Prologo: Nuevos rumbos

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El hospital estaba en calma después de una larga jornada cuando Jasling acompañó a Emma hasta la salida. Afuera, el cielo estaba teñido de tonos naranjas y violetas, como si celebrara silenciosamente los nuevos comienzos.

-Aún no puedo creer que realmente te vayas -dijo Jasling con una sonrisa cálida, mientras ajustaba su bata.

Emma rió, cruzando los brazos. -Es una oportunidad única, Jas. Dirigiré el equipo de cardiología en Weston. Siempre soñé con algo así.

Jasling la abrazó con fuerza. -Y lo mereces. Estoy tan feliz por ti, Emma.

-Tú también estás brillando aquí -replicó Emma, mirándola con orgullo-. Tienes un futuro enorme en Saint Claire... y un equipo increíble que te respalda.

Jasling asintió, sintiendo esa verdad. Aunque extrañaría a Emma, no se sentía sola. Con el paso de los años, Clara había terminado sus rotaciones y regresado definitivamente a Saint Claire. Volver a compartir guardias, cafés improvisados y pasillos interminables había sido como retomar una conversación que nunca terminó. Poco a poco, volvió a convertirse en ese apoyo silencioso que siempre había estado ahí. Su vida en el hospital seguía llena de compañeras que la inspiraban, y Clara, en especial, era nuevamente su cómplice en los días difíciles.

-Prométeme que vendrás a visitarme -pidió Emma, rompiendo el silencio.

-Claro que sí. Y tú prométeme que no olvidarás de dónde vienes -respondió Jasling, riendo.

Ambas se abrazaron una última vez antes de que Emma se alejara, cargando su bolsa y sus sueños. Jasling la observó partir, sintiendo orgullo y paz. Había sido testigo de la evolución de su amiga, y en su corazón, no había tristeza, solo gratitud.

Mientras regresaba a los pasillos iluminados del hospital, supo que estaba en el lugar correcto, rodeada de gente que la impulsaba a ser mejor cada día. Clara la esperaba al final del corredor con una taza de café en la mano, sonriendo como siempre.

-¿Lista para otra guardia? -preguntó Clara.

-Lista -respondió Jasling, segura de que, aunque las despedidas dolieran, siempre habría alguien para sostenerla y acompañarla en el camino.

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