║Capítulo 1 ║

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—¿Estás nerviosa?

Su pregunta me tomó por sorpresa, pero no lo suficiente como para mentirle. No a él.

—Un poco... —admití—. Ya sabes, los nervios de llegar a un lugar nuevo. Apuesto a que tú jamás los has sentido.

Observé de reojo a Edvard. Su expresión apenas cambió, pero una leve sonrisa se dibujó en sus labios.

—Me gustaría decir que sí, pero, siendo honesto, nunca he pasado por algo así.

No me sorprendía. Él parecía pertenecer a cualquier lugar sin esfuerzo.

—Entonces... ¿hay algo de lo que deba preocuparme?

—¿A qué te refieres?

Dudé un instante antes de decirlo. Tal vez sonaría tonto, pero no podía ignorarlo.

—He escuchado que los ingleses no tienen muy buena opinión de los estadounidenses.

—No todos —respondió con tranquilidad.

Fruncí ligeramente el ceño.

—¡Oh, Eddie! Tú no cuentas.

—Créeme, no soy el único que piensa así.

—Eso no es muy reconfortante.

Soltó una risa suave, y por alguna razón, eso logró calmar un poco el nudo en mi pecho.

—Tal vez no. Pero tengo un amigo estadounidense... y nadie lo mira con malos ojos.

Alcé una ceja, mirándolo con cierta sospecha y un toque de burla.

—Déjame adivinar... ¿otro chico atractivo destinado a heredar una gran fortuna familiar?

Mi familia siempre había vivido bajo reglas antiguas, de esas que pesan más que cualquier apellido. El legado no se cuestionaba, simplemente se heredaba. El padre de Edvard lo había recibido sin discusión, mientras que mi padre y sus hermanos tuvieron que conformarse con empresas menores, como si fueran premios de consolación.

El futuro ya estaba decidido desde antes de que cualquiera de nosotros naciera: todo seguiría en manos de Edvard. Y si por alguna casualidad el destino hubiera puesto a una mujer en esa línea, entonces el legado cambiaría de manos. Así de simple. Así de injusto.

Aun así, mi padre no se había quedado atrás. Había tomado aquella pequeña empresa y la había convertido en algo grande, algo digno de competir con las mejores. Siempre decía que era cuestión de tiempo, y yo le creía. Porque si alguien podía desafiar las reglas, era él.

Solo una OportunidadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora