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El ojo que volvió a abrirse.

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La ciudad nunca dormía.

Las luces neón iluminaban las calles mojadas, reflejándose en el asfalto como si fueran estrellas caídas. El sonido de los autos, sus motores y la cantidad de humos que sacaban, sobre todo las voces lejanas... todo se mezclaba en un ruido constante.

Pero antes de todo eso...

Antes del ruido.

Antes del accidente.

Kasenji era solo un chico más.

Desde pequeño, nunca fue como los demás.

No porque fuera especial... sino porque siempre parecía estar en otro lugar.

Mientras otros niños corrían, gritaban o reían, él se quedaba observando.

Pensando.

Callado.

Su familia nunca fue particularmente cercana.

No había peleas constantes, ni tampoco momentos cálidos. Era ese tipo de hogar donde todo funcionaba... pero nada se sentía.

Conversaciones cortas.

Miradas vacías.

Rutina.

Kasenji creció así.

Aprendiendo a no decir demasiado.

Aprendiendo a no esperar demasiado.

Hasta que aparecieron ellas.

Miyu y Kowaki.

Dos niñas idénticas, pero completamente distintas.

Una más tranquila. La otra incapaz de quedarse quieta.

Fueron las primeras en hablarle sin que él tuviera que hacerlo.

Las primeras en insistir.

Las primeras en quedarse.

—"¿Siempre eres así de serio?" —preguntó Kowaki una vez, inclinándose frente a él.

Kasenji no respondió.

—"Déjalo" —dijo Miyu con calma—. "Si no quiere hablar, no lo hará."

Hubo un silencio.

Kasenji las miró.

Y por primera vez...

No se sintió solo.

Los años pasaron.

Y aunque no lo decía, ellas se convirtieron en lo más cercano a "hogar" que tenía.

Esa noche...

Todo parecía normal.

Demasiado normal.

El reloj marcaba tarde.

La casa estaba en silencio.

Kasenji estaba de pie junto a la puerta, con las llaves de su moto en la mano.

Miró hacia atrás.

El pasillo oscuro.

Las luces apagadas.

Nadie lo detuvo.

Nadie preguntó a dónde iba.

Abrió la puerta.

El aire frío de la noche lo golpeó de inmediato.

Por un segundo... dudó.

No sabía por qué.

Solo... una sensación extraña en el pecho.

Como si algo no estuviera bien.

Sacudió la cabeza.

—"...solo necesito salir un rato."

La moto lo esperaba afuera.

Negra. Silenciosa.

Familiar.

Se subió.

Encendió el motor.

El sonido llenó el vacío que llevaba dentro.

Y sin pensarlo más...

Aceleró.

Las calles pasaban rápido.

Luces.

Sombras.

Reflejos.

Todo se mezclaba.

Pero su mente no estaba en la carretera.

Estaba en otro lugar.

En pensamientos que no terminaban de formarse.

En algo que no podía nombrar.

La carretera se abrió frente a él.

Menos autos.

Más velocidad.

Más silencio.

El mundo comenzó a volverse borroso.

Un segundo.

Solo uno.

Un destello.

Algo cruzó.

Demasiado rápido.

Kasenji reaccionó.

Giró.

Frenó.

Pero ya era tarde.

La moto perdió el control.

El asfalto se acercó.

El sonido desapareció.

Impacto.

Silencio.

No había dolor.

No había luz.

No había nada.

Solo oscuridad.

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⏰ آخر تحديث: Apr 13 ⏰

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