cap. 1 lo que la noche esconde

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Son las cinco de la mañana. Mel despierta en una cama desconocida, cubierta apenas por una sábana blanca.

El sonido del despertador rompe el silencio.

—Ugh... qué dolor de cabeza... —murmura, incorporándose lentamente.

Con los ojos entreabiertos, se lleva una mano a la sien y frunce el ceño, como si intentara recordar algo que no termina de encajar.

Se levanta de la cama, cubriéndose con la sábana, y camina hacia la puerta.

Al salir, se detiene.

Recorre el pasillo con la mirada: objetos rotos, ropa tirada por el suelo... salpicaduras oscuras en las paredes.

Avanza despacio. Cuanto más observa, más se acelera su respiración.

Se detiene frente a una puerta entreabierta.

Baja la mirada.

En el suelo yace el cuerpo de un hombre, completamente desnudo. Su piel está cubierta de cortes, y un cuchillo permanece clavado en uno de sus ojos.

Mel lo observa en silencio.

Cuanto más lo mira, más se detiene en cada detalle.

Una sonrisa se dibuja lentamente en su rostro.

Se lame los labios.

—Ah... —deja escapar en un suspiro.

—Eres un hijo de puta... pero follas como un dios.

La risa que suelta es baja, seca, casi incómoda. No hay calidez en ella.

Se levanta despacio, como si su cuerpo no terminara de pertenecerle, y camina hacia el baño. Enciende la luz. El espejo le devuelve una imagen que no reconoce... o que prefiere no reconocer.

Se quita la peluca con cuidado. Después, las lentillas. Sus ojos vuelven a ser los de siempre: fríos, vacíos... despiertos.

Abre el grifo. El agua corre. Se frota las manos más de lo necesario. Entre los dedos, bajo las uñas... insiste.

Una sombra rojiza desaparece por el desagüe.

Se queda un segundo más, observando cómo el agua arrastra cualquier rastro. Entonces sonríe. Apenas.

Vuelve a la habitación, ya vestida, ya otra vez ella.

Se detiene frente a la puerta. Mira por la mirilla.

Silencio.

Pero no confía en el silencio. Nunca lo ha hecho.

Su mano se posa en el pomo. Esta vez, sin dudar.

Sale de la habitación y cuelga el cartel de No molestar con un gesto casi automático.

El pasillo se extiende ante ella, largo, silencioso. Sus pasos no hacen ruido. Nunca lo hacen.

Llega a la recepción sin mirar a nadie. Se coloca las gafas de sol antes de cruzar la puerta, como si necesitara borrar cualquier rastro de lo que acaba de pasar.

Fuera, el aire le golpea la cara. No reacciona.

Camina hasta el coche. Mira la hora.

—Bien... —murmura—. Una hora.

Arranca el motor. Sus dedos se relajan sobre el volante.

—Tiempo suficiente para volver a ser quien esperan que sea.

Hace una pausa. Una mínima curva en sus labios.

—Echaba de menos esto... —susurra—. La sensación. El control.

El coche se pone en marcha y se pierde entre el tráfico, como si nunca hubiera estado allí.

Nadie diría que, hace apenas unos minutos, había sangre en sus manos.

Y aun así... ella todavía puede sentirla.

Llega a su casa y lo primero que hace es quitarse los zapatos. Sin encender las luces, de dirige a la habitación. Frente al tocador, se quita la peluca y las lentillas con movimientos preciosos, casi mecánicos. A un lado hay una caja ordenada con distintas pelucas y varios tipos de lentes, cada una cuidadosamente guardada.

Después va a la cocina y se prepara un café. Mientras espera que hierva el agua, no puede dejar de pensar en lo que paso esa noche.

Mientras el café se hace, se sienta en la silla de la barra de la cocina y mira el teléfono. En la pantalla aparecen las fotos que se hizo con el chico.

⁃ uno menos... J.J ya no harás daño a nadie mas- murmura en voz baja.

Mientras habla, empieza a borrar las imágenes una a una, sin dudar, con la misma calma con la que hace todo lo demás.

El sonido de la cafetera la saca de sus pensamientos. el café está listo.

Se sirve un vaso y de un pequeño sorbo, todavía mirando la pantalla apagada del móvil.

En ese momento, el teléfono suena. Es su jefe.

Respira hondo, deja el vaso en la encimera y contesta, como si nada hubiera pasado.

⁃ mel, soy Jack- dice su jefe al otro lado del teléfono-. Sé que todavía no es hora, pero nos han llamado del hotel Mirador Azul. Han encontrado el cuerpo de un chico en una habitación....

Hace una breve pausa.

⁃ te llamo porque... bueno, cuando vengas ll entenderás.

Mientras escucha, a Mel se le escapa una ligera sonrisa, casi imperceptible.

⁃ vale, jefe. Ahora me cambio y voy para alla- responde con calma. Cuelga.

Da el último sorbo de café sin prisa, como si nada la hubiera alterado. Deja el vaso en la encimera.

Se pone el uniforme. Se mira un segundo en el espejo. Su expresión no cambia, sale de la casa.

El coche arranca rumbo al hotel.

Sangre y uniformeStories to obsess over. Discover now