La preparatoria suele ser esa etapa donde crees que el mundo se acaba por cualquier cosa que te salga mal, pero para Max, el mundo se detuvo por completo el primer día que vio a Sergio caminando por el pasillo. Fue un flechazo de esos a primera vista; Checo iba con su mochila al hombro, riéndose de algo que le dijeron, y Max simplemente supo que estaba perdido.
El problema fue que a Checo no le impresionó ni tantito el chico alto y rubio que lo miraba como si fuera la ultima coca del desierto.
Max tuvo que picar piedra durante meses. Le llevaba dulces que a veces Checo compartía con otros, le ofrecía ayuda con tareas que Checo ya tenía hechas y lo seguía a los partidos de fútbol escolar con una paciencia de santo. Cualquiera se hubiera rendido ante tantos rechazos, pero Max no se dio por vencido.
Al final, su insistencia rindió frutos. Una tarde, después de clases y con el pretexto de un proyecto en equipo, Max por fin le robó el sí para ser novios.
Pero claro, la adolescencia es fuego. Entre las hormonas a tope y esa sensación de que son invencibles, una tarde que se quedaron solos en casa de Checo, la curiosidad y las ganas les ganaron. Fue torpe, fue intenso y fue la primera vez para los dos. Lo que no midieron fue que "una vez" es más que suficiente para cambiar la vida de un par de mocosos de 17 años.
Cuando la prueba casera marcó las dos rayitas, el mundo de colores de Max se volvió gris de golpe.
—¿Qué vamos a hacer, Max? —preguntó Checo, pálido y con las manos temblorosas.
—Pues... afrontarlo —respondió Max, aunque por dentro quería salir corriendo por cigarros.
Max hablo primero con sus papás, ellos no se anduvieron con rodeos. Hubo gritos, decepción y una maleta mal hecha siendo lanzada por la puerta principal.
"Si ya eres tan hombre para andar haciendo hijos, sé tan hombre para mantenerte", le soltó su padre antes de cerrarle la puerta en la cara.
Pero eso no era nada comparado con lo que venía: tener que hablar con Don Antonio, el papá de Checo.
Max llegó a la casa de los Pérez sintiendo que caminaba hacia su propia muerte. Checo estaba en la sala, con los ojos rojos de tanto llorar porque ya le había soltado la sopa a su mamá.
Cuando Max entró y vio a Don Antonio sentado en su sillón, el aire se puso tenso.
—Buenas tardes, señor... ya saben que soy el novio de Sergio, verdad y... bueno, vamos a ser papás —soltó Max con la voz quebrada.
Don Antonio no dijo nada, solo se levantó, caminó hacia el pasillo y regresó con su escopeta de caza.
—¡Corre, Max! —gritó Checo saltando del sillón.
Max no necesitó que se lo dijeran dos veces. Salió corriendo con Don Antonio detrás, gritándole hasta de lo que se iba a morir.
Fueron diez cuadras eternas, Max sentía que el corazón se le salía por la boca, saltando banquetas y esquivando vecinos, mientras el señor, con una energía que no parecía de su edad, no se daba por vencido.
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Una noche para dos... u ocho?
FanficSergio y Max buscan un momento para darse amor, pero ciertas situaciones los harán detenerse. ¿Podrán Max y Sergio lograr su misión?
