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Me miré al espejo del baño por última vez y suspiré. Vivir en Sokcho era demasiado tranquilo, casi aburrido, aunque mi pequeño restaurante siempre me mantenía ocupada. El día anterior a salir hacia Damyang me lo pasé entre fogones, atendiendo a los clientes de siempre y organizando los pedidos de suministros para cuando regresara. Ser dueña de mi propio negocio era gratificante, pero agotador, y por eso Ji-soo y yo necesitábamos un cambio de aires urgente. Planeamos este viaje hasta el sur durante meses para ver algo diferente. El problema es que justo hoy ella se había despertado con una fiebre que no la dejaba ni levantarse de la cama del hotel.

Tn: De verdad, Ji-soo, me quedo contigo si quieres. No me importa perder el día, podemos ir mañana juntas.

Ji-soo: Ni se te ocurra. Hicimos un viaje larguísimo desde Sokcho solo para esto. Has estado hablando de ese bosque de bambú desde que cerramos el restaurante para las vacaciones. Ve tú, saca fotos y luego me cuentas. Yo solo necesito dormir un poco y estaré bien para la cena.

Así que ahí estaba yo, subiéndome sola a un transporte para llegar al famoso bosque. Cuando llegué, el lugar era impresionante. El verde de las cañas de bambú era tan intenso que parecía irreal, y el sonido del viento moviendo las hojas me daba una paz que necesitaba después de tanto trabajo en el apartamento. Caminaba por el sendero disfrutando de la humedad, sintiendo cómo el olor a tierra mojada se volvía cada vez más fuerte. Estaba tan distraída con la belleza del lugar que no me di cuenta de lo rápido que se oscureció el cielo.

De un momento a otro, el cielo se cerró de golpe y la lluvia se volvió un muro gris que apenas me dejaba ver mis propios pies. No había techos cerca, ni tiendas, nada. Corrí un poco por el sendero hasta que vi una pequeña abertura entre las rocas, una cueva apenas lo suficientemente grande para cubrirme. Me metí ahí para no empaparme, tiritando un poco por el cambio de temperatura. Me senté en el suelo frío, abrazando mis rodillas y esperando que la tormenta pasara rápido para volver al hotel con mi amiga.

Esperé lo que parecieron minutos, pero el aire dentro de la cueva empezó a cambiar de una forma extraña. Se puso pesado, denso, con un olor a madera quemada y algo muy antiguo que no sabía explicar. Cerré los ojos un momento porque me dio un mareo repentino, y cuando el ruido del aguacero paró y salí, el camino de cemento ya no estaba. En su lugar, el barro se tragaba mis zapatillas y el paisaje se veía diferente, mucho más salvaje.

Pensé que me había desviado del camino principal y que estaba en alguna zona de preservación histórica. El bosque de bambú seguía ahí, pero al fondo, donde antes había una tienda de recuerdos y máquinas de refrescos, ahora se alzaba una hilera de casas de paja y madera. Todo parecía demasiado real para ser un decorado. Hombres con sombreros extraños de ala ancha y mujeres con vestidos inflados me miraban como si fuera un bicho raro. Mis jeans ajustados y mi sudadera con capucha llamaban demasiado la atención.

Caminé con el corazón en la boca hasta que llegué a lo que parecía un puerto rústico. Vi a unas mujeres lavando ropa en unas tinajas cerca de la orilla y me acercé desesperada.

Tn: Por favor, ¿me pueden decir dónde estoy? Necesito un teléfono o ayuda, me perdí.

Ni siquiera me miraron a los ojos. Se taparon la boca con sus mangas y se alejaron rápido, dándome la espalda mientras murmuraban cosas sobre mi decencia. Me ignoraron como si fuera una peste. Sin saber qué más hacer, entré en una taberna buscando a alguien con un poco de sentido común. El olor a alcohol barato y humo me dio de golpe. En cuanto puse un pie adentro, el lugar se quedó en un silencio sepulcral.

Tn: Disculpen, ¿alguien sabe cómo volver a Seúl? ¿Hay alguna estación cerca?

Un tipo con la cara roja por la bebida se levantó y me bloqueó el paso.

SwimWhere stories live. Discover now