Prólogo

104 40 56
                                        


                     🧑‍💻🐱🙀

•Frank Rogger presidente de Rogger y Asociados, atractivo, inteligente pero de un muy mal carácter, nunca lo vas a ver sonriendo.
Frank odiaba tres cosas.

Impuntualidad

Desorden

Y los gatos....sobre todo los gatos.

No los quería cerca, y mandó a botar a los que se encontraban cerca del edificio e incluso pateaba a uno antes de entrar.

En los pasillos de Rogger y Asociados se escuchan muchos comentarios sobre el presidente, él imponía miedo y no era necesario que hable para saber que algo no estaba bien bastaba solo una mirada amenazante y las cosas se volvían hacer.

Mary-Ann es la única que puede aguantar ese carácter y no por qué quisiera hacerlo, claro está, sino que alguien debe hacerlo, y al parecer era la única inmune a su mal humor.

Los lugares por dónde pasaba era silencio total, sus pasos hacían temblar, su voz emitía miedo, nadie sabe cuándo empezó el verdadero odio por el jefe, será la vez que despidió a alguien por llegar dos minutos tarde o cuando obligó a repetir el trabajo a un equipo solo porque no era motivador para él.

Una tarde llegó un paquete extraño, envuelto en un papel antiguo, no tenía remitente, pero debía de ser entregado al mismo presidente.

Mary-Ann su secretaria vió la puerta abierta, y al no escuchar respuesta entró asomando medio cuerpo.
Y dejó aquel paquete misterioso y algunos papeles sobre el escritorio.

—¿Que haces aquí?—Frank refunfuñando.

—Mi trabajo señor—dijo Mary-Ann dejando el paquete en su lugar y algunos documentos.

—Ya largo, largo—Frank en tono despectivo.

—Si señor, si me necesita estaré afuera—
Frank azotó la puerta al salir su secretaria.

Él creía que todo lo hacía solo pero todo lo realizaba Mary-Ann, desde que se levantaba, mandaba sus trabajos editados otra vez, le traía su café, le pedía su almuerzo cuando no quería salir a comer.

Ella tenía muchos motivos para salir corriendo, pero podría aguantar un poco más si ese hombre podría voltear y no precisamente para gritarle.

—¿Que rayos es esto?—Frank abriendo aquel paquete con desdén.

Sin saber lo que sucedería maldecía el tiempo que le hacía perder abrir el misterioso paquete.
Fue grande su sorpresa cuando cayó un diminuto collar de color azul con un dige antiguo que brillaba.

—¿Que tonterías son estas?

Quien lo porte sin comprender su valor, estará condenado a vivir solo en su ternura

En ese momento una luz amarilla iluminó toda la oficina y empezó a temblar.
El hombre gritaba pero nadie le hacía caso ya que siempre lo hacía por cualquier cosa.

El traje cayó al suelo, los zapatos y las medias igual.

—¿Que pasó, que hora es?—
Agarrando su cabeza un poco mareado, viendo su reloj se queda petrificado, en lugar de su brazo había una pequeña patita color blanca el cual tenía su reloj que era muy caro por cierto.

—Ahhhhhhhhh, quiero decir miauuuuuu, ¿este soy yo, está es mi voz?—

Frank odiaba su nuevo cuerpo pero no podía hacer mucho, nadie le dió importancia pues se quedaba hasta tarde revisando documentos y haciendo papeleos que Mary-Ann tendría que volver a editar.

—Que estupidez es esta, no tengo tiempo para jugar—Frank quiso buscar ese papel y con sus patitas revolcaba todo pero no podía agarrar nada, renegaba y maldecía.

—¿Donde está, porquería, quien me envió esto?—todo lo que se escuchaba era unos maullidos que más parecían que estaba gritando como siempre.

Cuando al fin pudo coger el papel en vez de descifrar o intentar leer, empezó a jugar con sus pequeñas patas y a morder ya que quería sacar la piedra de aquel collar.

—Que estoy haciendo, yo no soy un gato—diciendo esto volvió a jugar con el collar.

La oficina se había quedado abierta ya que el señor Rogger nunca salió, algo que se le hizo extraño a Mary-Ann quien tocó la puerta y al no recibir orden entró.

Mary-Ann llegó temprano como siempre, pero había algo extraño, la taza de café estaba ahí pero fría, los papeles desordenados, la computadora prendida.

—¿Que carajos pasó aquí, señor Rogger?—

No había nadie solo un pequeño gato que de la pereza se había quedado dormido sobre la mesa.

Un empleado entró y vió al gato pero le tienen miedo al jefe y junto con Mary-Ann decidieron espantarlo , el pobre gato no podía defenderse en vez de un grito se escuchaban maullidos, se corría pero ya no podía hacerlo muy bien, saltaba pero lo hacía muy mal, que se cayó en su propio trasero.

—No puedo con esto, soy yo inútiles—Frank se escapaba su nueva forma le daba ventaja pero no era un gato no sabía cómo hacerlo.

—Llamaré al refugio señorita.—El empleado salió corriendo.

—No, al refugio no, este no soy yo—Maullaba más fuerte el gato.

—Es tan lindo, si mi jefe te viera aquí te botan de una patada—

—Mirame, soy yo—Frank se aferró al brazo de Mary-Ann.
La pata del gato tenía un reloj.

—Espere un momento, esto no puede ser, ¿jefe?—Mary-Ann examinando al gato y este la imitaba causando su rabia.

El gato asentó con la cabeza y en la patita tenía el reloj que nunca podría comprar Mary-Ann.

—Esto parece de película—

El gato frunció el seño. Y le empujó con su cabeza la nota.
La secretaria sin darse cuenta jugaba con un lápiz y el jefe se trepó en ella para jugar con el objeto.

Quien lo porte sin comprender su valor, estará condenado a vivir solo en su ternura—Mary-Ann volteó por ambos lados el papel.

—Soy yo, maldita sea—
El gato maullaba pero según él gritaba.

—Si me sigue regañando no lo ayudaré—

El gato se quedó quieto, creía que lo podía entender pero solo comprendía su estado de ánimo.

—Esto es imposible, de todos los animales, ¡por qué un gato!—maldecía el gato.

—Ya le dije si me sigue regañando no lo ayudaré—

El jefe con sus patitas se sobaba toda la cabeza con frustración.

No podía dar ordenes como estaba, ni trabajar de esa forma.

Quien diría que el jefe más odiado, se convertiría en el más dulce y adorable de todos.

•En Las Patas De Mi Jefe.

Muchas gracias por llegar hasta aquí.

Nunca dejen de escribir ✍️

En Las Patas De Mi Jefe Stories to obsess over. Discover now