Capitulo 1 ~~Vendida

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Estaba con mi familia viendo la televisión cuando noté que a mi padre le temblaban las manos. No era un temblor normal. Era desesperación pura.

Mi mamá no podía verme a los ojos. Tenía la vista clavada en el piso, como si yo ya no estuviera ahí.

De pronto, el timbre de la puerta rompió el silencio.

Mi padre se paró de golpe, tirando el vaso de whisky al suelo. El vidrio se hizo añicos, pero nadie se movió para recogerlo. Mi mamá empezó a llorar en silencio, tapándose la boca con las dos manos.

El personal de la casa abrió la puerta. Entraron cuatro hombres vestidos de negro. Altos, musculosos, fuertes. Parecían paredes con traje. No dijeron nada. Solo se colocaron a los lados, bloqueando la salida.

Atrás de ellos entró un hombre elegante. Tendría unos 23 años. Alto, güero, ojos azules que no parpadeaban, cabello castaño peinado hacia atrás. Serio. Demasiado serio para alguien tan joven.

Mi padre corrió hacia él como un perro asustado.

-Por favor, esto es todo lo que me queda -suplicó mi padre, con la voz quebrada.

Terminando de decir eso me miró. Sus ojos estaban rojos, llenos de algo que no supe si era culpa o cobardía.

-Hija, perdóname por lo que te voy a hacer, pero es por nuestro bien -dijo.

Sentí que me clavaban un cuchillo en el pecho.

-¿Nuestro bien? -grité, poniéndome de pie-. ¡Mejor dicho, por el bien de ustedes, papás! ¿Cómo es posible que pagues tu deuda con tu propia hija, papá? No pensé que me harías esto. Me decepcionaste.

Volteé a ver a mi mamá. Ella seguía llorando, hecha bolita en el sillón.

-¿Y tú, mamá? ¿En serio no dirás nada? ¿Dejarás que me lleve un señor que no conozco?

-Hija... -susurró mi mamá-. Perdóname, hija, pero no quedaba de otra.

El hombre elegante dio un paso al frente. Su voz era baja, pero cortaba como hielo.

-Su tiempo de despedida terminó. Es hora de llevarme tu deuda, Gabriel.

Dicho esto, dos hombres me sujetaron por atrás. Intenté zafarme, pataleé, pero eran demasiado fuertes. Sentí un pinchazo en el cuello.

Todo se volvió negro.

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Desperté horas después con la boca seca y la cabeza dándome vueltas.

Estaba en una habitación enorme. Las paredes eran negras, los muebles elegantes. Tenía vista al mar a través de ventanales del piso al techo. Cortinas de seda color perla, sábanas y almohadas blancas que parecían nubes. Olía a dinero y a limpio.

Era una jaula de oro.

Me levanté de golpe. La puerta se abrió antes de que pudiera llegar a ella.

Entró un hombre de traje y una mujer con uniforme de mucama. Ninguno sonrió.

-Dese una ducha y vaya al despacho del señor. Él la espera -dijo el hombre, sin mirarme a los ojos-. Ella es la que se encargará de usted. Le dará ropa nueva, joyas, indicaciones y todo lo que necesite. La espero abajo. Con su permiso.

Salió sin esperar respuesta.

La mujer se quedó. Tendría unos cuarenta años, cabello recogido, manos suaves.

-Hola, señorita. Me llamo Rosario. Mucho gusto -dijo con una voz cálida que desentonaba con todo el lugar.

-Hola, Rosario. Mucho gusto. Llámame Elaine, por favor -respondí, aunque mi voz salió más débil de lo que quería.

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⏰ Last updated: May 28 ⏰

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