La atmósfera en el Gran Salón de la Mansión Malfoy era tan pesada que parecía que el aire mismo se negara a fluir. La penumbra solo era interrumpida por las llamas verdosas de la chimenea y el gélido resplandor de la luna que se filtraba por los ventanales. Alrededor de la larga mesa de caoba, los Mortífagos permanecían en un silencio sepulcral, con la cabeza baja, mientras Lord Voldemort, cuya presencia emanaba una malicia gélida, desglosaba sus planes.
-Potter es un símbolo de esperanza, y la esperanza es una enfermedad que debemos erradicar -siseó Voldemort, acariciando la cabeza de Nagini-. El Ministerio caerá no por la fuerza bruta, sino por la infiltración. Cuando el miedo sea la única ley, todos se arrodillarán.
Draco Malfoy, sentado en un extremo de la mesa, sentía que su propia marca tenebrosa le quemaba la piel. A sus dieciséis años, el peso del mundo mágico parecía haber aplastado su juventud. Sus manos temblaban bajo la mesa, ocultas por su túnica negra de seda. Escuchar los planes de asesinato y dominación era una tortura diaria, pero el miedo a su señor era mayor que su remordimiento.
Sin embargo, la tensión se rompió de la forma más absurda y catastrófica posible.
Dos Mortífagos, uno de los reclutas más recientes y arrogantes, y un veterano curtido en la primera guerra, habían estado intercambiando miradas de odio durante toda la velada. El joven, ansioso por demostrar su "valentía", perdió los estribos ante un comentario despectivo del veterano.
-¡Crucio! -rugió el novato, desenfundando su varita con una torpeza imperdonable.
El veterano se agachó con agilidad, y el rayo de luz roja, desviado por un movimiento errático del brazo del joven, voló por encima de la mesa. No golpeó a su objetivo. Golpeó directamente la espalda del Lord Tenebroso, quien en ese momento se inclinaba para susurrarle algo a Nagini.
Un estallido de energía mágica, tan potente que hizo vibrar los cimientos de la mansión, llenó la habitación. Una densa nube de humo negro y plateado envolvió el trono de Voldemort. El silencio que siguió fue absoluto. Ni siquiera se escuchaba la respiración de los presentes.
Cuando el humo comenzó a disiparse, todos esperaban ver a un Voldemort furioso, listo para desollar vivo al imprudente. Pero lo que vieron fue algo que desafiaba toda lógica mágica.
En el lugar donde debía estar el hombre más temido del siglo, se encontraba un niño.
Tendría unos tres años. Tenía el cabello oscuro y lacio, la piel muy pálida y unos ojos oscuros, profundos y gélidos que conservaban una inteligencia aterradora. Vestía una túnica que le quedaba inmensamente grande, arrastrándose por el suelo de piedra. Era Tom Riddle, pero en su infancia.
El pequeño Tom miró a su alrededor. No había rastro de llanto o confusión infantil en su rostro; su expresión era de una seriedad absoluta, analizando a los hombres y mujeres enmascarados que lo rodeaban como si fueran insectos. Su mirada recorrió la mesa, ignorando a Bellatrix, ignorando a Lucius Malfoy, hasta que se detuvo en Draco.
Un destello de reconocimiento cruzó sus ojos.
Para sorpresa de todos, el niño bajó del trono con pasos torpes pero decididos. Caminó directamente hacia Draco. El joven Malfoy estaba petrificado, sintiendo que el corazón le iba a estallar. Cuando el niño llegó a su lado, abrazó con fuerza su pierna.
-Mamá -dijo Tom con una voz clara, aunque pequeña.
El mundo pareció detenerse. Lucius y Narcissa Malfoy palidecieron tanto que parecían fantasmas. Bellatrix Lestrange soltó un jadeo de horror puro. Draco, sin saber qué otra cosa hacer y movido por un instinto de supervivencia que se mezcló con una extraña y repentina compasión, extendió una mano temblorosa.
Acarició con suavidad el cabello oscuro de Tom.
-Mamá está aquí, pequeña serpiente -susurró Draco, su voz apenas un hilo, pero lo suficientemente firme para que todos la oyeran.
La escena era demasiado para uno de los Mortífagos, un hombre llamado Avery, quien se levantó de un salto, furioso por lo que consideraba una blasfemia.
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Mi Pequeña Serpiente (Harco)
FanfictionLa portada fue hecha por mi lectora beta Ludmi, porque a mí no se me ocurría que usar de portada En el momento más oscuro de la segunda guerra mágica, una reunión de Mortífagos en la Mansión Malfoy cambia el destino del mundo no con un grito de vic...
