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La lluvia llevaba cayendo toda la mañana cuando el coche de Manon entró finalmente en el campus universitario.

T/n apoyó la cabeza contra la ventanilla, observando los edificios de ladrillo, los grupos de estudiantes caminando bajo paraguas y las bicicletas abandonadas por todas partes. El viaje había sido eterno. Entre entrenamientos, el cambio de residencia y el hecho de que su antiguo alojamiento hubiese resultado ser literalmente inhabitable por una fuga de agua, estaba a un mal comentario de mandar todo a la mierda y volver a casa.

—Te juro que va a gustarte vivir aquí —dijo Manon por quinta vez en la última hora.

T/n soltó una risa cansada.

—Claro. Porque compartir casa con cinco desconocidas siempre acaba bien. Nunca ha existido un crimen documental que empiece así.

—Dramática.

—Realista.

Manon aparcó frente a una enorme casa que servía de residencia universitaria de estilo antiguo. Era bonita. Bastante más bonita de lo que T/n esperaba. Grandes ventanales, luces cálidas dentro y música sonando desde algún piso superior.

—Vale —murmuró T/n— Admito que parece sacado de una peli.

—Porque lo es. Nuestra casa es literalmente un reality constante.

T/n iba a responder cuando Manon frenó de golpe.

—No me jodas.

—¿Qué?

Manon señaló al frente.

Un Camaro rojo ocupaba DOS plazas de aparcamiento atravesado como si perteneciera al dueño del campus. T/n se quedó mirándolo unos segundos.

—Por favor dime que el imbécil que ha aparcado así no vive aquí.

Manon ni siquiera levantó la vista del volante.

—Peor. Es Daniela.

T/n arqueó una ceja.

—¿Daniela?

—Dani.

La manera en que lo dijo ya sonaba a advertencia.

—Tu compañera de habitación.

Ah genial. Eso explicaba muchas cosas.

—Tiene talento para sacar de quicio a la gente —añadió Manon mientras buscaba dónde aparcar— Pero intenta no matarla el primer día.

—No prometo nada.

Manon soltó una carcajada y por fin encontró sitio unos metros más adelante.

Mientras sacaban las maletas, varias personas pasaron junto a ellas bajo la lluvia. T/n notó algunas miradas sobre la moto negra aparcada detrás del coche.

Su moto.

Brillante, impecable, probablemente la única cosa que realmente le importaba materialmente.

—Esa moto es una locura —comentó un chico al pasar.

T/n sonrió.

—Lo sé.

Manon rodó los ojos.

—Le hablas más bonito a la moto que a las personas.

—La moto nunca me decepciona.

Subieron las escaleras cargadas de bolsas mientras la música se hacía más fuerte. La casa estaba llena de vida. Risas. Voces mezcladas. Y, por algún motivo, eso puso nerviosa a T/n.

Nunca fue un error - [Daniela Avanzini y t/n]Stories to obsess over. Discover now