En viejo Jeep rosa se encontraba una chica de nombre T/N la cual soltó un suspiro justo cuando cruzó el letrero de "Welcome to Beacon Hills". Ella se acomodó los lentes de sol y miró el bosque que parecía sacado de una película de terror de bajo presupuesto.
— Ándale, nomás falta que salga el de la motosierra —murmuró para sí misma, ajustando el aire acondicionado que solo echaba aire tibio.
T/N se mudaba sola con su madre, una mujer cuyo trabajo como consultora internacional la hacía más un mito urbano que una figura presente. "La casa es hermosa, mija", le había dicho por FaceTime mientras T/N veía una construcción que gritaba aquí asustan gratis. Su madre ya se había ido a una conferencia en Chicago antes de que T/N terminara de desempacar la primera caja de chiles en vinagre.
La casa estaba en la orilla del pueblo. Silencio absoluto. T/N bajó su última maleta, sintiendo un hormigueo extraño en la nuca, esa sensación de que algo "le faltaba" pero que estaba a punto de encontrar.
— Bueno no tengo pruebas, pero tampoco dudas de que en este pueblo algo huele raro y no es mi desodorante —dijo en voz alta, entrando a su nueva y vacía morada.
Se dispuso a desempacar la mayoría de
sus cosas antes de que cayera la noche; después, se daría una buena ducha y se pondría el pijama para descansar.
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Al día siguiente, T/N decidió que necesitaba cafeína para no cometer un crimen de odio contra la mudanza. Caminó hacia el centro del pueblo y entró a una cafetería. Ahí fue donde el universo decidió que era buena idea juntar a siete personas con su destino.
T/N estaba tranquilamente en la fila de la cafetería, repasando mentalmente su pedido y rogando porque el cafeína hiciera efecto pronto, cuando el ambiente cambió. No fue un ruido, sino una presencia doble que se materializó a sus flancos con la sutileza de un terremoto.
A su izquierda, un chico que parecía tener un motor interno a máxima potencia (Stiles) se detuvo en seco, casi tropezando con sus propios pies. A su derecha, otro con una expresión de "perrito perdido" y ojos cargados de una confusión existencial (Scott) hizo lo mismo. Lo extraño no fue el frenazo, sino lo que siguió: ambos ensancharon las fosas nasales e inhalaron profundamente, al unísono, como si estuvieran frente a un banquete de tres tiempos y ella fuera el plato principal.
T/N sintió el aire desaparecer de su espacio personal. Incómoda pero sin perder la chispa, se giró lentamente hacia el más inquieto de los dos.
— ¿Te puedo ayudar en algo, carnal? ¿O me vas a pedir matrimonio con la mirada? —soltó T/N, arqueando una ceja con una mezcla de sarcasmo y genuina curiosidad—. Porque te advierto que mi dote es cara y no acepto anillos de plástico.
Stiles, lejos de ofenderse o retirarse, comenzó a gesticular de una forma tan errática que T/N temió que se dislocara un hombro. Sus ojos saltaban de Scott a T/N como si estuviera procesando un código binario imposible.
— Tú... tú hueles a... —Stiles tartamudeó, sus dedos dibujando formas invisibles en el aire como si tratara de atrapar las palabras—... hueles a algo que no puedo explicar científicamente, pero que me está dando un cortocircuito cerebral. Es como una mezcla de algo prohibido y algo que me dan ganas de proteger y nunca dejarte... ni a dos metros de distancia. ¡Scott, dile que no estoy loco!
Scott no ayudó mucho; seguía ahí parado, parpadeando con una intensidad que rayaba en lo tierno y lo perturbador, asintiendo como si acabara de descubrir el sentido de la vida en el aroma de su sudadera.
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Una mexicana y una manada muy peculiar
FanfictionEsta es la historia de T/N, una chica que llega a Beacon Hills con una maleta llena de sarcasmo, un set de cuchillos (por si las dudas) y la firme convicción de que, si un monstruo la ataca, probablemente se va a reír de su cara antes de correr.
