Cuervo desplumado

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Observar. Eso era todo lo que podía hacer.

Desde el tronco viejo, un ave contemplaba cómo enterraban un nuevo cuerpo en el gran panteón. Apenas ayer habían llegado tres nuevos huéspedes, y hoy, a primera hora llegaba este.

Era deprimente, demasiados cuerpos empezaron a habitar el lugar sin previo aviso. Con la llegada del nuevo alcalde, el terreno había dejado de ser un sitio de despedidas nostálgicas y recuerdos, en cambio, se transformó en una morgue lúgubre y trágica.

—¡Es el cuervo de la muerte! —gritó una mujer, con un terror notorio.

Ese nombre lo perseguía como una sombra pegajosa. Pero el cuervo sabía la verdad o al menos eso creía, estaba seguro de que él no traía el final, simplemente lo presenciaba; sin embargo, en los últimos meses, hasta él había empezado a dudar. Demasiadas coincidencias, en tan poco tiempo.

El funeral terminó más rápido de lo normal, probablemente por la presencia del ave. Cuando el silencio regresó al cementerio, el pájaro descendió hasta la nueva lápida. Ese era su ritual, permanecer allí para que nadie estuviera solo en su primera noche bajo tierra.

-¡Hola, Paul! - El cuervo dió un pequeño salto al ser sorprendido por un delgado zorro

-Mira lo que tengo- el Canino sacudió con alegría un sándwich medio quemado.

-Clyde, ¿Otra vez le robaste al alcalde?-

-Claro, de todos modos lo tiene bien merecido-

Paul sonrió; Clyde era el único ser vivo que se acercaba a él sin temor; el único que veía a "Paul" y no al "Presagio".

El cuervo sonrió cuando un trozo del sandwich fué colocado frente a él.

-Debiste ver la cara del alcalde cuando no encontró su "emparedado"- bromeó el zorro con una pobre imitación del hombre

Ambos comieron en total comodidad, ajenos a sus problemas. Para el mundo, Paul era una maldición; para Clyde, era simplemente su amigo, que escuchaba sus historias de huidas, el único que compartía su soledad.

-Está raro todo, ¿no? - preguntó Clyde, lamiéndose una pata

-Los zorros olemos el miedo, Paul. Y este pueblo apesta a eso- No recibió respuesta.

Los días continuaron con normalidad, una rutina que se volvió enfermiza, hasta ese día. Un miércoles que pretendía ser como cualquier otro, una joven apareció en el cementerio, robándose toda la atención del cuervo. Paul la conocía bastante bien, la desdichada mujer se había visto obligada a sepultar a toda su familia, y al parecer el último integrante que le quedaba, su amado gato, había tenido el mismo destino.

Con las manos desnudas cavaba, desesperada, con una tristeza palpable. hurgó en la tierra hasta que el sepulturero la detuvo.

-Elise, no puedes hacer eso-

-Pero... mi familia...-

-No hay espacio, no podemos permitirnos enterrar a un gato-

-por favor-

-Habla con el alcalde, que él resuelva esto-

La joven apretó los labios con una rabia contenida. Al levantar la vista, encontró los ojos de Paul. La joven, a pesar de conocer la leyenda, no vio el mal augurio, sino que notó una chispa de comprensión absoluta y para el cuervo ese sentimiento fué mutuo.

Paul siguió a Elise con curiosidad, ignorante de las miradas que el sepulturero le otorgaba.

-¿A dónde vas?- Clyde le bloqueó el paso

-Solo quiero estar con ella, está sola...- pensó con cautela su siguiente frase -...Como tú y yo-

El zorro se apartó del camino

-Bien, mientras tu vas con ella, yo le daré un entierro digno a ese gato, Eso la hará feliz ¿no?-

-Si Clyde, muchas gracias-

El cuervo siguió a la joven hasta su casa, y ahí, cuando ella se asomó por su ventana, encontrándose con ese cuervo el consuelo mutuo volvió a hacer presencia.

En la noche, Paul regresó al cementerio. Se encontró a su amigo acurrucado en un un arbusto, al lado de una pequeña cruz hecha con palitos; sonrió ante el esfuerzo del zorro.

Él se acurrucó en el grupo de hojas al que llamaba nido y esperó ansioso la mañana, Elise se pondría feliz de ver lo que había hecho Clyde y el tendria una amiga humana que no lo consideraría mal presagio; más un montón de comida que no tendrían que robar... por primera vez, algo estaba saliendo bien.

A la mañana siguiente, El zorro se levantó sobresaltado, el fuerte sonido de algo siendo disparado con gran fuerza lo alertó. Se ocultó tras el arbusto y observó tal y como lo hacía su amigo toda la situación.

Un grupo de personas enfurecidas estaba allí, la joven estaba entre la multitud, llorando amargamente, y frente a todos el alcalde estaba sosteniendo un arma que desprendía humo por el reciente disparo.

-El Cuervo de la muerte se ha ido, la tragedia ha llegado a su final-

El canino sintió como todo su pelaje se erizaba, dirigió su mirada a la parte alta del árbol viejo, ese lugar donde dormía su amigo estaba vacío; sus ojos bajaron lentamente hacia el suelo, temiendo lo que se encontraría.

Desdicha la suya cuando presenció los ojos apagados de Paul.

-¡Eso es por querer condenar a Elise!-

-¡La pobre joven a pasado por mucho!-

-¡Maldito cuervo!-

Tantas frases de odio hacia su amigo le hacían hervir la sangre, estaba tan enojado que incluso cuando todos ya se habían retirado, "victoriosos", y la joven se acercó con pesar al ave, él le lanzó una mordida.

La humana alzó las manos intentando mostrar su buenas intenciones; una vez la calma regresó, acercó su mano al zorro para acariciarlo, él aceptó, se dejó consolar, ambos llorando la pérdida.

No importa lo que la gente crea, la tragedia no había acabado, Paul no era el causante de sus desgracias, solo era un cuervo que solo podía observar, así como Elise, Así como él.

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