El amor siempre ha sido una cosa extraña, ¿no es así?
Un día estás totalmente encogido en tu asiento viendo como todos los demás en el salón de clases hablan tan animadamente entre ellos, pero nunca contigo.
La hora del almuerzo es un tanto incómoda, pero al menos tienes el teléfono celular para fingir que te distraes con algo mientras escuchas risas ajenas a tus espaldas, encogiéndote en ti mismo —lo que es una tarea difícil porque, maldita sea, eres una torre comparada con los demás chicos de secundaria— y tratando de no pensar demasiado en cuanto te gustaría estar como todos los demás.
Los trabajos en grupo fueron lo más difícil porque nunca tuviste con quien hacerte o no hasta el día en que el maestro de ciencias decidió juntarte con la representación de un ángel en la tierra, ese chico lindo con ojos de cachorro que es amigo de todos ahora está hablando animadamente contigo, incluyéndote en la conversación y siendo muy amable, de una forma en que nadie nunca lo había sido.
Es entonces que, cuando el día finaliza y este te llama "amigo" pidiéndote intercambiar números de Line, se sintió como tocar el cielo con las manos por un segundo.
De ahí en adelante Hirose Aiki se volvió el objeto de su obsesión. Mandándole mensajes constantemente, buscando salidas, aprendiendo sus horarios y procurando siempre estar en los mismos grupos de estudio, todo para seguir manteniendo el contacto con su amigo.
Su mejor amigo.
Y todo parecía ir bien, en serio. A veces Hirose no respondía sus mensajes o declinaba las salidas, pero es porque el pobre está tan ocupado y él entiende, en serio que lo hace. Todavía y aun con los años lo sigue comprendiendo.
Pero a veces no resultaba ser suficiente.
Es con eso que, cuando las fotos tomadas en la escuela o la calle no fueron suficientes decidió ir un paso más allá y buscar directamente en la fuente de todos sus deseos: la casa de Hirose.
No fue fácil hacerlo, tuvo que vigilar la casa unas semanas y estar al pendiente que la familia no estaría por ir a visitar a la abuela de Hirose en Hirogawa. Es con eso que, cuando se dio la oportunidad, pudo ingresar a la casa de su mejor amigo para llevarse alguna que otra foto.
Fue difícil no tomar más de cinco, ¡y es que Hirose siempre fue tan lindo! No obstante, debía frenar sus impulsos porque de lo contrario se darían cuenta de que hacía falta algo y lo mejor era no alarmar a la familia.
Las fotos de Hirose fueron un paño frío ante una quemadura y más cuando acabo la secundaria y su mejor amigo se terminó yendo a una preparatoria completamente diferente a la suya, además de haber cortado casi la comunicación por completo.
Intento enviarle mensajes varias veces, pero este jamás respondía y solo lo pudo atribuir a lo distraído que siempre ha sido el otro chico.
—No soy de hablar demasiado por chat, Matsumara. Lo siento si crees que te estoy ignorando.
Fue la respuesta que le dio una vez entre clases cuando le pregunto por qué no respondió sus mensajes a los videos de perritos que le había estado enviando, pues se supone que son su animal favorito, no obstante, tuvo tanta lógica todo lo que dijo que decidió no insistir más con el tema.
Ir a buscarlo a su casa tampoco fue una opción, pues la familia se terminó mudando a otro lugar del cual nunca tuvo la oportunidad de preguntarle el nombre.
Es por eso por lo que, cuando los mensajes se fueron deteniendo y Hirose le empezaba a responder un poco menos que antes, le atribuyo todo a que el chico estaba demasiado ocupado.
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Dos de naranja con un poco de canela I GNK!
FanfictionNo suele confiar demasiado en las personas y si hay una en la que definitivamente no confía es en la loca del club de ocultismo. Es por eso que, cuando la encuentra una mañana ofreciéndole una soda de un color extraño a Hirose, sabe que algo definit...
