- Es que yo no sé qué tiene ese hombre en la cabeza para tratarme así... - me quejaba yo por el teléfono.
- Bueno, ¿ya terminaste con él? -. Me preguntaba mi amigo a través del celular.
- Sí claro, lo mandé a rodar, no puedo permitir que me tome tan poca importancia...
- Ajá... claro -. La voz de mi amigo sonó brusca, más de lo normal; porque sí: él era muy brusco, muy tosco, especialmente conmigo.
- Me estoy sintiendo muy solo, amigo... -. Le dije por teléfono, mientras en mi departamento me disponía a sacar un helado del refrigerador. Y sí, ya sé, soy un cliché andante: gay, cuarentón, despechado y con helado en la mano; podría ser el protagonista de cualquier serie de Netflix, pero ¿qué culpa tengo que el helado me haga sentir tan amado?
- Ya... mira, Juan; lo siento mucho. Pero ¿sabes qué? Estoy seguro que mañana te vas a sentir mejor... -. Su voz pareció elevarse una octava en la última palabra; algo me hizo sentir que tal vez había estado monopolizando la conversación... o tal vez no.
- ¿Tú cómo estás? -. Le pregunté, más por compromiso que porque quisiera cambiar el tema, porque obvio, yo era el de la crisis.
- Voy a estar bien -. La voz definitivamente esta vez sí sonó algo quebrada.
- ¿Pasa algo?
- Sí, mi novio terminó conmigo hoy.
- Ay, amigo; lo siento. Somos un par de maricas con el corazón roto, deberíamos ir a llorar nuestras penas...
- ...Juan...
- ... a algún bar, y comer helado con whisky, ¡o whisky con helado!, o...
- ¡¡JUAN!!, ¡¡No tengo tiempo ni energías para escucharte hablar del hijo'e'puta de tu novio con el que estoy seguro vas a volver en dos días y luego volverás a hacerme un drama porque no te dijo lo importante que eras para él cada tres horas. Yo sí he roto de verdad, ¿me entiendes? Yo no voy a volver; así que hoy necesito mis propios hombros para llorar, necesito mi fuerza para mí; no tengo tiempo para pensar en tu relación intermitente ni en tu ruptura intrascendente!!
Y me colgó. Mi primer pensamiento fue volverlo a llamar para decirle que no tenía ningún derecho a hablarme así, que eso no se lo permitía a él ni a nadie; pero cuando estaba a punto de apretar el botón de recall una voz en mi cabeza me dijo que quizás tenía razón; no era la primera vez que terminaba con mi, en ese momento "ex", novio. Quizás si iba a volver con él. Quizás sí estaba haciendo un drama... y quizás era mi turno de apoyar a mi amigo como tantas veces él había hecho conmigo.
Mi amigo tiene una extraña cualidad, es el único que me dice mis verdades cara a cara y no me hace sentir atacado...
Así que guardé el helado en la nevera, bajé a la playa hasta mi coche y conduje por media ciudad a casa de mi amigo.
Debí presentarme: me llamo Juan Jurado, y sí, algunos me dicen JJ para abreviar; como si eso me hiciera más cool de lo que ya soy por naturaleza, soy un hombre gay de 41 años, ya estoy entrando oficialmente en la categoría daddy o quizás ya lo soy, aunque no me gusta pensar en mí como viejo; prefiero pensar que estoy en mi mejor etapa, aún soy un hombre extremadamente guapo: de 1.88 mts de estatura, ojos grandes y marrones, de esos que muchos dicen que hipnotizan labios gruesos (na-tu-ra-les), tez clara, mi cuerpo aún conserva características de atleta; si supieran el cuerpazo que tenía en mis 20 y gran parte de mis 30... pero bueno, aun me queda el tipo y más de uno se me queda viendo por la calle.
Mi amigo se llama Sebastián Papel (pobre, su apellido siempre me causó risa), y lo conozco desde hace como quince años, hoy por hoy es uno de mis mejores amigos, pero no siempre fue así...
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"Entre tu Drama y el mío
General FictionHistoria original, un par de amigos gay melodramáticos comparten sus dramas a la mitad de sus vidas
