Prólogo

16 0 0
                                        

Desde hace siglos el ser humano intenta responder a la misma pregunta: si vivimos siguiendo un orden invisible o si todo es, en realidad, una sucesión de casualidades bien colocadas.

Platón pensaba que existía un mundo perfecto, uno al que pertenecían las ideas antes de que la realidad las distorsionara. Aristóteles defendía que nada ocurría sin una causa, que todo tenía un origen claro, un porqué. Sin embargo, con el tiempo, otras teorías empezaron a señalar algo inquietante: que no todo puede explicarse, y que el azar no es un fallo del sistema, sino parte esencial de él.

La teoría del caos sostiene que pequeñas variaciones pueden alterar por completo el curso de los acontecimientos. Que un gesto mínimo, una decisión aparentemente insignificante o un paso dado sin pensarlo demasiado pueden desencadenar consecuencias imposibles de prever. El llamado efecto mariposa: el orden y el desorden conviviendo en el mismo lugar.

Hay decisiones que no se sienten como decisiones.

No hay dramatismo, ni conciencia de estar cruzando una línea. Simplemente sigues adelante, convencida de que todavía puedes volver atrás.

El problema es que casi nunca sabes cuál fue el primer paso que ya no tenía marcha atrás. No sabes en qué momento una coincidencia dejó de serlo, ni cuándo alguien pasó de ser una persona más a convertirse en un punto fijo en tu vida.

Quizá por eso algunas historias no empiezan cuando dos personas se conocen. Empiezan mucho antes. Empiezan en pensamientos fugaces, en caminos que no se planeaban recorrer, en días que parecían iguales a todos los demás.

A veces intento recordar cuándo empezó todo, como si pudiera señalar un instante exacto y decir: fue ahí. Pero nunca lo consigo. Solo sé que ocurrió sin avisar, sin hacer ruido, y que cuando quise entenderlo ya formaba parte de mí.

Tal vez no se trata de encontrar una explicación, sino de aceptar que algunas cosas simplemente pasan. Que el caos también sabe exactamente a dónde quiere llevarte, aunque tú no lo sepas todavía.

A medio segundo de llegar tardeWhere stories live. Discover now