Capítulo 1

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Tras pasar casi toda la noche paseando por el puerto, agarrado de la mano de una mujer, llegaron a la casa de Dazai. Era una vivienda pequeña, con tan solo una habitación y un espacio mínimo que hacía las veces de sala de estar; sin embargo, la vista era espectacular: desde allí se apreciaba el extenso campo de arroz que se perdía en la oscuridad.

—¿Ya llegamos? —preguntó la joven, aferrándose al brazo del castaño como si aquel gesto pudiera protegerla del frío insistente de la noche.

—Aún no, falta poco —respondió él, desviando la vista. Los mareos provocados por el sake que había bebido seguían afectando su cuerpo.

Ella volvió a mirarlo, frunciendo el ceño. Si bien ambos habían tomado demasiado aquella noche, la dinámica se había tornado incómoda desde que tocaron ese tema.

Sí. Ese tema que Dazai evitaba a toda costa: el matrimonio.

—Estás raro.

—No lo estoy, Yomi. Simplemente hoy bebimos demasiado.

—Como ayer y anteayer. Y yo te vi bien toda la tarde —replicó, aferrándose a su brazo con más fuerza.

—Sí, pero hoy... nos excedimos.

Yomi soltó un suspiro, agotada por el largo tramo que llevaban caminando sin detenerse. El silencio que siguió cayó pesado entre ambos.

[...]

Cuando por fin llegaron a la casa, el cielo ya estaba cubierto de tonos azules y negros, y todo quedaba a oscuras salvo por las estrellas que lo adornaban.

—Llegamos —dijo Dazai, soltándose del agarre de su novia y avanzando hacia la entrada sin esperarla.

Yomi no se quedó atrás, alcanzándolo a trompicones.

—Esta casa es muy pequeña como para que vivamos los dos, ¿eh? —comentó, dándole un codazo, un gesto habitual entre ellos.

Dazai soltó un largo suspiro mientras buscaba la llave entre sus ropas, rogando no haberla perdido otra vez como aquel año en que tuvo que sumergirse en el campo de arroz y terminó empapando casi toda su diminuta sala.

—Tampoco es como si fuéramos a vivir aquí.

—¿Ah, no? ¿Y entonces dónde? —preguntó, cruzándose de brazos.

—No lo sé, no lo he pensado aún.

—¡Siempre dices lo mismo, Dazai! ¡Siempre!

—Tómatelo con calma, Yomi. Recién llevamos cinco años saliendo... —contestó a medias, mientras abría la puerta.

—¡Por eso mismo! Incluso mi familia ya me preguntó cuándo será la boda.

—¿Boda? Puff, Yomi... —bufó, colocándose frente a ella. Le sacaba al menos diez centímetros, pero aquello nunca había sido un inconveniente—. Lo nuestro es casual: salimos, bebemos, vamos al mar y ya. Sabes lo que opino acerca del matrimonio.

Dijo esto último mientras posaba una mano en su mejilla. El contacto le provocó a ella un escalofrío involuntario.

—¿Es eso o... tienes a alguien más? —reprochó, clavando su mirada en él.

—No hay nadie más, Yomi. Simplemente no quiero una boda. No quiero casarme.

—¿Entramos, sí? —pidió ella.

La puerta se abrió poco a poco, revelando la estancia vacía: el irori en el centro y, al fondo, un oshiire con los futones guardados.

Yomi apartó la mano del castaño con un movimiento brusco, medido, frío.

No quería las condolencias de Dazai. No quería nada que no fuera una propuesta de matrimonio.

—No.

—¿Sabes lo que pensarían de mí si nunca me caso? ¿Si mi nombre... es el culpable de todo? ¿Si la reputación de mi familia depende de mí?

—Tú no entiendes nada de eso, Dazai —su respiración se volvió frenética.

—Yomi... yo... —intentó tranquilizarla, colocando ambas manos sobre sus hombros.

—Cállate. Porque si de verdad me quisieras... no estaríamos en esta situación —sentenció.

Por primera vez, Dazai no supo qué responder. Porque ella tenía razón.

La amaba. Sí, demasiado. Era el huracán que necesitaba en su vida para sacarlo de su rutina monótona.

No obstante, a veces pensaba en su libertad; en cómo, si quería, podía marcharse cualquier día sin dar explicaciones. Solo él y su maleta.

Eso era lo que más pesaba en su corazón.

—Aprecias tu libertad y yo lo entiendo —dijo Yomi, con la voz rota y los ojos comenzando a cristalizarse.

Dazai se quedó inmóvil, observando cómo ella se alejaba sin decir una palabra más. Sus pasos resonaban sobre el camino empedrado; su kimono se mecía con suavidad, y su cabello azabache, antes recogido, se soltaba poco a poco hasta quedar completamente libre.

Al final del sendero, ella se giró. Sus ojos castaños oscuros lo juzgaban sin piedad.

—Te vas a arrepentir de esto, Dazai —murmuró, como una sentencia.

Él no la escuchó. O no le importó.

Entró a su casa y cerró la puerta, frustrado.

Dentro, todo lucía solitario. La brisa se colaba apenas por la puerta shōji, mal cerrada por el apuro al salir. La botella de sake, abandonada en el centro de la estancia, le recordó la noche anterior, cuando a duras penas habían conversado antes de caer dormidos sin siquiera extender los futones.

Soltó una risa breve.

—Mañana voy a arreglarlo todo —se prometió, aunque sabía que al amanecer probablemente lo olvidaría.

Sin nada más que hacer, tomó la botella, la destapó y caminó hacia el engawa, dispuesto a terminar el licor. Desde allí contempló el campo de arroz, la luna en su fase más llena y las estrellas que la rodeaban.

Bebió el primer trago, sintiendo el ardor recorrerle la garganta. No se detuvo.

No hasta vaciar la botella, perder casi por completo la noción de dónde estaba y murmurar, apenas audible, el nombre de su novia.

—No es tan fácil para mí... Yomi.

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Hola!!! Como están?
Hace tiempo que no subía nada por aquí, pero va a valer la pena (o eso espero xd) 😭
Por hoy hay capítulo doble; sin embargo, los capítulos se publicarán pasando 4 días. 🤎
Espero les guste!
Tenemos historia para rato eh 😈

Lo que la magia me arrebató Stories to obsess over. Discover now