En lo profundo de las montañas de cristal, donde la tecnología humana no es más que un mito, existía la Cuna de los Girasoles. Allí, la vida se regía por el silencio, la tradición y la pureza. Se decía que los omegas de la familia Park no hablaban, sino que susurraban, y que su sola presencia era capaz de calmar la tormenta más violenta.
Pero entonces nació Park Jimin.
Desde su primer llanto, la aldea supo que algo andaba mal. No fue un llanto débil; fue un grito de guerra que sacudió las lámparas de papel del templo. Y luego estaba su aroma. Mientras sus primos olían a sándalo o a té blanco, Jimin inundaba cada habitación con un perfume de fresas frescas tan dulce y vibrante que resultaba casi agresivo para los sentidos de los ancianos.
—Está defectuoso —susurraban las matronas mientras veían al pequeño Jimin, de apenas cinco años, patear un jarrón milenario porque no le habían dado su postre a tiempo—. Es demasiado... histérico.
Jimin creció bajo el peso de esas palabras. "Defectuoso". "Demasiado difícil". "Un error de la naturaleza". Lo obligaban a meditar durante horas para apagar su fuego interno, pero Jimin solo acumulaba más chispas en su pecho. Él no quería ser un adorno silencioso; él quería gritar, correr y ser dueño de su propio aroma.
El punto de no retorno llegó en su decimoctavo invierno.
La sala principal estaba decorada con hilos de oro. Frente a él, un alfa de hombros anchos y mirada cruel lo observaba como si fuera un trofeo de caza. Era su prometido, el hombre encargado de "domar" el espíritu rebelde del heredero de los Park.
—Es un poco pequeño, pero servirá —dijo el alfa, extendiendo una mano ruda para apretar la mejilla de Jimin—. Aprenderá a bajar la cabeza pronto.
Algo se rompió dentro de Jimin. No fue tristeza, fue furia pura.
—¡No me toques con tus manos sucias! —chilló Jimin, su voz resonando como un trueno en el salón sagrado.
En un movimiento rápido y lleno de esa torpeza elegante que lo caracterizaba, Jimin agarró la mesa de caoba y, con una fuerza que nadie esperaba de un omega "débil", la volcó sobre el regazo del alfa. Los platos de porcelana estallaron, el vino tinto manchó las alfombras blancas y el caos se desató.
—¡Me largo de este lugar de locos! —gritó, con el rostro rojo de la rabia y las lágrimas picando en sus ojos.
Antes de que los guardias pudieran reaccionar, Jimin saltó por la ventana abierta, sus túnicas de seda enganchándose en los rosales. Corrió hacia el bosque, hacia la frontera que separaba su mundo místico de la ciudad gris de los humanos. No llevaba nada más que el suéter beige que le robó a un campesino en el camino y su orgullo herido.
Días después, exhausto y con el estómago rugiendo de una forma que nunca había experimentado, Jimin colapsó en un callejón oscuro de la gran ciudad. Estaba lloviendo, tenía frío y su aroma a fresas estaba apagado por el barro.
Entonces, lo sintió.
Un aroma a carne asada, especias caras y algo... algo metálico y frío que lo hizo estremecer. Provenía de la puerta trasera de un edificio elegante con un letrero de neón.
Jimin se arrastró hacia el olor, sus ojos brillando en la oscuridad como los de un pequeño depredador hambriento. No sabía quién cocinaba allí, pero sabía una cosa: tenía hambre, estaba enojón, y ese lugar sería su nuevo refugio.
Sin saberlo, el "dulce gatito" acababa de entrar en el territorio de Jeon Jungkook.
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. ¡Bienvenidos a una nueva historia! Hoy empezamos este camino y me encantaría que me acompañen. Si les gusta el comienzo, por favor comenten y voten; su apoyo significa el mundo para mí y me motiva a seguir escribiendo. 💖
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.🍓•𝐄𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐃𝐞𝐬𝐭𝐢𝐧𝐨𝐬.🍓•
FanfictionJeon Jungkook es el dueño del restaurante más exclusivo de la ciudad. Es un chef infalible, frío y obsesivo, cuya cocina es su templo. Nadie entra sin su permiso. Pero algo está rompiendo su perfección. Alguien le está robando. Y no es un simple ani...
