Supongo que mi historia no empieza exactamente conmigo, sino con todo lo que tuvo que pasar antes para que yo estuviera aquí.
Todo comenzó en un pueblo al norte de México. No sé bien en qué parte exactamente, pero siempre me han dicho que todo viene de ahí.
Mi papá era joven, muy joven. En algún punto se fue a Estados Unidos con toda su familia, como muchos hacen. Allá aprendió inglés básico y con el tiempo lo fue mejorando. Vivió esa vida de irse adaptando poco a poco, aprendiendo en la marcha.
Siempre tuvo un estilo muy marcado, tipo cholo de antes, de esos dosmileros con influencia chicana. Incluso tenía un apodo así, “el cholo”. Pero por lo que me cuenta la gente, nunca fue alguien de problemas. Era más su forma de vestir, su identidad, no su camino.
Como a los 15 años decidió regresarse al pueblo. Extrañaba ese lugar.
Y ahí fue donde se volvió a encontrar con mi mamá.
Ellos tenían como 15 o 16 años en ese momento. Mi papá era mejor amigo del hermano mayor de mi mamá, así que ya había cierta cercanía. Pero la familia de mi mamá era grande, seis hermanos, y además mi abuelo era muy serio, de los de antes, de esos que no daban mucha libertad.
Entonces la relación no era algo fácil de llevar abiertamente.
Aun así, poco a poco se fueron acercando.
Pero mi papá tenía una vida muy movida. Se iba a Estados Unidos sin papeles, cruzando como podía, trabajaba allá, regresaba al pueblo, se quedaba un tiempo… y luego se volvía a ir otra vez. Era un ciclo constante. No tuvo estudios formales; su aprendizaje fue la calle, el trabajo, la experiencia.
Mi mamá, en cambio, llevaba otro ritmo. Ella decidió estudiar para ser maestra. Era la menor de su familia, y dentro de lo que cabe tuvo un poco más de apoyo. No eran ricos, pero mi abuela tenía una tiendita, un negocio pequeño, y mi abuelo trabajaba turnos muy pesados en una gasolinera: 24 horas trabajando, 24 descansando.
Era una vida de mucho esfuerzo.
Durante el tiempo en que mi mamá estudiaba, mi papá, desde Estados Unidos, le mandaba dinero para apoyarla. Aunque su relación no fuera completamente aceptada, él ya estaba ahí, respondiendo.
Hasta que en uno de esos regresos… mi mamá quedó embarazada de mí.
Eso pasó cuando ella estaba prácticamente en la etapa final de su carrera, creo que ya en servicio o algo así. Le faltaba poco para terminar, pero decidió pausarlo para enfocarse en mí.
A pesar de todo, mi papá sí se hizo responsable. Según lo que me cuentan, realmente quería a mi mamá y me quería a mí también.
Pero la situación con la familia no era sencilla, así que tomaron una decisión fuerte: irse a Estados Unidos.
Literalmente se escaparon.
Mi mamá se fue embarazada con mi papá para intentar empezar una vida allá. No tenía muchas expectativas, pero era una oportunidad.
Al llegar, las cosas no fueron como esperaba.
Por lo que ella cuenta, no fue muy bien recibida por mi abuela paterna ni por mis tías. Había cierta tensión, comentarios, actitudes incómodas. No era algo directo todo el tiempo, pero se sentía.
Quien sí la aceptó rápido fue mi abuelo paterno.
Mi mamá era muy de la idea de atender, de servir, de mantener la casa en orden. Le hacía la comida, lo atendía cuando llegaba del trabajo, cosas que, según ella misma dice, no eran tan comunes en esa casa. Y eso hizo que mi abuelo le agarrara cariño rápido.
Mientras tanto, mi mamá hacía de todo: limpiaba, organizaba, cocinaba, administraba lo poco que tenían. Incluso con un dinero pequeño que ella misma generaba o administraba, empezaba a comprar cosas para mí: ropita, pañales, biberones… poco a poco.
Pero con mis tías no logró conectar.
Dice que lo intentó, pero no se sentía cómoda. Sentía rechazo, o al menos indiferencia. Así que empezó a aislarse un poco: hacía sus cosas y luego se encerraba en el cuarto, saliendo solo cuando era necesario o cuando estaba por llegar mi papá.
Así pasaron los meses.
Hasta que llegó el momento en que nací.
Nací en Estados Unidos. Mi mamá dice que fue un momento bonito. Mi papá estaba muy nervioso, no tanto de preocupación, sino de esos nervios que te hacen reírte solo. Le daba miedo cargarme, como si fuera a hacerme daño sin querer.
En el hospital, según ella, me decían “little boy”, y hasta guarda una etiqueta de ese momento como recuerdo.
Entre todo eso, pasó una anécdota que hasta hoy suena rara, pero también un poco graciosa.
Mi papá, jugando fútbol en un torneo de barrio, se dio un golpe fuerte. No queda muy claro cómo fue, si contra alguien, contra el balón o contra la portería, pero el punto es que terminó perdiendo la memoria… por unos días.
Y lo curioso es que olvidó específicamente todo lo reciente: a mi mamá embarazada, a mí, todo eso. Para él, estaba en un punto anterior, como si el tiempo se hubiera regresado.
Duró poco, como dos días, pero dicen que fue una situación medio extraña y hasta confusa para todos.
Al final, todo ese ambiente en Estados Unidos empezó a pesarle a mi mamá.
Entre la incomodidad con la familia, el encierro, la presión… decidió que ya no quería seguir así.
Así que tomó otra decisión fuerte.
Se regresó a México conmigo.
Viajó con lo necesario: ropa, algunas cosas mías, lo básico. Cruzó la frontera (según cuenta, con su identificación) y llegó a la ciudad donde vivían mis tías.
Prácticamente de sorpresa.
Le avisó a una de sus hermanas ya cuando venía en camino, casi llegando. Imagínate: después de todo el embarazo, meses sin verse, y de repente llega con un bebé en brazos.
Yo.
Y mi papá se quedó en Estados Unidos, trabajando.
No sé exactamente si fue por una pelea o por la situación en general, pero así pasó.
Y supongo que ahí… es donde realmente empieza lo que sería mi vida.
Hay algo raro de saber tu propia historia sin haberla vivido realmente.
Porque todo esto que cuento no lo recuerdo… me lo contaron. Y aun así, con el tiempo, se vuelve parte de ti.
A veces me quedo pensando en esa etapa, en cómo trataron a mi mamá cuando estaba allá. No entiendo del todo por qué fue así. Tal vez es cuestión de perspectivas, de versiones, de cosas que nunca se dicen completas.
Pero siendo honesto, yo siempre he estado del lado de mi mamá.
Siempre le he creído más a ella.
Y no es solo porque me lo haya contado, sino porque con el tiempo uno empieza a ver, a notar cosas, a entender actitudes. Ya no eres un niño que solo escucha; te vuelves alguien que observa, que compara, que saca sus propias conclusiones.
Por eso se siente extraño.
Extraño pensar que todo eso pasó antes de que yo pudiera entender algo. Extraño saber que mientras yo apenas estaba llegando al mundo, ya había tensiones, incomodidades, silencios.
Y más extraño aún es ver el presente.
Porque ahora, con cómo son las cosas, con cómo me tratan, con lo que he vivido después… muchas dudas se van resolviendo solas. No necesito que me expliquen todo para entender ciertas cosas.
Simplemente se sienten.
Y aunque no viví ese momento, de alguna forma lo cargo conmigo.
Tal vez por eso mi historia no empieza conmigo… sino con todo lo que ya estaba pasando antes de que yo pudiera siquiera abrir los ojos.
Nos vemos en la siguiente parte de la historia !
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debajo del sombrero
Non-FictionNo sé exactamente por qué estoy escribiendo esto. Supongo que todos necesitamos un lugar donde soltar lo que pensamos sin filtros, sin tener que aparentar nada. Este no es un libro perfecto, ni una historia planeada... es simplemente mi vida. Soy un...
