El tiempo pasó, pero no fue en vano. La relación no se rompió; se volvió más firme. Sin embargo, no evolucionó. Pasaron cuatro años.
Damian cumplió veinticuatro. Neli había cumplido veintitrés hacía un mes. Lo celebraron en un restaurante decente, aunque lo que más importó fue el regalo de Damian: flores. A Neli nunca le entusiasmaron demasiado, pero las aceptaba con gusto, sobre todo viniendo de él. Esta vez las cuidó hasta que murieron, una semana después.
En el presente, Damian estaba en la empresa, revisando detalles de un libreto.
—Creo que deberíamos quitar la escena de sexo. Leyendo toda la historia, no tiene sentido. Es una conexión muy floja —dijo, mirando a la chica frente a él.
—Me tomó días escribir esa escena —reclamó ella.
—Lo sé, pero no encaja. Puedo dejarla... si la mueves, si haces que se sienta orgánica. Es lo mejor que puedo ofrecer —respondió Damian.
—Bien —dijo la chica, tomando los papeles con cierta rigidez.
Ella salió. Mike entró y cerró la puerta.
—¿Qué pasó? Se ve molesta —dijo, sentándose.
—Una escena que no tenía sentido. Ella me cae bien, pero sus ideas no terminan de conectar. Le cuesta unirlas —respondió Damian, acomodando unos lápices.
—Dale tiempo. Lleva apenas unos meses —insistió Mike.
—En mis primeros meses escribí una película. Ganó tres Óscar... y no sé cuántos premios más —dijo Damian, señalando una estantería.
—Buen punto... Aun así, intenta trabajar más de cerca con ella —dijo Mike, levantándose.
—Está bien —respondió Damian, acomodándose el suéter.
En otro lado, Neli esperaba resultados. Había hecho la prueba para detective y habían pasado semanas.
—Te dije que ibas a lograrlo —dijo una detective.
—Fue suerte. No me fue tan bien... el que me evaluó estaba de malas —respondió Neli.
—Hay un 10-23 en la esquina entre Saints y Lowery. Hombre anciano con bastón y una bolsa de tela. Procedan con precaución —sonó en la radio.
—Debo irme —dijo la detective, alejándose.
Neli caminó hacia el salón de descanso. Notó una marca en la pared. Se acercó, tiró del papel... y el tapiz se desprendió con facilidad. Se quedó observándolo unos segundos antes de salir.
—¿Dónde está el sargento? —preguntó mientras avanzaba.
Un detective señaló una oficina de cristal. Él estaba dentro. Neli entró.
—¿Ocurre algo oficial? —preguntó el sargento, levantando la mirada.
—Hay que arreglar el papel tapiz del salón de descanso —dijo Neli, apoyándose en la puerta.
—Gracias por avisar. Lo veré luego —respondió él.
A la salida, ya era de noche. 10:34 p.m. Neli condujo hasta el departamento. Al entrar, encontró a Damian discutiendo por teléfono con la misma chica.
—Te lo dije claro: o haces la escena más orgánica, o la borras —decía, visiblemente cansado.
—Se siente más natural ahora —respondió ella, molesta.
—Yo apruebo los guiones antes de enviarlos. Sabes cómo soy: o lo haces bien, o no lo haces —replicó Damian.
Neli se quedó en la cocina. Sirvió un vaso de agua mientras la discusión continuaba.
—Bien... seguiré intentándolo —cedió la chica.
—Gracias. Adiós —dijo Damian, colgando.
Neli se acercó. Su mirada ya no era la misma, más dura, más cansada... pero aún lo buscaba. Aún necesitaba ese momento para soltarse, aunque fuera un poco.
—¿Cómo te fue? —preguntó Damian, acercándose.
Neli lo abrazó. Él le devolvió el gesto sin dudar.
—Pasé la prueba. Soy detective —dijo, con una sonrisa que parecía abrirse paso entre el cansancio.
Damian besó su frente.
—Sabía que lo ibas a lograr. Nunca lo dudé —murmuró, acariciándole el cabello.
—Quiero celebrar.
—Compré vino. Uno decente... no el barato —dijo, buscando la botella.
La abrió y sirvió dos copas. Le entregó una.
—Lo lograste —dijo, alzando la suya.
—Lo logramos —corrigió Neli, chocando suavemente la copa.
La suavidad que antes habitaba en su rostro ya no estaba. En su lugar, quedaba una expresión que pedía descanso... uno que solo encontraba en él.
Damian, por su parte, había dejado de escribir para complacer. Ahora escribía por pasión, sin importarle demasiado lo que otros pensaran o dijeran.
Al final del día, ambos regresaban al mismo lugar. Se elegían, una y otra vez.
Eso era lo que realmente importaba.
Aunque la relación aún no había evolucionado lo suficiente... eso estaba a punto de cambiar
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La Luz Unida
RomanceAños después, Neli y Damian no son la pareja que lucha por sostenerse... son la que aprendió a quedarse. Con una vida construida entre rutinas, silencios y pequeñas certezas, su relación parece más sólida que nunca. Pero crecer también significa enf...
