Hola queridos lectores*inserten a rupertinski en arcoiris, se los ordenó*
Puede que estés aquí por Entre Flores Inmortales y por ello debo agradecerte la confianza de seguir la continuación.
De no ser así y que tú seas nuevo, es importante que te avise que antes de esta historia está la trama de EFI.
Puedes entrar aquí con confianza pero si quieres reconocer a personajes y tener todo contexto posible es mejor que leas EFI primero.
Por lo demás la historia está más que lista para ser leída.
Hace mucho debía hacer esto.
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Y si le preguntaran por su madre.
Diría que es una persona maravillosa.
Algo cobarde.
Algo bondadosa pero gustosa de la comida.
Desordenada y triste.
Ella es su madre.
Una persona que solía arreglar los destrozos del exterior y sonreír a las personas que murmuran con desprecio a su espalda. No porque fuera una tonta sino todo lo contrario. Ella era así de lamentable que de hacer enojar a la persona equivocada podría perder a su familia.
Porque las personas miran a un lado cuando se mata a golpes a un niño pero no cuando se debe dinero al tendero.
Porque ser una madre sola con cuatro hijos es un crimen cuando se es una buena madre.
O eso pensaba que debía ser la razón para que sus vidas fueran tan difíciles cuando su madre se esforzaba tanto en cuidarlos.
-Niño, deja de mirar a la pared. -
Este baja los hombros.
Un chico de tez cálida gira la cabeza mostrando apenas un atisbo del resplandor de sus ojos negros en la oscuridad de esta esquina. Abrazando su maleta con fuerza en este escondite.
-Ya vinieron por ti, a ver a donde te tiran esta vez.- señala con el pulgar a la puerta.
El niño se pone de pie con su bolsa apretada contra su pecho con la fuerza suficiente para perder el color de sus nudillos.
Caminando a la salida entre las puertas y los ojos curiosos o los más experimentado, aburridos.
-Ojalá que te tiren otra vez, por imbécil.- señala una chica desde la puerta de un cuarto lleno del ruido de las máquinas de lavabo.
Sus cejas bajan pasando por un lado de este cuarto.
-Bai Bai, llorón.-
Su salida es coronada con la pálida luz de un sol cubierto por las nubes grises.
Observando el un honda de los 90’s en la acera fuera de este edificio apagado.
La trabajadora social espera entre risas con la administradora de este edificio.
-Sube Morty. - le señala el auto sin distraerse de la conversación.
No se llama Morty al igual que carece de energías para discutir.
-Ya veremos a donde llevarte. -
Con la mirada en el camino sujeta esta bolsa tan fuerte como para marcar su propia piel con el material de la misma.
Estamos por saltar
Música alegre sube desde la polvorienta superficie de una caseta de aluminio, oculta a plena vista por las ramas de un árbol torcido , elevándose del interior el dulce aroma de las semillas fundiéndose en un molino de motor con azúcar derretida en color dorado.
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Entré a tus pesadillas
AcciónLa fábrica llevaba diez años en silencio alza la voz. Los eexperimentos que escaparon lograron crear sus refugios en el exterior. Esa paz es amenazada por las nuevas acciones, una ficción que existe y reclama por su materia prima. Los niños de la h...
