Me desperté angustiada.
No recordaba mi sueño, pero sabía que no había sido bueno. Al menos una vez al mes abría los ojos con esta sensación: como si algo faltara. Como si hubiera olvidado algo importante.
El problema era que no sabía qué.
Fui a desayunar, e hice a un lado mis sentimientos. Se había vuelto una costumbre comer algo dulce, y ahogar así la incertidumbre.
Terminé rápido. Me cambié y salí de casa.
Aún era temprano, así que decidí ir a pie hasta el trabajo. Estaba a unas pocas paradas de mi departamento, pero no solía salir lo suficientemente temprano como para ir caminando.
Estaba soleado. Me puse los auriculares, pero no pude concentrarme en la música.
Los pendientes me perseguían. Primero, terminar los reportes que me habían pedido. Después, revisar si Brian actualizó los datos faltantes. ¡El turno con el médico! Necesito cambiarlo.
Caminaba mirando al suelo, mientras hacía un recuento de las actividades que necesitaba hacer el día de hoy.
No me dí cuenta que alguien se aproximaba, hasta que sentí que choqué con él.
— Lo siento. Venía ensimismada en mis pensamientos.- me avergonzó haber quedado tan expuesta.
Levanté la mirada, esperando que aceptara mis disculpas. Tal vez una sonrisa amable y despreocupada.
— No esperaba que nos volviéramos a encontrar así.
Mi respiración se detuvo por un minuto. Suspiré y respondí con la mejor sonrisa que pude esbozar.
— Ni yo tampoco. Perdón... ya sabes que siempre fui un poco torpe. Me alegra ver que estás bien.
Lucas sonrió.
Su sonrisa era diferente a la que yo recordaba.
Su rostro también.
Ya no éramos los adolescentes que compartían tardes de risas y recreos. Sus ojos parecían cansados, pero aún conservaba la calidez de siempre.
— Lo mismo digo. ¿A dónde se dirige señorita? Tal vez pueda acompañarla.
Sonreí apenas.
— Creo que voy a retenerte demasiado tiempo. Todavía me faltan quince cuadras.
Miró su reloj.
Solo un segundo.
Pero eso alcanzó.
— No te preocupes. Tengo algunas cosas que hacer por el camino.
Sentí que si aceptaba, iba a olvidar todo lo que había tardado en construir.
— Qué bueno verte otra vez, Lucas.
Avancé enseguida.
Porque si me quedaba un segundo más, no estaba segura de poder irme.
— Ada.
Me detuve.
No esperaba que me llamara.
Me di vuelta, conteniendo las ganas absurdas de volver sobre mis pasos.
— También me alegró verte.
Le sonreí con la poca fuerza que me quedaba, y seguí caminando.
Doblé en la esquina, y mis piernas cedieron.
Me apoyé contra una pared.
Cada vez que nos cruzábamos algo en mi se rompía.
Podía sentir la distancia entre nosotros.
Y aun así...
seguía creyendo que era lo mejor.
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La chica que coleccionaba historias
Ficção GeralSobre las cosas que amamos, perdemos y volvemos a encontrar. Hay historias que nacen de grandes cambios. Otras aparecen en una mirada, una silla vacía, una despedida, una canción o una hoja guardada entre páginas. Esta colección reúne fragmentos de...
