El primer día de instituto siempre me había parecido un salto al vacío, pero sabía que el aterrizaje sería suave si ella estaba cerca. Conozco a Iroha desde que tengo memoria; hemos compartido raspaduras de rodilla, helados derretidos en verano y secretos tontos bajo las sábanas. Ella siempre ha sido mi constante.
Sin embargo, esa mañana de otoño, algo cambió.
Llegué corriendo a la esquina de siempre, con las mejillas ardiendo por el esfuerzo y una bufanda larga de color marrón café que me daba tres vueltas al cuello. El frío de la mañana calaba hondo, pero me olvidé de él en cuanto la vi.
—¡Iroha! ¡Espera! —exclamé, frenando justo frente a ella y tratando de recuperar el aliento.
Iroha me esperaba con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta de punto azul. Al verme, sonrió de lado. Era la misma sonrisa de siempre, la que llevaba viendo desde los seis años, pero hoy, bajo la luz dorada de la mañana y con el uniforme nuevo del instituto, sentí un vuelco extraño en el pecho. Un latido de más, un tropiezo del corazón que me dejó sin aire y que no supe cómo explicar.
—Llegas tarde, Wonhee —dijo con esa voz suave que siempre me transmitía calma, aunque sus ojos brillaban con diversión—. Como siempre.
—Es que el autobús se retrasó... y me costó elegir los cuadernos —me justifiqué, haciendo un mohín para ocultar mis nervios.
Iroha soltó una risita limpia. Supongo que notó que estaba tiritando un poco, porque se acercó un paso. Sin decir nada, tomó el extremo libre de mi bufanda marrón y, con total naturalidad, se la enredó también alrededor de su propio cuello.
Nos quedamos atrapadas a apenas unos centímetros de distancia. Podía oler el perfume limpio de su ropa y sentir su respiración. Compartir ese calor me puso los pelos de punta.
—Así mejor. Vamos, o cerraremos el instituto nosotras —murmuró, empezando a caminar al mismo paso que yo para no dar un tirón de la bufanda.
Asentí en silencio, sintiendo que mis mejillas se calentaban mucho más de lo normal por el rubor y no por el abrigo. La miré de reojo: la forma en que el viento despeinaba algunos mechones de su cabello oscuro, la seguridad con la que caminaba... Todo en ella me resultaba familiar, pero a la vez, completamente nuevo.
El instituto apenas comenzaba, y de pronto me di cuenta de que el hilo que nos unía ya no era solo el de la infancia. Con el corazón latiéndome en la garganta, busqué su mano dentro del bolsillo de la chaqueta azul y la apreté con suavidad. Cuando Iroha me devolvió el agarre, entrelazando sus dedos con los míos, supe que mi mundo acababa de cambiar de rumbo para siempre.
En el aula
El timbre sonó y el bullicio del pasillo nos arrastró hacia el interior del aula. Como los asientos eran libres, Iroha me guio hacia una de las filas pegadas a la ventana. Nos sentamos una al lado de la otra.
Al quitarnos la bufanda que nos mantenía unidas, sentí una repentina corriente de aire frío, pero el calor en mis mejillas seguía ahí, intacto. Intenté concentrarme a toda costa. Saqué mis cuadernos nuevos y alineé mis lápices con una meticulosidad ridícula, todo con tal de no mirarla. Tenía miedo de que se me notara en la cara lo que estaba sintiendo.
—Wonhee —me susurró Iroha, inclinándose un poco hacia mí mientras el profesor empezaba a escribir en la pizarra—. ¿Me prestas un bolígrafo negro? Olvidé el mío en la prisa por salir.
—Ah, sí, claro.
Busqué en mi estuche y le tendí el bolígrafo. Cuando lo tomó, sus dedos rozaron los míos apenas un segundo. Fue un contacto mínimo, algo que en otra época no me habría importado, pero esta vez me dio un vuelco tan grande el corazón que la goma de borrar se me escurrió de las manos y rodó por el suelo.
Iroha se agachó rápidamente para recogerla al mismo tiempo que yo. Nuestras frentes casi chocaron debajo del pupitre, quedando a escasos centímetros de distancia. Me quedé congelada mirando sus ojos tranquilos, esos ojos que siempre sentía que podían leerme el pensamiento.
—¿Te encuentras bien? Estás muy silenciosa hoy —preguntó en un susurro apenas audible, con una pizca de preocupación que me derritió por dentro.
—Sí, solo... algo nerviosa por las nuevas materias —mentí, esperando que no pudiera escuchar los latidos de mi corazón, que en ese espacio cerrado sonaban como tambores.
Iroha sonrió con dulzura, me entregó la goma y regresó a su posición. Pero antes de soltar mi mano por completo, dejó una pequeña nota doblada sobre mi cuaderno.
La desdoblé con cuidado debajo de la mesa, asegurándome de que el profesor no mirara. La caligrafía limpia de Iroha decía:
"No te preocupes. Sea lo que sea, lo aprobaremos juntas, como siempre."
Miré la nota y luego su perfil. Ella simulaba prestar atención a la clase con una ligera sonrisa en los labios. En ese preciso instante, apretando el papel contra mi regazo, me di cuenta de que el instituto iba a ser mucho más difícil de lo que pensaba. Pero no por los exámenes, sino por el enorme secreto que ahora guardaba en mi pecho.
¿Qué te parece el cambio a su perspectiva? ¿Continuamos la escena del patio desde los ojos de Wonhee?
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WoonRoha (la historia no contada)
FanfictionDos amigas de la infancia, que empiezan el instituto, pero Woonhe tiene un pequeño problema... ¡Se ha enamorado de su mejor amiga! ¿Sera que Iroha tambien sienta lo mismo?
