Coming home: Prólogo.

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Tres años parecen poco hasta que tienes que pasarlos encerrada en el sótano de la casa de un extraño. Tras estar debajo de la tierra, la luz del sol te cega, el calor te quema y el viento te eriza la piel como si jamás lo hubieses sentido en la vida.

Claro está que el rostro de aquel hombre es lo último en lo que quiero pensar y sin embargo, lo que más habita mi cabeza. Cada vez que me miro ante un espejo, puedo verlo detrás de mí, aguardando a mi próximo movimiento como si cuando esté por dar el próximo paso, mi vida estaría en riesgo una vez más.

El día en que logré escapar, mi plan era correr hasta la estacion de policía mas cercana, pero apenas pude pisar la calle antes de paralizarme por completo. Tres chicas volviendo de la escuela me vieron en mi estado deplorable y corrieron a mi rescate como si su vida dependiera de aquello. Me llevaron a la casa de una de ellas y llamaron a la policía. Mientras esperaba, a pesar del plan que habia maquinado durante años, no dije ni una palabra.

Mi nombre, mi edad -aunque ya no la tenía clara- y la dirección de mi casa eran todo en lo que pensaba cuando estaba oculta en aquella habitación. Pero al salir, todo eso estaba borroso. El mundo real se veia algo extraño; como si todos hubiesen evolucionado a una nueva especie y yo permanecí exactamente igual que antes. Los árboles se veían más verdes y las calles más brillantes. Los colores de las casas eran tan vibrantes que no parecían ser aptos para el ojo humano. Por lo menos, no para el mío.

La policía llegó por mí tan rápido que sentí que estuve sentada por menos de un minuto. Al verme, el sheriff Jones se quedó parado debajo del marco de la puerta, viéndome fijo, como si de un fantasma se tratase. Vi sus ojos lagrimear un poco mientras tomaba su radio y murmuraba palabras que la distancia me impidió oir.

-Hola, Betty -dijo sin acercarse-

Lo miré desde mi lugar. No sentía miedo, calma, ni esperanza. Todo era realmente...extraño.

-¿Quieres venir conmigo a la comisaría?

Asentí con la cabeza. En sus ojos pude ver una mirada que luego de ese dia vería multiples veces en mi vida.

Creí que estabas muerta.

Cuando llegamos a la estación, mi mamá ya estaba ahí. Era la única persona en el lugar. Sus ojos se cristalizaron al verme.

En aquel momento, sentí mi cuerpo otra vez.

Corrí a los brazos de mi madre para romper en un llanto desesperado mientras me aferraba con mis sucias manos a su tapado rosa perfectamente limpio.

-Mamá -sollocé- Vamos a casa, p-por favor.

Pude sentir como intentaba no llorar, fallando terriblemente.

-Mi pequeña -susurró acariciando mi cabello con delicadeza- Ya estás aquí. No hay porqué temer.

Me separé por un momento para mirar su rostro. Ella me vio como si fuera la primera vez. De alguna manera, lo era.

-¿Quien te hizo esto, cariño? -dijo en un tono completamente destrozado, mientras examinaba los moretones y cicatrices en mi rostro-

Una vez más, las lagrimas brotaron de mis ojos como cataratas cuando volví a derrumbarme en sus brazos como una pequeña niña.

No estuvimos mucho tiempo allí. No paraba de pedirle a mi madre ir a casa. Solo quería ir a casa.

-Betty -un amable policía pronunció sentado frente a mí en aquella acogedora oficina- Puedes irte a casa. Pero antes, solo tengo una pregunta más.

Asentí con la cabeza. Solo quería irme.

-Esto es muy dificil, y si decides que la respuesta es no, eso no será un problema.

-¿Qué? -pregunté, algo cansada-

-¿Crees que si te muestro algunas fotografías, tu podrías identificar a...el hombre que te hizo esto?

Respiré profundo.

-Ya nos dijiste en donde está, como se ve y como es su casa. Si esto es demasiado para tí puedes decir que no. Solo...queremos estar seguros.

La puerta se abrió antes de que pudiera responder y un suspiro me hizo voltear.

-Creí que había dicho que dejemos a Betty irse a casa -El sheriff Jones dijo algo enojado-

-Solo-

-Deja a la niña en paz. Ya nos dio suficiente ya -tomó una pausa para respirar profundo- ya tuvo suficiente. Hay cuatro patrulleros en camino a la casa. Betty puede irse.

-Gracias -murmuré-

El hombre asintió con la cabeza y le dio una sonrisa empática a mamá antes de salir de la habitación.

No tardamos en subir al auto de mi mamá. Era nuevo, pero no parecía nuevo.

-Este no es tu auto -dije en voz baja, mientras me ponía el cinturón de seguridad-

Pude ver como mamá tomaba aire antes de hablar.

-Cariño, hay algo que debería contarte antes de ir a casa.

Algo confundida, voltee la cabeza para verla.

-Quiero ir a casa, mamá.

Ella asintió, tomando mi mano.

-E iremos a casa, mi amor. Todo está bien ¿Si? Solo... quiero que sepas...

La vi intentando buscar las palabras correctas. Comenzaba a asustarme.

-Mamá ¿Algo pasó con nuestra casa?

-No, cariño, no. Nuestra casa está bien. Solo...ahora hay...gente nueva ahí.

-¿Vendiste la casa?

-No -dijo sonriendo levemente por mi ingenuidad- Betty, mientras no estabas...yo comencé a salir con alguien.

-Oh...okay.

-Y ese hombre y yo estamos juntos desde hace un tiempo.

-¿Él vive en casa? ¿Eso quieres decir?

-Sí. Él y su hijo. Sé que esto puede ser mucho para tí, y si lo es, quiero que me lo digas ¿Okay? Todo tiene solucion y mi prioridad numero uno eres y siempre serás tu, cariño.

-¿Hay dos hombres desconocidos en casa? Mamá, yo no...

-Desconocidos es algo...errado.

-¿Qué quieres decir?

Fue en ese instante que el sheriff Jones paso frente al auto. Él y mamá compartieron una mirada.

Oh.

-¿Te casaste con el alguacil?

-¿Qué? Cariño, no me casé, no podría casarme, no...

Una pausa erizó toda mi piel de una sola vez.

-No sin tí.

Aquello me dejó pensando.

-Si quieres, podemos ir a casa y puedes...conocerlos. Quizá charlar con ellos. O puedo pedirles que nos dejen solas por hoy. Y luego nos ocupamos de eso.

-Está bien -dije mirando a mamá- No me molesta, solo...me da algo de miedo.

Acariciando suavemente mi mano, mi madre besó mi frente.

-No tienes que hacer nada que no quieras, cariño. Pero puedo asegurarte que ellos son las personas más amables que vas a conocer jamás.

Aunque aquello sonaba prometedor, dudé de la afirmación.

No volvería a confiar en nadie jamás.

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