. Y Sarah, llevaba un vestido azul claro, largo, hasta el tobillo, estrecho de cintura para arriba, y más ancho en la parte de la falda, unos tacones bajos, que fácilmente se podrían confundir con unas sandalias altas, de color marrón, dejando al descubierto su pedicura recién hecha.
El camarero, con una tímida sonrisa, asintió.
- A nombre de Lara, ¿cierto?
Lara asintió y, segundos después, las tres siguieron al camarero hacia la reserva.
Su mesa estaba en una de las dobles alturas, apartada del barullo ilegible de las otras mesas.
Una mesa amplia, con bastantes más sillas de lo que Sarah había previsto.
Enajenada, miró a Lara y le preguntó.
- ¿Por qué tantas sillas, Lara? Si solo somos tres.
Mirando atentamente a Lara, esperando una respuesta, Lara solo esbozó una sonrisa y contestó, bastante alegre.
- ¡Ah! No te preocupes, Sarah. Van a venir unos amigos.
Sarah puso una mueca de desacuerdo, no porque no quisiera, sino porque no hubo previo aviso.
A Sarah le costaba socializar, venía de su infancia.
Necesitaba tenerlo incluido en sus planes, para prepararse sobre cómo socializar con el tipo de gente con la que se fuera a encontrar.
No sabía qué tipo de amistades habría invitado Lara. Eso, en cierto modo, la incomodaba.
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El Dilema
ActionSarah, una joven de 25 años, con un pasado oscuro que arruinó su infancia, el matrimonio de sus padres y su presente. Por otro lado, Leo, su padre, quien arregla la infancia de Sarah hasta el momento de la verdad. ¿Podrán Leo y Sarah afrontarla?
