Capítulo 1

76 7 14
                                        

                        

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

                        

TERRITORIO

El silencio en la mansión de mi familia tiene un peso específico. Es un silencio caro, pulido y asfixiante. Mientras abrocho los botones de mi camisa de seda frente al espejo, mi reflejo me devuelve la imagen de un extraño: el heredero impecable, el hijo que nunca alza la voz, el orgullo de una estirpe que mide el éxito en ceros a la derecha y apellidos compuestos.
—Te ves bien, Pooh. Recuerda que hoy es una cena importante con los inversores —la voz de mi padre resuena desde el pasillo, cargada de esa expectativa que nunca termina de saciarse.
—Lo sé, padre. No te preocupes—respondo con la sonrisa ensayada que llevo perfeccionando desde los diez años.

Sigo acomodando el nudo de mi corbata, que debe ser un triángulo perfecto. Ni un milímetro más a la izquierda, ni un pliegue fuera de lugar, y recuerdo que mi padre dice que los detalles son los que separan a los líderes de los empleados, y en la familia Krittin, no nos permiten ser lo segundo.
—El discurso para la gala de la fundación está listo, Pooh. Solo tienes que leerlo y parecer... humano —me dice mi madre,  mientras entra y ajusta los gemelos de oro en mis puños. Su toque es frío, profesional, como si estuviera retocando una estatua antes de una exposición.
—Lo haré, madre. El mensaje sobre la responsabilidad social es claro —respondo con la voz modulada, esa que uso para que nadie sospeche que estoy contando los segundos para que el día termine.

La jornada es un laberinto de cristal. Pasillos que parecen de oro en la oficina central, conferencias donde asiento en el momento justo y almuerzos de negocios donde el sabor de la comida se pierde tras las cifras de exportación. Soy el "Hijo de Oro", el heredero que nunca ha dado un escándalo, el que siempre tiene la respuesta correcta y la mirada limpia. Soy, en resumen, el mejor producto que mi familia ha lanzado al mercado.

En la cena hay un desfile de hipocresía. Vino de mil dólares, conversaciones sobre la bolsa y palmadas en la espalda. Soy una pieza de ajedrez en su tablero, moviéndome exactamente como ellos esperan, pero debajo de la mesa, mis dedos tamborilean un ritmo que nadie más escucha, es el ritmo de un motor de seis cilindros esperando a ser despertado.

Cuando la noche acaba y el último invitado se despide con un apretón de manos, la estatua de oro empieza a agrietarse.

Vuelvo a la mansión, subo a mi habitación y mantengo las luces encendidas por diez minutos para que el personal crea que estoy leyendo informes. Luego, el ritual de liberación comienza.
Cambio el traje de tres mil dólares por unos vaqueros oscuros y una sudadera negra, salgo por el balcón, usando la sombra de los robles centenarios para llegar al pequeño garaje oculto tras el invernadero de mi madre.
Allí está. Mi secreto de metal.

Cuando cierro la puerta del conductor, el olor a cuero viejo y aceite de motor me golpea como un sedante, este coche no es un modelo de catálogo; es un rompecabezas de potencia que yo mismo he ido armando, comprando piezas en desguaces y mercados negros para que nadie pueda rastrear su origen.

Octanaje Prohibido Donde viven las historias. Descúbrelo ahora