Nunca se fue

10 2 5
                                        

No debería haber abierto ese mensaje.

Pero lo hice.

Y en ese momento... supe que todo lo que había intentado olvidar, iba a volver.

"Te vi hoy."

Mi estómago se apretó.

No le había dicho a nadie dónde estaba.

A nadie... excepto—

No.

Él no podía saberlo.

¿O sí?

Guardé el teléfono como si quemara.

—¿Estás bien? —preguntó Naya, inclinando la cabeza.

Asentí rápido. Demasiado rápido.

—Sí, solo... un mensaje raro.

—¿De quién?

—Número desconocido.

Ella frunció el ceño, pero no dijo nada más.

Por un segundo pensé que lo dejaría pasar.

Pero Naya nunca deja pasar nada.

—Déjame ver.

—No es nada —respondí, apretando el celular contra mi pecho.

—Amiga... —su voz bajó un poco— eso ya suena sospechoso.

Solté una risa falsa.

De esas que ni tú misma te crees.

—Te juro que estoy bien.

—Ajá... —me miró fijo— y yo soy millonaria.


—¿De qué hablan? —dijo Damían, apareciendo de la nada con una sonrisa.

—De que tu novia cree que soy rara —respondí.

—Eso no es nuevo —soltó él.

—¡Oye! —Naya le dio un golpe en el brazo.

Reímos.

Y por un momento... todo se sintió normal.

pero tú y yo sabemos que no lo es...

—Llegaste tarde.

Levanté la mirada.

Él estaba ahí.

Apoyado contra la pared, como si siempre hubiera estado observando.

Tranquilo.

Demasiado tranquilo.

—Solo cinco minutos —respondí.

—Fueron diez.

Rodé los ojos.

—Qué exagerado.

Pero él no sonrió.

Me estaba mirando.

—¿Segura que estás bien? —preguntó de repente.

Parpadeé.

—¿Qué?

—Tu cara... cambió.

—Estoy bien —repetí.

Pero esta vez... ni yo me lo creí.

Mi celular vibró otra vez.

Un nuevo mensaje.

Dudé antes de abrirlo.

Pero lo hice.

"No te gusta mentir... y aún así lo haces."

Mi corazón se detuvo.

Levanté la mirada lentamente.

Y por primera vez...

sentí que alguien más estaba mirando.

No desde el grupo.

Desde afuera.




Entre Dos MentirasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora