Capítulo 1: Te conocí
El sonido del balón impactando fuertemente contra la madera resonaba en el gimnasio de la preparatoria. Luccas Millert era un chico popular, el indiscutible capitán del equipo de básquetbol. Para cualquiera que lo mirara desde fuera, su vida parecía perfecta, pero en realidad era perfectamente aburrida. Nada nuevo ocurría jamás en ese lugar. Detrás de su fachada de atleta estrella, Luccas se había acostumbrado a fingir sus sentimientos, esforzándose día a día por mantener una imagen impecable ante los demás.
Su atractivo físico y su carisma no pasaban desapercibidos; enamoraba con la misma facilidad tanto a chicas como a chicos. Sin embargo, en el fondo, nunca se había enamorado de nadie. Todo en su vida había sido demasiado fácil. Había salido con múltiples personas, hombres y mujeres por igual, disfrutando de la atención y del juego de la seducción. Sabía lo que provocaba en el instituto; después de todo, ¿quién podría resistirse a un moreno con su estampa y talento?
Mientras jugaba al básquetbol en la cancha de la escuela, Luccas clavó el balón en el aro con una fuerza que hizo vibrar el tablero. Al caer de regreso al suelo, observó la pelota botar lejos y un pensamiento amargo lo invadió.
—Quiero volver a casa —murmuró para sí mismo con nostalgia justo después de encestar.
A pesar de su popularidad, se sentía profundamente solo. Era un chico dominicano viviendo en los Estados Unidos, y para él, ese país se había convertido en el lugar más aburrido del mundo. Extrañaba su tierra, el calor de su gente y la música. Deseaba con todas sus fuerzas regresar a su verdadero hogar.
Al llegar la hora de la salida, el cielo gris finalmente cedió y empezó a llover con fuerza. Luccas caminaba hacia la salida del recinto escolar cuando un imprevisto lo hizo detenerse.
—Mierda, olvidé mi paraguas —pensó fastidiado, cruzándose de brazos bajo el umbral del techo.
Fue en ese instante cuando algo llamó su atención a través de la cortina de agua. En medio del patio, bajo la tormenta, un chico de cabello rubio corría desesperado. Lo curioso y alarmante era que estaba completamente descalzo, y justo detrás de él, dos chicos bastante altos y con intenciones claramente hostiles lo perseguían de cerca.
Luccas no era de los que se quedaban de brazos cruzados ante una injusticia. Avanzó unos pasos hacia la lluvia y alzó la voz con autoridad, haciendo valer su peso como capitán del instituto.
—¡Oigan! —exclamó con firmeza—. Dejen a ese chico en paz. ¿No ven que está chiquito? Es un estudiante de los cursos menores, déjenlo.
Al escuchar la imponente voz de Luccas, los dos perseguidores se detuvieron en seco. Al reconocerlo, intercambiaron una mirada nerviosa y retrocedieron, decidiendo que no valía la pena buscarse problemas con el atleta más popular de la escuela. Se dieron la vuelta y se marcharon a toda prisa.
El chico rubio, ya a salvo, se detuvo y se giró lentamente para mirar a su salvador. Luccas lo observó con curiosidad, esperando una expresión de agradecimiento, pero en su lugar se topó con unos ojos afilados y gélidos.
—¿Por qué me dices "chico"? —preguntó el rubio, clavándole una mirada helada que destilaba orgullo.
Luccas se quedó sorprendido por la reacción. Una sonrisa arrogante, pero genuinamente intrigada, comenzó a dibujarse en sus labios. "Nunca nadie me había hablado así... es... interesante", pensó para sus adentros. Estaba sumamente acostumbrado a que todos cayeran rendidos ante él a la primera sonrisa, por lo que aquel rechazo resultó ser un estimulante desafío.
—¿Y cómo te llamo entonces? ¿Niño de secundaria? —respondió Luccas en un tono burlón, buscando provocarlo a propósito para ver hasta dónde llegaba.
El rubio se tensó notablemente, indignado por la provocación.
—Me llamo Kaize y no soy de secundaria. Soy de preparatoria también, tengo 17 años —declaró el muchacho, fulminándolo con lo que parecía una auténtica mirada asesina.
Luccas soltó una pequeña risa, divirtiéndose cada vez más con el carácter del rubio.
—Soy mayor que tú —respondió con una sonrisa ladeada y superior.
Mientras lo contemplaba mojado por la lluvia, un pensamiento posesivo e intenso cruzó la mente de Luccas: "Este chico es jodidamente interesante. Quiero conocerlo... quiero tenerlo para mí".
—¿Me importa? No —sentenció Kaize de golpe, cortando cualquier intento de coqueteo y fulminándolo una vez más con la mirada.
—Soy Luccas. Deberías agradecerme, ¿no crees, Kaize? —le recordó el dominicano, cruzándose de brazos con autosuficiencia.
Kaize suspiró profundamente. El calor de la rabia pareció disminuir un poco y sus hombros se relajaron visiblemente bajo la ropa húmeda.
—Gracias, Luccas —articuló finalmente, aunque el tono seguía siendo seco. Luego, miró a su alrededor con incomodidad—. Eres nuevo por aquí, ¿verdad? —preguntó Luccas mientras metía la mano en su bolsillo, sacaba un cigarrillo y lo encendía con calma para proteger la llama de la brisa húmeda.
Kaize arrugó la nariz de inmediato al oír el clic del encendedor.
—Eso mata —le reclamó, señalando el cigarrillo con desagrado—. Y sí, recién me mudé a esta zona... Por cierto, ¿no tienes paraguas?
Luccas le dio una calada al cigarrillo y exhaló el humo con parsimonia.
—Me compraré uno en la tienda de conveniencia que está cruzando la calle —respondió sin darle mucha importancia.
Kaize asintió una sola vez, recuperando su distancia habitual.
—Okay. Adiós —se limitó a decir el rubio antes de dar la vuelta y caminar bajo la lluvia.
Luccas se quedó estático un momento, viendo cómo la silueta de Kaize se alejaba hasta perderse de vista. Después de terminar su cigarrillo, él también emprendió el camino de regreso.
Al llegar a su hogar, un departamento amplio y moderno, Luccas tiró la mochila en un rincón y se dejó caer pesadamente sobre la cama. El techo de la habitación parecía aburrido, pero su mente estaba completamente revolucionada. La imagen de Kaize, con su cabello rubio empapado y su mirada desafiante, no se le salía de la cabeza.
De repente, una oleada de calor desconocido recorrió su cuerpo.
—Whoa... ¿Qué es esto? —se preguntó en voz alta, llevándose una mano al pecho mientras sentía cómo los latidos de su corazón se aceleraban.
Se sentía extrañamente excitado. Era la primera vez en su vida que experimentaba una sensación tan intensa y eléctrica con solo pensar en alguien. Un deseo posesivo y ardiente lo consumió por completo. "¡Quiero que sea mío!", se repitió mentalmente con desesperación.
Se miró el cuerpo y, al notar la inevitable reacción física que el recuerdo del rubio había provocado en su entrepierna, se llevó la mano a la zona para tocarse a través de la ropa. Cerró los ojos con fuerza. En su mente se reproducía el cuerpo estilizado de Kaize, su carita bonita que parecía tener rasgos coreanos y ese llamativo pelo rubio que contrastaba con su mirada fría.
Llevado por la fantasía, Luccas se entregó por completo al placer en la soledad de su habitación, imaginando el momento en que tuviera a Kaize frente a él, visualizándolo gemir bajo su toque hasta alcanzar el clímax.
Cuando finalmente recuperó el aliento, tendido sobre las sábanas desordenadas, Luccas esbozó una sonrisa llena de determinación.
—Me encanta esta sensación... —susurró para la oscuridad del cuarto—. Lo volveré a buscar.
Continuara
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Lo mas salado se vuelve dulce
Ficción GeneralLa historia de un enigma con todo a sus pies y un omega con mala suerte... lo mas salado se vuelve dulce... despues de algunos eventos desafortunados claro 😂✌️
