Capítulo 1

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El eco de la lluvia

El aire acondicionado del consultorio zumbaba con una frialdad que calaba los huesos, pero nada comparado con el vacío que Film sintió cuando el doctor pronunció la palabra: Leucemia.

Médico    :   Es tratable, señorita Film. La detección es temprana, pero necesitamos empezar la quimioterapia de inmediato    -dijo, con su voz sonando como si viniera de debajo del agua- 

Film no escuchó más. Su mente se convirtió en un proyector de cine reproduciendo sus peores momentos del día. Apenas unas horas antes, su jefe, un hombre cuya arrogancia llenaba la oficina, le había gritado frente a todos: "¡Eres una idiota, Film! No sirves ni para llevar una agenda. Estás despedida, lárgate antes de que llame a seguridad".

Sin seguro médico, sin trabajo y ahora con una sentencia de muerte en los análisis de sangre, Film salió del hospital como un fantasma.

Subió al primer tren que vio en la estación de Bangkok. No miró el destino. Solo quería que el movimiento del vagón calmara el temblor de sus manos. Cuando finalmente bajó, las luces de una ciudad desconocida pero igualmente inmensa la recibieron. Caminó por horas, con el rostro inexpresivo, mientras en su cabeza se mezclaban los insultos de su jefe con los términos médicos del doctor.

De pronto, el cielo de Tailandia se fracturó. Un relámpago iluminó las calles y, segundos después, un diluvio tropical cayó sobre la ciudad. La gente corría, buscaba refugio bajo los toldos, pero Film siguió caminando. El agua empapaba su ropa y ocultaba las lágrimas que finalmente empezaban a brotar.

Al otro lado de la avenida, una chica caminaba a paso veloz, luchando con su sombrilla amarilla.

X  :   ¡ Mamá, te juro que nunca más !   -refunfuñó para sí misma, ajustando su bolso-  " Es un buen partido "   -decía-  ¡ Es un niño rico insoportable !  No aguanté ni el primer plato con su arrogancia

Un trueno ensordecedor sacudió el suelo. La chica dio un saltito y, por instinto, se inclinó hacia el cielo juntando sus manos.

X  :  ¡ Lo siento, lo siento !  No volveré a quejarme... tanto

Al levantar la vista, su corazón dio un vuelco. A través de la cortina de agua, vio una figura menuda en la acera de enfrente. Era una chica de cabello castaño oscuro, completamente empapada, que se tambaleaba como una hoja al viento. Su mirada estaba perdida, pero sus ojos estaban rojos e hinchados.

La chica no lo pensó. Cerró la distancia corriendo, esquivando los charcos y los pocos autos que pasaban. Llegó justo a tiempo.

Cubrió a la extraña con su sombrilla. De cerca, el rostro de la chica era de una palidez alarmante. Film alzó la vista lentamente; la fiebre le quemaba la piel a pesar del frío de la lluvia. Solo alcanzó a ver unos ojos oscuros llenos de preocupación y un rostro que se desdibujaba entre las gotas de agua.

X  :  Oye, ¿ estás bien ?  ¡ Estás ardiendo en fiebre !   -gritó sobre el ruido de la tormenta- 

Film intentó responder, pero sus rodillas cedieron. El mundo se volvió negro justo cuando sintió unos brazos cálidos sujetándola antes de tocar el asfalto.

…………………………

El tiempo se había vuelto una masa densa y oscura para Film. No sabía si habían pasado horas o días desde que el mundo se desvaneció bajo la lluvia. Lo primero que recuperó fue el oído: un murmullo suave, como el tarareo de una melodía lejana, flotaba en el aire.

Lentamente, Film comenzó a abrir los ojos. La pesadez en sus párpados era inmensa, pero lo que vio al despertar la dejó confundida. No estaba en el asfalto frío, ni en el hospital gris que tanto temía. Estaba rodeada de luz. Una claridad cálida bañaba la habitación, y a su derecha, unas cortinas con pequeños estampados de flores ondeaban suavemente con la brisa que entraba por la ventana abierta.

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