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cap 1

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La torre estaba en silencio. Demasiado silencio para alguien tan antiguo como Malleus Draconia.
Él permanecía junto a la ventana, con una mano apoyada sobre el mármol frío y la otra sosteniendo una taza de té ya olvidada. El relámpago iluminó por un instante sus cuernos negros, la línea elegante de su cuello, la sombra melancólica de sus ojos verdes.
-No podías dormir -murmuraste.
Malleus giró apenas el rostro hacia ti. Y fue suficiente.
Porque cuando él te miraba así... parecía que el mundo entero bajaba la voz.
-Te desperté.
-No -te acercaste despacio-. Te sentí lejos.
Algo en su expresión se quebró apenas. Tan mínimo que cualquiera lo habría perdido. Pero tú no.
Nunca tú.
El príncipe de las hadas dejó la taza a un lado cuando llegaste frente a él. Su presencia era inmensa incluso en silencio; magia contenida bajo piel fría y modales perfectos. Sin embargo, contigo... siempre había una grieta.
Una necesidad suave.
Sus dedos rozaron tu muñeca
Malleus:Los humanos son criaturas extrañas -dijo en voz baja-. Frágiles. Efímeros. Y aun así... cuando desapareces unas horas, esta torre se vuelve insoportablemente vacía.
Tu pecho dio un vuelco.
T/n:Malleus...
Él bajó la mirada hacia tus labios apenas un instante.
Solo uno.
Pero lo sentiste como fuego.
Entonces suspiró y apoyó la frente contra la tuya con una delicadeza casi reverente. Un gesto impropio de alguien temido por reinos enteros.
Malleus:Qué hechizo tan cruel has puesto sobre mí.
Tus manos encontraron su pecho lentamente, sintiendo el latido pesado bajo la tela negra. Él cerró los ojos al contacto. Como si el cariño físico fuera algo raro. Precioso.
Como si aún estuviera aprendiendo a ser amado.
T/n:No es un hechizo -susurraste-. Solo te quiero.
Y Malleus... sonrió.

Pequeño. Vulnerable. Devastador.
La tormenta rugió afuera, pero dentro de la habitación solo existían sus brazos rodeándote despacio, su nariz escondiéndose en tu cabello, y esa forma silenciosa que tenía de abrazarte como si temiera que el mundo pudiera arrancarte de él en cualquier momento.

Malleus permaneció abrazándote durante un largo rato.
Como si el tiempo no existiera dentro de aquella habitación.

Sus manos descendieron lentamente por tu espalda, amplias y cálidas pese al aura fría que siempre lo rodeaba. Podías sentir cómo exhalaba despacio contra tu cabello, casi en secreto, como si aquel simple acto de tenerte cerca calmara algo antiguo dentro de él.
-Qué expresión es esa... -murmuró de pronto.
Levantaste la vista.
Los ojos verdes de Malleus Draconia te observaban con una intensidad peligrosa... y aun así llena de ternura.
-¿Qué expresión?
-La que haces cuando me miras como si no fueras a huir.
Tu corazón se encogió un poco.
Había tristeza en esas palabras. Una tristeza vieja. Demasiado vieja.
Con cuidado, llevaste una mano hasta su mejilla. Él inclinó apenas el rostro hacia tu palma de inmediato, instintivamente, y aquello te desarmó por completo.
Un príncipe temido por todos... derritiéndose por una caricia.
-No quiero huir de ti.
Malleus sostuvo tu muñeca con suavidad.
-No deberías decir esas cosas tan cerca de mí.
-¿Por qué?
Él sonrió apenas. Esa sonrisa lenta que siempre parecía esconder colmillos y devoción al mismo tiempo.
-Porque me hacen querer encerrarte aquí conmigo hasta que el mundo olvide tu nombre.
La confesión debería haberte asustado.
Pero dicha así... con la frente apoyándose contra la tuya otra vez, con sus dedos acariciando tu cintura como si fueras algo precioso... solo consiguió acelerarte el pulso.
La lluvia seguía cayendo afuera.
Dentro, el aire estaba tibio.
Malleus apartó un mechón de cabello de tu rostro con una delicadeza impropia de sus manos largas y poderosas. Sus ojos descendieron otra vez a tus labios.
Esta vez no apartó la mirada.
-Puedo besarte... ¿verdad?
La forma en que lo preguntó casi dolió.
Tan contenido. Tan cuidadoso contigo.
Te pusiste de puntillas apenas un poco, suficiente para rozar su boca primero.
Y Malleus se quedó inmóvil.
Sorprendido.
Como si incluso ahora no terminara de creer que alguien pudiera acercarse a él por voluntad propia.
Entonces respondió al beso lentamente.
Despacio.
Con una ternura que contrastaba peligrosamente con la intensidad de sus dedos aferrándose a tu cintura.
No hubo prisa.
Solo calor.
Su respiración mezclándose con la tuya.
El roce suave de sus labios una y otra vez, cada beso un poco más profundo que el anterior, hasta que terminó escondiendo el rostro en el hueco de tu cuello y soltó una risa baja, derrotada.
Malleus: Ah... ya entiendo.
T/n:¿Qué entiendes?
Malleus:Por qué los humanos escriben tantas historias de amor. -Sus labios rozaron tu piel apenas al hablar-. Esto vuelve inútil cualquier otra cosa.

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⏰ Last updated: Jul 09 ⏰

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