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Era una linda tarde de Abril. El clima era perfecto, un día soleado pero no caliente. Con nubes hermosas que parecían irreales. Y en un parque cerca de su casa, se encontraba Yang Jungwon.

Jungwon era lo que muchas personas describirían como el chico más social y simpático del mundo. Tenía muchos amigos a la edad de 13 años.

Pero él siempre prefería a su mejor amigo, Park Jongseong. O como a él le gusta llamarlo, Jay. Habían sido cercanos desde que Jay se mudó cuando iban en tercero de primaria. Actualmente se encontraban en su segundo año de secundaria.

Les gustaba hacer cualquier cosa juntos. Tenían todas sus clases juntos, comían juntos, jugaban videojuegos juntos, y constantemente se quedaban a dormir en la casa del otro. Pero el momento que más apreciaba Jungwon era cuando iban al parque juntos.

Justo en ese parque donde se encontraba ahora mismo, habían creado recuerdos infinitos desde hace años. Todavía recuerda la primera vez que estuvieron juntos en ese mismo lugar. No fue a propósito, solo fue una casualidad del destino. Jay se sentía mal después de no haber hecho nuevos amigos en su primer semana de escuela, en la que Jungwon no había asistido porque estuvo enfermo.

— Hola, ¿por qué estás llorando? — preguntó Jungwon al ver al chico desconocido llorando desconsoladamente. — Mi mamá dice que a los niños llorones no se les dan paletas. — comentó mostrándole una pequeña paleta roja de cereza. — Si dejas de llorar te la doy, ¿ok?

El chico levantó su mirada, observando a Jungwon por unos segundos. Al escuchar su oferta detuvo su llanto.

— Parece que te gustan mucho las paletas. — dijo Jungwon dejando salir una pequeña risa mientras le entregaba la paleta al misterioso chico. — ¿Como te llamas?

— Yo... mi... mi mamá me dijo que no le de mi nombre a extraños. — respondió abriendo la paleta con dificultad para luego metérsela a su boca. 

— ¿Entonces por qué aceptaste mi paleta? Eres muy bobo. — contestó riendo sin maldad. — Yo soy Yang Jungwon, vivo en los apartamentos de la esquina. Y estás sentado en mi columpio favorito.

— Lo siento. — se disculpó el niño, levantándose y haciendo una pequeña reverencia en forma de disculpa.

— ¿Al menos puedes decirme tu edad? — preguntó sentándose en el columpio. — Que tal si eres mayor que yo, tendría que hablarte formalmente.

El pequeño dudo un poco, pero luego asintió.

— Yo... tengo 7 años.

— Entonces eres mayor, yo tengo 6. Pero no importa, es casi igual. — sonrió sin darle importancia. — ¿Quieres jugar a quién llega más alto?

Y en ese momento ambos chicos empezaron a jugar juntos. Parecía que estaban en su propio mundo. Probando todos los juegos del parque juntos. Como si fuera la primera vez que sentían tanta diversión.

Compartieron un poco sobre la escuela, de donde venía el mayor, sobre porque se había mudado y un poco más sobre sus videojuegos favoritos.

— Tengo que irme. — soltó el menor deslizándose por última vez de la resbaladilla. — Pero te veré en la escuela el Lunes, al menos tendremos clase juntos. Aunque si quieres verme antes, estaré aquí mañana a la misma hora. — avisó antes despedirse y darse la vuelta en camino a casa.

— ¡Espera! — gritó el mayor, acercándose un poco al contrario. — Yo... me llamo Park Jongseong.

— Tu nombre es muy largo... mejor te llamaré... — colocó su mano en la barbilla para indicar que estaba pensando. — ¡Jay! Es un lindo apodo, ¿cierto? — preguntó con una sonrisa gigante.

Can I Kiss You? | Jaywon Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora