2.0

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El set estaba lleno de luces, cámaras y murmullos constantes. Todo el equipo se movía con rapidez mientras el nuevo video de BTS 2.0 tomaba forma, pero para Jeon Jungkook, el mundo entero parecía haberse detenido en un solo punto.

Taehyung.

No era la primera vez que lo veía… por supuesto que no. Pero esa noche era distinta. Había algo en él que lo hacía imposible de ignorar.

La barba.

Esa ligera y perfectamente cuidada barba que enmarcaba su rostro le daba un aire más maduro, más… peligroso. Jungkook tragó saliva, sintiendo cómo su pecho se tensaba.

—Jungkook, ¿estás listo? —preguntó un staff desde lejos.

—S-sí… —respondió, aunque su voz no sonó tan firme como le hubiera gustado.

Sus ojos volvieron a Taehyung casi de inmediato.

Ahí estaba, ajustándose el traje oscuro, con la camisa ligeramente abierta, como si no tuviera idea del efecto que provocaba. Pero Jungkook sabía que sí lo sabía.

Siempre lo sabía.

Y entonces pasó.

Taehyung levantó la mirada.

Sus ojos se encontraron.

El aire se volvió pesado.

Jungkook sintió un calor recorrerle el cuerpo, bajando lentamente, haciéndole perder la noción del lugar en el que estaba. Su mente empezó a jugarle en contra, llenándose de pensamientos que definitivamente no eran apropiados para ese momento… ni para ese lugar.

—¿Qué demonios me pasa…? —murmuró para sí mismo.

Pero no pudo apartar la mirada.

Taehyung inclinó apenas la cabeza, con una leve sonrisa en los labios, como si hubiera notado exactamente lo que estaba ocurriendo dentro de él.

Y eso fue suficiente para romper cualquier tipo de control que Jungkook intentaba mantener.

Minutos después, durante un cambio de escena, el caos del set le dio una oportunidad.

Sin pensarlo demasiado, caminó directo hacia Taehyung.

—Hyung —lo llamó en voz baja.

Taehyung se giró, sorprendido apenas por un segundo.

—¿Qué pasa, Kook—?

No terminó la frase.

Jungkook lo tomó del brazo y lo jaló con decisión hacia uno de los elevadores del set, cerrando las puertas tras ellos antes de que alguien pudiera notar su ausencia.

En el pequeño cubículo de acero y espejos, el silencio se volvió denso, casi sólido.

Taehyung se apoyó contra la pared fría, soltando un suspiro cargado de cansancio, pero sus ojos no tardaron en buscar el reflejo de Jungkook en el espejo frente a él. Jungkook no se movía; mantenía la vista fija en los números que ascendían lentamente, pero su mandíbula tensa delataba que estaba todo menos tranquilo.

—Esa última toma... —comenzó Taehyung, su voz saliendo un tono más grave de lo normal, vibrando en el espacio reducido—. Te costó mirarme a los ojos, ¿verdad?

Jungkook finalmente giró la cabeza. Esa mirada burlesca que había mostrado frente a las cámaras había desaparecido, reemplazada por una chispa mucho más oscura y hambrienta. Dio un paso al frente, acortando la distancia hasta que el calor que emanaba de su cuerpo empezó a chocar con el de Taehyung.

EN EL SETHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora