📖Capitulo 1📖

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El primer rayo de sol no despertó a Jungkook. Fue el calor de la piel de Taehyung junto a la suya y el suave y rítmico sonido de su respiración. Abrió los ojos lentamente, y la primera imagen que registró fue el perfil sereno de su esposo, dormido sobre su hombro. A sus 27 años, Jungkook aún sentía que despertar así era el mayor lujo al que podía aspirar.

Deslizó una mano por la espalda desnuda de Taehyung, sintiendo la textura suave y tibia bajo sus dedos. Taehyung, a sus 26, era un poema hecho de líneas largas y elegantes, una calma viviente que desafiaba el caos del mundo. Se movió ligeramente, murmurando algo ininteligible, y sus lentes, que se habían quedado en la mesita de noche, parecían innecesarios. Jungkook conocía cada pestaña, cada lunar, cada curva de sus labios como si fuera su propio reflejo.

-Buenos días-, susurró Jungkook, su voz ronca por el sueño. Besó la sien de Taehyung, un gesto tierno y repetido mil veces.

Taehyung sonrió sin abrir los ojos. -No es mañana si no me besas primero-, replicó, su voz grave y llena de sueño. Finalmente abrió los ojos, y en ellos se reflejaba toda la devoción que Jungkook sentía. Se inclinaron para un beso lento y profundo, uno que no hablaba de pasión urgente, sino de un amor cómodo y seguro, tejido con miles de mañanas como esta.

Se quedaron así un rato, envueltos en las sábanas y en la quietud de su hogar, un santuario que Taehyung había construido con esmero. Era editor, trabajaba desde casa, y su mundo estaba hecho de palabras, libros y la belleza silenciosa de las cosas bien hechas. Jungkook, en cambio, vivía en el mundo del bullicio, de las reuniones y de las obligaciones sociales. Y esa tarde, la tormenta volvería a llamar a su puerta.

El teléfono de Jungkook vibró sobre la mesita, rompiendo el hechizo. Era Jimin.

-Jungkook, esta noche en el nuevo local de Yoongi, ¿estás? Es importante, hombre. Todo el equipo va a estar.

Jungkook miró a Taehyung, que ya se estaba incorporando y estirando con gracia para coger sus lentes. La pregunta no era necesaria, ambos conocían la respuesta.

-Claro que sí, Jimin. Ahí estaré-, respondió, colgando poco después.

-Vas a ir solo, ¿verdad?-, preguntó Taehyung, ya en modo "esposo comprensivo". Se puso de pie y se cubrió con una bata de seda, dirigiéndose hacia la cocina para preparar el café. Su silueta contra la luz de la ventana era una obra de arte.

-¿Quieres ir conmigo?-, preguntó Jungkook, aunque ya sabía la respuesta.

Taehyung se giró, sonriente. -Mi lugar favorito para una fiesta de empresa es mi sillón, con un buen libro. Tú ve y diviértete. Dile a Yoongi que le mando un saludo y una queja por el ruido.

Jungkook sonrió, no odiaba ir solo. Pero si odiaba las miradas de lástima, las burlas disimuladas. "¿Tu marido no te acompaña?", "Jungkook, ¿cómo aguantas a alguien tan... casero?", "En la universidad ya era un nerd encerrado en la biblioteca, ¿no ha cambiado?". Siempre lo mismo. Nadie entendía que la calma de Taehyung no era aburrimiento, era su ancla. Que su mundo silencioso no era una jaula, sino el único lugar donde Jungkook podía respirar de verdad.

Mientras se tomaban el café en la cocina, Jungkook observó cómo Taehyung hojeaba un manuscrito, totalmente absorto. Y por un instante, no fue el hombre de 27 años casado y feliz. Fue de nuevo el chico de 21, sentado en la biblioteca de la universidad, viendo a ese mismo chico de 20 años con unos lentes enormes y una concentración que lo aislaba del mundo entero, y sintiendo la primera chispa de una curiosidad que cambiaría su vida para siempre...

Jungkook terminó su café y dejó la taza en el fregadero, acercándose a Taehyung por detrás y rodeándolo con sus brazos. Apoyó la barbilla en el hombro de su esposo, inhalando el aroma limpio de su piel y el perfume sutil del jabón de lavanda que usaba.

Belleza silenciosa Stories to obsess over. Discover now