Prólogo: One

9 1 0
                                        

Es el poco parecer de tu aroma corriendo en mis fosas nasales, donde puedo distinguir tu olor a kilómetros. Mi mirada siempre te busca desde aquel reencuentro debajo de una mesa.

Sentí tu mano; era fría, demasiado. La noche helada no podría ganarle. Tus dedos, al intentar tocar y rozar, temblaban; tus dedos helados junto a mi piel cálida me hizo estremecer.

¿Acaso tus manos fueron diseñadas para ese roce?, desde aquella primera vez la imaginación era demasiada escasa, cada que veía tus ojos apartaba la mirada de forma inmediata, nervios, dirían algunos, pero para mí era una señal de que anhelaba y esperaba con ansias tu toque.

Aquellas veces donde me dejabas acercarme a ti, dejar caer mi cabeza sobre tu hombro, intentar ocultar mi rostro en tu brazo, te sentía temblar, ¿Por qué no te quitabas?, ¿Por qué no te alejabas de allí?; yo sabía la respuesta, extrañabas mi piel cálida bajo tus dedos, anhelabas con seguridad mi piel morena bajo la yema de tus dedos.

Si te soy sincera, también extraño tu toque suave en mi piel. En aquella parte donde más cuido imaginando que mis manos son las tuyas acariciando con lentitud y delicadeza, siento tus nervios, me causan risa, tomo tu mano y la muevo para que te sientas seguro de que puedes acariciar.

Esto se volvió adictivo.

En mi interior grito para que te des cuenta que no solo quiero tu toque en esa parte suave y limpia de mi piel, quise tomar tu mano, acariciar tus dedos. Lo logré, pero no solo quería acariciarlos, quería que tú también sintieras esas cosquillas en la columna.

¿Podemos hablar del porqué me suelo reír cuando tocas con lentitud y suavidad mi piel?

Mi piel anhela tu toque, necesita tu toque, añora tu toque. Si pudiera decir que tus dedos son perfectos o que tu mano es perfecta, lo diría. La palma de tu mano es suave, no es callosa, rasposa y ruda como otras.

¿Lo raro?

Lo raro es que yo siempre he querido una mano callosa y ruda contra mi piel. La tuya es diferente, como si estuvieras hecho para acariciar mi piel.

Solo he sentido tus manos, solo he sentido tu respiración agitada, solo he sentido el temblor de tu cuerpo por el frío. Pero, ¿Por qué no he podido sentir tu mirada en mí?

Esto se siente raro, ¿Por qué quiero que me prestes atención?, si el toque es algo sin compromiso. ¿Tú no lo sientes así?, ¿Acaso soy la única de los dos que siente este sentimiento?

Añoro cada Lunes, cada Jueves esperando esas caricias, adonde podemos tener un contacto cercano, una fricción que me estremece.

Al mirarte cuando tocas con suavidad no dudo en apartar la mirada, las caricias hacen a mi vientre contraerse, a mi piel calentarse, a mis orejas arder, a mis labios y voz intentar cerrarse. Se siente bien.

Extremadamente bien.

. . .

Al terminar aquellas horas se me hace difícil olvidar tu toque, así que, me acaricio una y otra vez con cuidado y cariño intentando imitar tu suavidad y temblor. No lo he logrado.

Al salir e irnos te encuentro en un salón lleno de personas a nuestro al rededor, y como si fueras una gota de agua te mezclas con los demás haciendo que no te vea una vez más.

Desde lejos de te veo, te añoro, te extraño.

Te busco con la mirada, intento alzar mi vista y poder encontrarte. Te ves tan borroso.

Hasta donde el Sol nos AlcanceWhere stories live. Discover now