Westbrook High despierta con una electricidad distinta.
No hay tormenta sobre South esa mañana, pero igual se siente como si algo pesado estuviera por romperse. Los pasillos hierven entre rumores, empujones y conversaciones a medias, como si cada estudiante cargara un secreto ajeno listo para explotar en el momento indicado.
Desde que Enzo y Matheo Sherman dejan claro —sin necesidad de discursos, solo con presencia-que Lara y Mía Lawrence están bajo su protección, el colegio entero cambia de tono.
Las agresiones físicas disminuyen. Los golpes “accidentales” desaparecen. Pero South nunca deja de atacar… Solo cambia de arma ahora usan palabras.
— Ahí vienen.
— Las princesitas protegidas.
— Quién diría… al final sí sabían cómo sobrevivir.
— Bueno, con los Sherman, ya sabemos cómo…
Lara sigue caminando, rígida. Mía, en cambio, parece una bomba con cuenta regresiva.
Ese lunes ambas vuelven a vestir simples: jeans, zapatillas, buzos neutros. Nada de lujo. Nada de Lawrence. Nada que merezca titulares pero da igual porque aquí el apellido pesa más que la ropa.
Sin embargo, el verdadero problema llega después del almuerzo...
Lara está guardando libros en su casillero mientras Mía revisa su teléfono con visible fastidio, ignorando comentarios ajenos como una profesional del desprecio. Entonces Savannah Blake aparece, como siempre, rodeada, perfectamente peinada e irritante.
— Vaya… — dice, cruzándose de brazos mientras bloquea el paso — Las protegidas oficiales de South.
— Qué agotadora eres — murmura Mía sin mirarla.
Savannah sonríe. — No, de verdad tengo curiosidad...— Se acerca más. — ¿Cómo funciona? Porque todos sabemos que los Sherman no hacen favores gratis.
Lara ya reconoce ese tono. Es veneno buscando una herida. — Savannah… — advierte, cansada.
Pero Savannah no se detiene.
— Digo, Enzo y Matheo son muchas cosas… pero héroes no. Entonces… — ladea la cabeza con crueldad calculada — ¿Con cuál tuvieron que acostarse primero para que decidieran cuidarlas?
El silencio cae tan fuerte como un disparo y Mía explota.
El golpe le cruza la cara a Savannah con tanta fuerza que el sonido rebota por el pasillo.
— Repite eso — escupe Mía, avanzando — Repite una sola palabra más.
Savannah tambalea, furiosa. — ¡Estás loca!
— No — responde Mía — Estoy harta.
Todo se descontrola demasiado rápido.
Una amiga de Savannah se lanza sobre Mía. Otra intenta sujetarla del cabello. Los gritos estallan, los casilleros tiemblan y entonces Lara deja de contenerse.
Durante semanas soporto con la cabeza agacha pero ver a Mía rodeada…No.
Lara empuja a una chica lejos de su prima. Bloquea otro golpe. Y cuando Savannah intenta devolverle el ataque a Mía, Lara gira y le conecta un puñetazo directo.
Savannah cae al suelo, completamente en shock. No solo porque duele. Sino porque nadie esperaba eso de “la princesa”.
— No vuelvas a hablar así de nosotras — dice Lara, respirando con fuerza — Nunca más.
Y por primera vez no suena como una amenaza vacía, suena real.
Una profesora las ve y rompe el ambiente en un filoso grito— ¡DIRECCIÓN! ¡AHORA!....
Una hora después, el despacho del director parece una olla a presión.
Savannah dramatiza. Mía sigue furiosa. Lara tiene los nudillos rojos y cuando Helena entra el aire cambia.
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En tus manos
RomanceCuando los negocios oscuros terminan enterrando tu mundo, hay una sola persona que puede salvarte
