La lluvia golpeaba los ventanales del tren magnético mientras Kaia observaba la ciudad extenderse bajo las luces azuladas de los anuncios holográficos.
Neo-Vhalis nunca dormía.
Torres infinitas atravesaban las nubes oscuras, conectadas por puentes suspendidos y carriles luminosos donde vehículos flotantes se desplazaban a velocidades absurdas. Pantallas gigantes reproducían propaganda del Consejo de Unión:
"La armonía entre especies garantiza la supervivencia."
Kaia resopló.
-Claro -murmuró, apoyando la cabeza contra el cristal-. Y yo soy la reina del maldito universo.
Una mujer sentada frente a ella la miró con desaprobación. Kaia fingió no verla y volvió la atención hacia su tableta electrónica.
Instituto Central de Compatibilidad Genética.
-Departamento de Análisis Biológico.
Primer día laboral confirmado.-
Todavía le costaba creerlo.
Después de seis años estudiando genética, prácticas interminables y profesores insoportables, finalmente tenía un puesto real.
Su madre había llorado esa mañana.
Su padre le dio un discurso de cuarenta minutos sobre responsabilidad laboral.
Y su hermano...
Kaia sonrió apenas.
Adrian simplemente le revolvió el cabello como cuando eran niños.
"Vas a hacerlo bien."
El tren disminuyó la velocidad al acercarse al distrito central.
Las puertas se abrieron con un sonido metálico suave.
Una corriente de aire frío le golpeó el rostro.
Y también el olor.
Kaia hizo una mueca instantánea.
-Genial... Varkh.
El enorme hombre bestia que acababa de entrar al vagón ni siquiera la miró, pero su presencia llenó el espacio completo.
Alto. Demasiado alto.
Cabello oscuro recogido hacia atrás.
Mandíbula marcada.
Ojos dorados.
Y ese maldito uniforme militar negro ajustándose a un cuerpo ridículamente grande.
Varias personas bajaron la mirada inmediatamente.
Otras fingieron revisar sus dispositivos.
Kaia intentó hacer lo mismo.
Aunque era imposible ignorarlo.
Los Varkh siempre atraían atención.
No porque fueran monstruosos.
Todo lo contrario.
Eran absurdamente atractivos de una manera intimidante.
Demasiado físicos.
Demasiado intensos.
Demasiado... conscientes de todo.
El hombre avanzó unos pasos y entonces sus ojos dorados se movieron hacia ella.
Directamente hacia ella.
Kaia sintió un escalofrío incómodo.
Él entrecerró apenas los ojos.
Como si intentara reconocer algo.
Ella apartó la mirada primero.
-No gracias -susurró-. Ya tuve suficiente testosterona territorial por hoy.
El hombre soltó un sonido bajo, casi divertido.
¿La había escuchado?
Por supuesto que sí.
Malditos sentidos Varkh.
Kaia tomó su bolso y salió rápidamente cuando el tren llegó a la estación central.
El edificio del Instituto Central se elevaba frente a ella como una estructura de cristal plateado gigantesca.
Guardias humanos, Varkh y Elyr vigilaban la entrada principal.
Eso ya era raro.
Había demasiada seguridad últimamente.
Desde las desapariciones.
Las noticias intentaban suavizarlo, pero todos sabían lo que estaba pasando.
Humanos desapareciendo.
Familias enteras denunciando secuestros.
Personas encontradas días después sin recuerdos.
Y el Consejo insistiendo en que "la situación estaba bajo control".
Sí, claro.
Kaia atravesó los detectores de seguridad mientras una voz electrónica verificaba su identidad.
-Kaia Arden. Veintitrés años. Nivel de acceso tres. Bienvenida.
Las puertas se abrieron.
El interior estaba lleno de científicos, pantallas flotantes y asistentes moviéndose de un lado a otro.
Kaia respiró profundo.
Este era su lugar.
Aquí sí sabía lo que hacía.
No importaban las razas, la política o los vínculos extraños.
La genética tenía lógica.
Las personas no.
-¿Kaia?
Ella levantó la vista.
Una mujer humana de cabello gris le sonreía desde el escritorio principal.
-Soy la doctora Mirel. Supervisaré tu integración.
-Eso suena menos aterrador que "supervisar mi rendimiento".
La mujer soltó una pequeña risa.
-Tu expediente dice que haces demasiados comentarios inapropiados.
-Mi expediente me conoce bien.
Mirel comenzó a caminar por uno de los pasillos luminosos.
-Tu hermano habló mucho de ti.
Kaia parpadeó.
-¿Conoces a Adrian?
-Claro. Él y su esposa colaboraron con el instituto hace dos años.
Ah.
Por supuesto.
Lysara.
La elegante Elyr que se había casado con su hermano.
Kaia todavía recordaba la primera vez que la vio.
Cabello blanco plateado.
Piel perfecta.
Movimientos suaves y precisos.
Los Elyr parecían criaturas diseñadas artificialmente para ser hermosas.
Y Lysara era amable.
Tranquila.
Inteligente.
Nada que ver con la imagen salvaje que Kaia tenía de los Varkh.
-Tu hermano dijo que eras brillante -continuó Mirel.
-Mi hermano está biológicamente obligado a decir eso.
-También dijo que eres problemática.
-Eso ya es más exacto.
La mujer volvió a reír.
Llegaron frente a unas puertas dobles enormes.
Al abrirse, revelaron un laboratorio inmenso lleno de cápsulas de análisis genético.
Kaia prácticamente dejó de respirar.
-Bienvenida al núcleo de compatibilidad.
Ella avanzó lentamente.
Pantallas flotantes mostraban patrones de ADN, estadísticas y vínculos registrados.
Era hermoso.
Caótico.
Perfecto.
-Aquí analizamos compatibilidades entre especies -explicó Mirel-. Tu trabajo inicial será revisar anomalías en pruebas recientes.
-¿Anomalías?
La expresión de la mujer cambió apenas.
-Resultados inconsistentes.
Eso llamó instantáneamente la atención de Kaia.
Porque el sistema de vínculos no cometía errores.
O al menos eso decía el gobierno.
-¿Qué tipo de inconsistencias?
Mirel dudó.
-Algunos perfiles muestran alteraciones imposibles... pero hablarás de eso después de firmar confidencialidad avanzada.
Claro.
Secretos gubernamentales.
Kaia apenas iba a responder cuando una alarma suave sonó en el laboratorio.
Varias personas levantaron la cabeza.
Una pantalla cambió automáticamente.
PROTOCOLO REAL ELYR ACTIVADO.
Kaia frunció el ceño.
-¿Un Elyr real aquí?
-Compórtate -murmuró Mirel rápidamente.
Demasiado tarde.
Las puertas principales se abrieron.
Y el aire mismo pareció volverse más frío.
Tres figuras Elyr entraron al laboratorio rodeadas por guardias.
Altos.
Elegantes.
Silenciosos.
Pero el que caminaba al centro...
Kaia entendió inmediatamente por qué la gente bajaba la voz alrededor de los Elyr.
Cabello blanco cayendo sobre ropa negra impecable.
Ojos plateados.
Rostro sereno.
Hermoso de una forma casi irritante.
El príncipe menor.
Aether Valeris.
Kaia lo reconoció al instante por las transmisiones oficiales.
Aunque verlo en persona era distinto.
Mucho peor.
Porque en pantalla no se notaba la intensidad de su mirada.
Los científicos hicieron reverencias leves.
Kaia no.
Mirel le dio un codazo discreto.
Ella apenas inclinó la cabeza.
Aether observó el laboratorio sin demasiado interés... hasta que sus ojos se detuvieron en ella.
Silencio.
Literalmente silencio.
Kaia sintió algo extraño en el pecho.
Como un tirón breve.
Incómodo.
Los ojos plateados del Elyr se entrecerraron apenas.
Confusión.
No.
Reconocimiento.
Y eso no tenía sentido.
Aether caminó directamente hacia ella.
Cada paso elegante y tranquilo.
Kaia tragó saliva antes de poder evitarlo.
Mirel parecía a punto de desmayarse.
El príncipe se detuvo frente a ella.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
-Tú eres Kaia Arden.
No era una pregunta.
Su voz era suave.
Controlada.
Casi hipnótica.
Kaia levantó la barbilla.
-Y tú eres famoso por entrar dramáticamente a los lugares.
Un guardia humano casi se atragantó.
Mirel cerró los ojos con sufrimiento.
Pero para sorpresa de todos...
Aether sonrió apenas.
Apenas.
-Tu expediente también era correcto.
Kaia parpadeó.
-¿Mi expediente?
-Dice que careces de sentido de autopreservación.
Ella cruzó los brazos.
-Y el tuyo dice que los Elyr son arrogantes.
-¿Solo arrogantes?
-También manipuladores, pero estoy intentando ser amable porque es mi primer día.
Los guardias parecían horrorizados.
Pero algo extraño brilló en los ojos plateados del príncipe.
Interés.
Real interés.
Antes de que Kaia pudiera entender por qué la estaba mirando así, otra alarma sonó.
Esta vez mucho más fuerte.
Las luces cambiaron a rojo.
Y una voz anunció:
-Unidad Varkh aproximándose.
Kaia soltó aire lentamente.
-Perfecto. Más drama político.
Las enormes puertas se abrieron violentamente.
Soldados Varkh entraron primero.
Y detrás de ellos apareció el comandante.
El mismo hombre del tren.
Oh no.
Kaia sintió que el estómago se le hundía.
El Varkh se detuvo en seco al verla.
Sus ojos dorados se clavaron en ella con intensidad brutal.
Entonces ocurrió.
Un sonido bajo escapó de su garganta.
No humano.
Instintivo.
Todo el laboratorio quedó inmóvil.
Kaia frunció el ceño.
-¿Qué...?
El comandante comenzó a acercarse lentamente.
Demasiado lentamente.
Como un depredador intentando contenerse.
Y entonces Aether dio un paso colocándose frente a Kaia.
El ambiente explotó en tensión.
Los ojos del Varkh brillaron peligrosamente.
-Apártate, Elyr.
La voz grave vibró en el laboratorio entero.
Aether no se movió.
-Compórtate, comandante.
Kaia miró entre ambos completamente confundida.
-¿Qué demonios les pasa?
Nadie respondió.
Porque ambos seguían mirándola a ella.
Como si acabaran de encontrar algo imposible.
La tensión en el laboratorio era tan espesa que Kaia estaba convencida de que podía cortarse con un bisturí.
Nadie hablaba.
Nadie respiraba normal.
Los científicos fingían revisar pantallas mientras observaban descaradamente desde la periferia. Los guardias humanos parecían preparados para intervenir en cualquier segundo, aunque todos sabían que si un comandante Varkh y un príncipe Elyr decidían pelear, probablemente no habría edificio que salvar.
Kaia, en cambio, solo estaba confundida.
Muy confundida.
Miró al enorme comandante frente a ella.
Luego al príncipe a su lado.
Y después señaló entre ambos con incredulidad.
-¿Van a decirme qué está pasando o tengo que adivinarlo?
El Varkh seguía observándola de una forma inquietante. Como si estuviera asegurándose de que era real.
Aether habló primero.
-La señorita Arden no recibió la notificación.
Kaia giró hacia él inmediatamente.
-¿Qué notificación?
El silencio empeoró.
Mirel abrió la boca... y volvió a cerrarla.
Nadie parecía querer responder.
Eso solo irritó más a Kaia.
-Bien. Excelente ambiente laboral. Todos actúan como si hubiera una bomba y nadie piensa explicarme nada.
El comandante Varkh finalmente avanzó un paso.
Era ridículamente alto.
Kaia tuvo que levantar ligeramente el rostro para mirarlo bien.
Odiaba eso.
-Te enviaron una convocatoria oficial hace tres días.
La voz grave vibró directamente en su pecho.
Kaia frunció el ceño.
-No recibí nada.
Los ojos dorados se estrecharon.
-Debías presentarte hoy hace una hora.
-Pues claramente no lo hice.
-Eso ya lo noté.
Ella cruzó los brazos automáticamente.
-Bueno, disculpa por no desarrollar poderes telepáticos.
Un sonido extraño escapó del Varkh.
Kaia tardó un segundo en darse cuenta de que estaba conteniendo una risa.
Eso la desconcertó aún más.
Porque hombres como él no parecían personas que rieran.
Parecían personas que arrancaban cabezas.
Aether observó el intercambio con demasiada atención.
-La notificación fue enviada correctamente -dijo finalmente.
Kaia sacó su dispositivo electrónico del bolso.
Revisó mensajes.
Correos.
Canales oficiales.
Nada.
Levantó el aparato.
-No hay absolutamente nada.
Uno de los asistentes del laboratorio se acercó nerviosamente para revisar el dispositivo. Sus dedos temblaron sobre la pantalla holográfica.
Luego palideció.
-El registro... fue eliminado.
Todos se quedaron en silencio.
Kaia bajó lentamente el brazo.
-¿Perdón?
El asistente tragó saliva.
-Aquí aparece que la convocatoria fue enviada... pero después alguien borró el acceso de recepción.
La expresión del comandante cambió al instante.
Oscura.
Peligrosa.
Aether también perdió parte de su calma elegante.
Y eso fue mucho más alarmante.
Kaia observó alrededor completamente perdida.
-¿ALGUIEN QUIERE EXPLICARME POR QUÉ TODOS ACTÚAN COMO SI YO HUBIERA DETONADO UNA GUERRA?
Mirel respiró profundo antes de hablar.
-Kaia... la convocatoria no era una reunión cualquiera.
-Ajá.
-Era una audiencia de compatibilidad vinculante.
Silencio.
Kaia parpadeó una vez.
Después soltó una risa corta.
-No.
Nadie respondió.
La sonrisa desapareció lentamente de su rostro.
-No.
Su mirada pasó hacia Aether.
Luego al comandante.
Luego nuevamente a Mirel.
-No.
La doctora parecía genuinamente incómoda.
-Las pruebas finales de tu vínculo fueron procesadas anoche.
Kaia negó con la cabeza.
-Eso es imposible. Las evaluaciones completas tardan semanas.
-Tu caso fue prioridad máxima.
-¿Por qué?
Otra vez el silencio.
Kaia empezaba a odiar los silencios.
-¿POR QUÉ?
Aether fue quien respondió esta vez.
Directamente.
Sin rodeos.
-Porque apareciste vinculada a dos individuos.
El mundo pareció detenerse durante un segundo.
Kaia soltó una carcajada incrédula.
-Eso no existe.
Nadie rio con ella.
Su estómago se hundió lentamente.
-No existe -repitió más despacio.
El comandante seguía observándola con una intensidad insoportable.
-Existe -dijo él-. Tú eres la prueba.
Kaia retrocedió un paso automáticamente.
-No.
-Kaia-
-No. El sistema no funciona así.
Su mente empezó a acelerarse.
No tenía sentido.
Los vínculos eran específicos.
Únicos.
Compatibilidades biológicas irrepetibles.
Una persona.
Un vínculo.
Siempre.
-Debe ser un error -dijo rápidamente-. Una contaminación de muestras o una alteración en el procesamiento genético. Eso pasa a veces con ADN híbrido o registros-
-No es un error.
Ella giró bruscamente hacia Aether.
El príncipe la observaba con una calma que empezaba a desesperarla.
-Las pruebas fueron verificadas siete veces.
-Pues verifíquenlas ocho.
-Ya lo hicieron.
-Entonces el sistema está dañado.
-No lo está.
-¡Pues algo está mal!
Su voz resonó en el laboratorio.
Varios científicos apartaron la mirada.
Kaia sentía el corazón golpeándole demasiado rápido.
No por miedo.
Por enojo.
Porque de repente todos actuaban como si su vida ya no le perteneciera.
El comandante habló otra vez.
-Tu vínculo fue activado esta mañana.
Kaia frunció el ceño.
-¿Qué significa eso?
Él sostuvo su mirada unos segundos antes de responder.
-Por eso pude reconocerte en el tren.
Ella se quedó quieta.
El aire abandonó lentamente sus pulmones.
El tren.
Por eso la había mirado así.
Como si la conociera.
Como si algo dentro de él hubiera reaccionado.
Kaia giró hacia Aether lentamente.
-¿Y tú?
Los ojos plateados no abandonaron los suyos.
-Sentí tu presencia apenas entré al edificio.
Eso no ayudaba en absoluto.
Para nada.
Ella soltó una risa nerviosa.
-Esto es ridículo.
Nadie parecía pensar lo mismo.
Kaia pasó una mano por su cabello intentando ordenar sus pensamientos.
-No. Esperen. Esperen. Digamos que esto fuera real... hipotéticamente.
Mirel parecía aliviada de que estuviera intentando razonar.
Grave error.
-¿Por qué demonios ustedes dos vinieron personalmente a buscarme?
El comandante respondió inmediatamente.
-Porque no apareciste.
-Eso no responde nada.
-Las audiencias vinculantes son obligatorias.
-¿Obligatorias para quién?
-Para todos.
Kaia abrió los ojos.
-Ni siquiera me conocen.
-Eso no cambia el vínculo.
-¡Claro que lo cambia!
El Varkh dio un paso más cerca.
Ella tuvo que obligarse a no retroceder.
-No entiendes cómo funciona esto.
-Pues explícame.
Él la observó en silencio un momento.
Y cuando habló otra vez, su voz fue más baja.
Más seria.
-Desde esta mañana puedo sentirte.
Kaia dejó de respirar un segundo.
-¿Qué?
-Sé cuándo estás alterada. Sé dónde estás aproximadamente. Tu olor quedó grabado en mi sistema nervioso apenas el vínculo despertó.
El laboratorio entero estaba demasiado callado.
Kaia sintió calor subirle al rostro.
No sabía si por incomodidad o por la intensidad brutal con la que él hablaba.
-Eso suena enfermizo.
-Para los Varkh es normal.
-Bueno, yo no soy Varkh.
-Lo sé.
Algo en su tono hizo que el pecho de Kaia se tensara extrañamente.
Aether intervino antes de que pudiera responder.
-Los Elyr lo experimentamos diferente.
Kaia giró hacia él agradeciendo la interrupción.
-¿Y cómo se supone que lo experimentan ustedes?
El príncipe inclinó ligeramente la cabeza.
-Tu presencia interfiere mis procesos cognitivos.
Ella parpadeó.
-Eso fue la cosa más Elyr que he escuchado en mi vida.
Por primera vez, una pequeña sonrisa real apareció en los labios de Aether.
Y fue peligrosamente hermosa.
-Significa que no puedo dejar de pensar en ti.
Silencio absoluto.
Kaia sintió que necesitaba salir corriendo.
Inmediatamente.
Porque nada de esto podía estar pasando.
Ella solo quería comenzar su trabajo.
Tener una vida normal.
Tal vez mudarse sola eventualmente.
No...
Esto.
-No voy a hacer esto -dijo finalmente.
Las expresiones de ambos hombres cambiaron apenas.
-Kaia- empezó Mirel.
-No. Escúchame. No voy a dejar que un sistema decida mi vida porque una máquina mezcló resultados genéticos.
-No fue una máquina- dijo el comandante.
-No me importa.
Respiró profundo intentando calmarse.
-Voy a solicitar revisión oficial.
-Ya fue rechazada.
Ella giró bruscamente.
-¿QUÉ?
Mirel parecía querer desaparecer.
-El Consejo aprobó el vínculo dual esta mañana.
Kaia sintió un vacío horrible en el estómago.
-¿Sin preguntarme?
Aether respondió con tranquilidad cruel.
-No necesitan tu consentimiento para validar un vínculo biológico.
Y eso.
Eso sí la rompió un poco.
Porque de repente todo se sintió real.
Real de una forma horrible.
Sus manos temblaron apenas.
-Entonces... ¿qué? -preguntó más bajo-. ¿Ahora simplemente esperan que acepte esto?
El comandante la observó fijamente.
-No.
Ella frunció el ceño.
-¿No?
-Esperamos mantenerte viva.
Y por primera vez desde que comenzó la conversación...
Kaia sintió miedo real.
Porque él no estaba exagerando.
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ENTRE COLMILLOS Y ESTRELLAS
Ciencia FicciónEn Neo-Vhalis, la humanidad ya no gobierna su propio destino. Después de la guerra que casi extinguió a los humanos, las grandes razas dominantes impusieron un sistema de supervivencia conocido como el Vínculo: una compatibilidad biológica obligator...
