El reino

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El sol abrasador iluminaba un pueblo eufórico por los recientes anuncios:

-¡Realizarán un baile para seleccionar a la futura esposa del primer príncipe!

​Murmullos y gritos de alegría estremecían las calles. Sin embargo, la señorita Eugenia, quien estaba concentrada en su labor de bordado, no parecía contagiada por el entusiasmo.

-No entiendo tanta alegría solo porque el príncipe se case -murmuró.

​-Hija, al baile irán los vizcondes, los hijos del marqués y otras familias importantes. Esto podría traer un futuro vigoroso al reino -replicó su madre.

​-Pero madre, ¿por qué adelantarse a los hechos? Ninguno de nosotros está invitado. ¿Y por qué no toman en cuenta al pueblo? -soltó el bordado y miró a su madre a los ojos-. Somos nosotros quienes mantenemos el reino.

​-Hija... -la madre se acercó para revisar el avance del bordado-. Tienes que pensar en el beneficio del pueblo.

-¡Pero madre!

-¡Shh! Sigue con el bordado. Con suerte, verán nuestros vestidos en la corte y sacaremos provecho.

-¿Pero qué sentido tiene?

-Hija, déjalo ya.

​En ese momento, sonó la campana de la entrada.

-Buenos días.

-Sí, buenos días -respondió la madre, mientras la hija guardaba silencio y rodaba los ojos.

-Señora Andara, ¿cómo va su mañana?

-Señora Corvet, tranquila como de costumbre...

​Observé solo un instante a mi madre y dejé el bordado del vestido. Me levanté e hice un pequeño gesto con la cabeza hacia la visitante.

-Buen día. Madre, con su permiso, saldré a tomar un poco de aire.

​Mi madre asintió mientras continuaba la conversación. Fui a la cocina, tomé una canasta con algunas frutas para preparar un pequeño picnic y salí de casa. Llevaba un vestido blanco con un delicado bordado de flores rojas; la ventaja de tener un negocio de costura era poder lucir nuestras mejores piezas.

​-Buenos días, señorita Andara -asentí ante los numerosos saludos de conocidos y clientes.

-¡Euge! -un grito llegó a mis oídos.

​Ladeé la cabeza y vi una mano agitándose al otro lado del camino. Me detuve y me giré por completo para saludar con una cálida sonrisa.

Mi amiga Amelia esperó a que pasara un carruaje para acercarse.

​-Buenos días, querida -dijo Amelia con una pequeña reverencia-. Me dirijo al lago, me gustaría respirar un poco de aire fresco.

-¡Oh! Yo voy a visitar a mi tía. ¿Te parece si te acompaño parte del camino?

-Por supuesto -sonreí alegremente.

​Caminamos a paso moderado mientras la charla fluía.

-Mi corazón está ansioso por saber quién será la elegida. Seguro será hermosa. ¿Te imaginas cómo será el reino en veinte años?

Exhalé un suspiro mientras la escuchaba.

-¿Tú qué piensas, Euge?

-Sabes cómo soy; mis intereses están en otro lado.

-¿Pero no te emociona ni un ápice la noticia?

​Observé un carruaje lujoso que pasaba en ese momento, adornado con telas inmensamente costosas.

Crónicas De Sangre.Stories to obsess over. Discover now