Volver a la ciudad de mi infancia fue como abrir un álbum de fotos que llevaba años guardado. Las calles, los parques y hasta los cafés parecían iguales, pero yo ya no era la misma. Ahora caminaba con libros bajo el brazo y con la sensación de que todo estaba empezando de nuevo.
Axel se quedó atrás, en nuestro pueblo, con la promesa de que seríamos solo amigos durante un año. Un pacto extraño, casi ingenuo, pero necesario para que cada uno pudiera crecer sin ataduras. Sin embargo, cada mensaje suyo me recordaba que la distancia no borra lo que sentimos.
Era curioso: estar rodeada de lugares que conocía desde niña y, al mismo tiempo, sentir que todo era nuevo porque él no estaba aquí. Cada día me pregunto si valdrá la pena el no esforzarnos para que esto funcionase a distancia, he vivido aquí la mayor parte de mi vida y aún así siento que lo mas cercano a un hogar que tengo siempre será el, me conoce espero yo haberlo conocido igual pero el tiempo nunca fue suficiente.
Es abrumante saber que esta no es mi única preocupación, necesito encontrar un trabajo para ayudar con gastos en casa, el examen de la universidad se acerca y no tengo mucha pasión de estudiar por el momento, solo quiero sentir sus brazos alrededor mío y escuchar su suabe voz diciendo -Emma, todo va a estar bien amor mío-. Y todo siempre me lleva a recordar el día en el cual empezó lo nuestro.
CZYTASZ
Un año para empezar a amarte
Dla nastolatkówUn chico de 17 años y una chica de 18 se enamoran. Ella se muda a otra ciudad para estudiar; un año después, él se traslada a la misma ciudad. Deciden ser solo amigos durante ese año para poder empezar su relación cuando toque, pero la distancia y l...
