El chico en la banca.

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Veo hacia el final de la banca y ese chico sigue ahí. Siempre viene a los entrenamientos, hace calentamiento y luego permanece sentado. Es el hermano menor del jugador estrella, pero nunca juega; solo se queda observando.


Es difícil no notarlo, al menos en mi caso. Todos actúan como si no existiera. Pregunté a un par de compañeros, pero solo me dijeron que lo ignorara. Lo he intentado, pero me resulta bastante llamativo.

Su cabello verde siempre está alborotado; tiene los ojos azules, la piel clara y ese extraño dispositivo que cubre la mitad de su cara: la nariz y la boca, para ser exactos. Es una especie de máscara antigás, bastante parecida a un cubrebocas de acero, que muestra expresiones digitalizadas a través de una pantalla ubicada donde deberían estar sus labios.


—Hola, soy Benjamín. Hace un par de meses me uní al equipo y me he dado cuenta de que eres el único al que no conozco .

Digo, al acercarme y quedarme de pie a su lado.

A esta distancia, luce aún más extraño.


Conocer gente nueva es un reto para muchas personas; yo soy un experto en el tema. Como papá siempre dice, el miedo es solo una emoción más. ¿Estoy nervioso? Sí. ¿Tengo miedo? No. En el peor de los casos, solo me ignora o me dice que no lo moleste.


—Hola, Benjamín. Soy William.

La máscara muestra una sonrisa digitalizada, como la boca de un emoji, la cual luce muy alegre.


Me encanta conocer gente; siempre estoy haciendo amigos. Si quiero ser lógico, puedo hablar con el club de matemáticas; si quiero ser extrovertido, los deportistas son el grupo indicado. Muchos grupos de amigos para las diferentes facetas de Benjamín.


La voz de William es dulce y amigable; su gesto me indica que le alegra nuestra conversación, o eso supongo. Pensé que me diría que me fuera o que sería bastante ególatra. Me ha pasado con algunos miembros del club de soccer.


—¿Por qué nunca juegas? ¿Hay alguna razón? 

pregunto.

Es algo directo, lo admito, pero es la razón por la que me acerqué a hablarle... bueno, una de ellas.


—Bueno, nadie quiere entrenar conmigo; por eso no aprendo y sigo siendo malo.

La máscara sigue mostrando una sonrisa. Su tono de voz es de vergüenza, pero la pantalla lo muestra sonriente. Incluso hace ese gesto de rascarse la nuca y desviar la mirada.


—¿Qué es ese dispositivo?

Esa máscara es la mayor interrogante sobre este chico. 


Estiro la mano para señalarla, pero parece que William malinterpreta mi acción y cree que intento tocarla.

El chico se pone de pie y retrocede unos pasos. Luce bastante nervioso; incluso se tensa. 

No deja de mostrar una sonrisa en pantalla.


—Es un dispositivo para ser más sociable.

Dice el joven, y la pantalla muestra una sonrisa nerviosa.

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