Aquí tienes la versión pulida y extendida, integrando ese cambio de dinámica con Derek hacia algo mucho más magnético y provocador.
La primera noche "oficial" como el ancla de una manada de siete seres sobrenaturales resultó ser mucho más caótica de lo que T/N había presupuestado. Su casa, que apenas unas horas antes se sentía como el set de una película de terror de bajo presupuesto, ahora rebosaba de una energía eléctrica y pesada. El aire estaba saturado de testosterona, hormonas de coyote salvaje y la presencia constante de un Sheriff adjunto que no dejaba de observarla como si ella fuera el milagro más grande desde la invención de la pólvora.
T/N decidió que, si iba a estar amarrada a ese grupo de bichos raros, tenían que aprender a comer como Dios manda. Con una sonrisa maliciosa, sacó de una caja un frasco de chiles habaneros que su tía le había mandado directamente desde Yucatán; un arma biológica que, según las leyes de California, probablemente era ilegal transportar sin escolta militar.
— A ver, Scott, tú que eres el "Alfa" y muy valiente —dijo T/N, depositando con elegancia un chile entero sobre una rebanada de pizza—. Pruébalo. Si no lloras, te doy permiso de que me cuentes otra vez esa historia de cómo te mordió un perro gigante en el bosque.
— Se llama Peter, y es un lobo —corrigió Scott, aceptando el reto con la confianza de quien ha sobrevivido a cazadores y deidades oscuras.
Dos segundos después, el gran Alfa Verdadero estaba de rodillas en la cocina, con la cara del color de un camión de bomberos y los ojos brillando en un rojo escarlata por puro dolor, intentando absorber el agua directamente de la llave.
— ¡Me muero! ¡T/N, esto es ácido sulfúrico! —jadeó Scott, con la lengua entumecida.
— ¡No le den agua, denle leche! ¡Qué bárbaro, Scott, pareces el de los chistes de Franco Escamilla que se quiere lucir con la suegra y termina en urgencias! —se burló ella, soltando una carcajada sonora.
Mientras tanto, Derek la observaba desde la esquina más oscura de la cocina con una sonrisa casi imperceptible. Se despegó de la pared y caminó hacia ella con esa parsimonia de depredador que sabe que no necesita correr para atrapar a su presa. Su presencia era como un radiador en pleno invierno; el calor emanaba de él en oleadas. Se detuvo justo detrás de ella y la rodeó con un brazo de forma posesiva, pero con una suavidad que contrastaba con su aspecto rudo.
— Deja de torturarlos —susurró contra su oído. Su voz ronca y profunda envió una descarga eléctrica que le recorrió la columna a T/N.
T/N no se tensó. Al contrario, se giró con una lentitud deliberada dentro del círculo de su brazo, reduciendo la distancia hasta que sus pechos casi se rozaban y sus narices estaban a milímetros. Lejos de su sarcasmo habitual, lo miró con los párpados ligeramente caídos y una chispa de desafío puramente seductor.
— Así que el lobo amargado tiene su corazoncito... o quizás solo tiene hambre de algo más —murmuró ella, bajando el tono de voz hasta convertirlo en un ronroneo aterciopelado que hizo que la mandíbula de Derek se tensara al instante—. Escúchame bien, Sourwolf... puedes marcar territorio todo lo que quieras, pero aquí la que lleva la correa soy yo. Y algo me dice que a ti te encanta que te dominen de vez en cuando.
T/N deslizó una mano por el pecho de Derek, sintiendo los latidos desbocados de su corazón de lobo, y humedeció sus labios antes de concluir:
— Si no te gusta mi forma de jugar, ahí está la puerta. Aunque los dos sabemos que no vas a ir a ningún lado; tu instinto te tiene bien amarrado a mi código postal... y yo apenas estoy empezando contigo.
Derek no dijo nada, pero sus ojos brillaron con una intensidad que no era de Alfa, sino de algo mucho más humano y hambriento. Inhaló su aroma profundamente, cerrando los ojos como si estuviera grabando esa fragancia en su memoria celular. Para él, la provocación de T/N era el ancla perfecta.
A medianoche, el ambiente cambió. Lydia estaba sentada en la alfombra analizando planos, mientras Parrish vigilaba la entrada con la mirada fija en la calle. El teléfono de T/N vibró sobre la mesa de centro. Un mensaje de su madre: "Mija, surgió un imprevisto en Japón. Te deposité para el súper. Te amo, cuídate de los mapaches".
T/N soltó una risa seca, carente de alegría, y lanzó el celular al sofá como si quemara. Stiles, que tenía el oído de un murciélago y el radar emocional de una madre preocupada, captó la tristeza oculta tras la máscara. Se sentó a su lado, jugando con sus dedos nerviosamente.
— ¿No va a venir, verdad? —preguntó Stiles en un susurro.
— Mi jefa es como el Espíritu Santo, Stiles: sabes que existe, pero nadie la ve —respondió T/N, y por un segundo, su voz se quebró—. Me dice que me cuide de los mapaches. Si supiera que tengo a un lagarto, un perro del infierno y a Batman en mi sala, le da un infarto.
Malia levantó la cabeza desde el suelo con una honestidad brutal.
— Nosotros nos quedamos. No necesitas a esa mujer. Nosotros somos tu manada ahora. Yo puedo cazar un venado para ti si tienes hambre, T/N. Sé dónde están los más frescos.
— Gracias, Malia, pero mejor pedimos unos tacos de canasta si el universo me hace el milagro —le acarició el cabello y la coyote ronroneó bajo su mano—. Es solo que... a veces se siente como si estuviera en un monólogo de "La Universidad". Estoy sola en un lugar extraño, rodeada de gente que dice que somos "el uno para el otro", y lo único que tengo seguro es que mañana voy a tener una cruda de café impresionante.
Jackson, que había estado extrañamente callado admirando su reflejo en la pantalla de su celular apagado, se levantó con un suspiro de fastidio fingido. Se quitó su costosa chaqueta de diseñador y la dejó caer sobre los hombros de T/N.
— Escucha, mexicana —dijo Jackson con su arrogancia habitual, pero con ojos sinceros—. Tengo más dinero del que tu madre puede ganar en Japón en tres vidas. Si necesitas algo, lo compras con mi tarjeta. Si alguien te molesta, lo muerdo. Y si te sientes sola... bueno, Lydia dice que somos un "vínculo místico", así que supongo que estoy atrapado contigo. No te acostumbres, mi tiempo es caro.
T/N lo miró de arriba abajo, sin poder evitar una sonrisa.
— Jackson, de verdad que te esfuerzas por ser el "mirrey" del grupo, ¿verdad? Nomás te falta el rosario por fuera, la camisa desabrochada y decir "paps".
Lydia se levantó y tomó la mano de T/N, uniendo al grupo en un círculo improvisado.
— No estás sola —sentenció la Banshee con una autoridad que no admitía réplicas—. Beacon Hills es un lugar peligroso, un faro para lo sobrenatural, pero ahora tienes a los monstruos más letales del condado protegiendo tu puerta. Y a cambio...
— ¿A cambio de qué? ¿De que les haga chilaquiles todos los domingos? —preguntó T/N con una sonrisa ladeada.
— A cambio de que nos sigas insultando —dijo Parrish, entrando desde el porche con una sonrisa cálida—. Nos haces sentir... humanos.
T/N miró a los siete. Al chico hiperactivo, al Alfa sacrificado, al lobo que ahora la miraba con una mezcla de deseo y respeto, a la chica salvaje, a la reina genio, al atlante egocéntrico y al oficial de fuego. Suspiró, resignada pero con el corazón lleno.
— Está bien, par de intensos. Pero una regla: el que se suba a mi cama con los zapatos puestos, se va de la casa de una patada. Y Stiles... deja de buscar mi diario, está debajo del colchón, pero si lo lees, te quedas ciego de la pura vergüenza ajena.
— ¡Lo sabía! —gritó Stiles, mientras todos reían, rompiendo finalmente el silencio de la ausencia con el sonido de una nueva y extraña familia.
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Una mexicana y una manada muy peculiar
FanfictionEsta es la historia de T/N, una chica que llega a Beacon Hills con una maleta llena de sarcasmo, un set de cuchillos (por si las dudas) y la firme convicción de que, si un monstruo la ataca, probablemente se va a reír de su cara antes de correr.
